El valle largo, John Steinbeck

Steinbeck

***

El valle largo es un conjunto de relatos en el que John Steinbeck  muestra una vez más su penetrante mirada sobre una región que conoció muy bien, el valle de Salinas en California. Entre el desierto y el océano, con la mirada puesta en las cordilleras dentadas sobre las que se desgajan las nubes, el ambiente rural es el escenario en el que los personajes de Steinbeck se nos revelan a medida que se revelan ante sí mismos y ante lo que los rodea. Y aunque las descripciones del paisaje merecen una mención aparte, por su belleza y su plasticidad, lo que en todo momento queda claro es que son esos habitantes, hombres, mujeres, ancianos, niños y hasta animales del valle de Salinas, los que Steinbeck quiere rescatar, como si nos dijera: “así era esta tierra y así éramos los que vivíamos en ella”.

En ese afán, Steinbeck compone algunos relatos tan notables como Los crisantemos, La fuga, Asesinato o los cuatro que componen el subconjunto de El pony colorado. Lo que puede discutírsele al volumen es que hay cuentos que han envejecido mal. En La codorniz blanca, la relación entre un hombre y su bella esposa obsesionada hasta la locura con su jardín alcanza ribetes demasiado alegóricos. Algo así ocurre en La serpiente, relato que parece haber sido agregado a la fuerza en el esquema total del libro, en que una mujer aparece en el laboratorio de un naturalista y le paga cinco dólares para ver cómo una víbora de cascabel se come una rata. En El linchamiento y Los agitadores, las ideas políticas de Steinbeck toman la acción por asalto y están a punto de convertir ambas piezas en poco menos que un panfleto que, visto a la luz de los años, parece producto de una mirada extrañamente superficial y simplista. El espíritu del relato El arnés remite, en cierta medida, al del Wakefield de Hawthorne, y cuenta la historia de un viejo granjero que, una vez muerta su mujer, decide liberarse del absurdo dominio al que se vio sometido durante toda su vida, dominio que había cuajado en la forma de una faja que ocultaba su prominente estómago y de un arnés que le obligaba a mantener la espalda siempre recta. Y quizá es con Johnny, el Oso, que uno acaba de comprender la verdad, y es que Steinbeck es un autor de largo aliento, capaz de una genialidad maratónica como Las uvas de la ira, pero igualmente capaz de tomar una idea sencillamente brillante, como la que aparece en el cuento aquí mencionado, y echarla a perder (alivia un poco saber que también los grandes hacen frangollos, a veces).

No obstante, El valle largo depara sus buenos momentos de placer. Así, en La fuga se prefiguran los temas y modos de Cormac McCarthy, pero sin esa intencionada desolación que McCarthy tanto ha perfeccionado. Steinbeck puede contar una historia desgarradora en la que un niño se ve repentinamente enfrentado a un desafío digno de un hombre, y aunque el relato sea limpio, duro y desgarrador, uno puede encontrar en él las marcas implícitas de una mirada piadosa. No estoy diciendo por eso que McCarthy sea peor que Steinbeck en este caso puntual, apenas marco una diferencia que quizá sea justamente una diferencia de época, la distinción que hace el tiempo, todo lo que ha ocurrido entre el nacimiento de uno y otro.

Emilio dijo:
-¿Ha sido hoy cuando Pepe ha empezado a ser hombre?
Mamá contestó llena de sabiduría.
-Los niños se vuelven hombres cuando hace falta un hombre. No lo olvides nunca. También he conocido niños de cuarenta años, porque no hacía falta hombres.

El punto más alto del libro son los relatos de El pony colorado: El regalo, Las grandes montañas, El guía de la partida y La promesa. Quizá porque se articulan como relatos independientes que establecen una relación entre sucesos, de modo que pueden ser leídos como capítulos de una novela breve, y aquí es donde la pluma del autor se siente más a gusto. Carl Tiflin y su esposa tienen un pequeño rancho en el valle, que llevan adelante con la única ayuda de Billy Buck, su peón. Jody es un niño aficionado a apedrear pájaros, matar ratas y coleccionar iguanas. Es un niño querido con distancia y severidad. Un día recibe de regalo un pony colorado al que bautiza Gavilán. Nadie sabe tanto de caballos como Billy Buck, a quien su madre amamantaba con leche de yegua, algo de lo que él se jactaría si fuese jactancioso. Pero hasta él puede equivocarse. Es un error de Billy Buck el que provoca la muerte lenta y angustiosa de Gavilán. Jody queda desolado. El relato es tan rico en matices, tan certero en la comprensión de su anécdota. Es un relato tiernamente estremecedor, esa es la verdad. Y también es la preparación para que en La promesa entendamos el peso que cae sobre los hombros de Billy Buck cuando el padre de Jody le promete que será el dueño del potrillo que nazca de la yegua Nellie. Jody sueña con su potro, sueña que se llamará Demonio negro y que en él atravesará las montañas y verá qué hay al otro lado. Pero antes de eso pasarán largos meses de gestación y de cuidados, de cepillar el pelo de Nellie y de alimentarla con ración caliente y zanahorias. Jody aprende de Billy Buck todo lo que debe aprenderse, hasta que una noche llega por fin el momento del alumbramiento. Pero algo va mal, terriblemente mal, y entonces se produce esta escena:

-Vete fuera, Jody –dijo.
Pero el muchacho permaneció inmóvil mirándole estúpidamente.
-Vete fuera, te digo, o va a ser demasiado tarde.
Jody no se movió.
Entonces Billy se dirigió rápidamente a la cabeza de Nellie.
-Vuelve la cara, condenado, vuelve la cara, te digo.
Esta vez Jody obedeció. Oyó a Billy lanzar una sorda exclamación en el pesebre, y después el crujido de un hueso hendido. Nellie lanzó un alarido agudo. Jody se volvió, alcanzando a ver el martillo que se alzaba para caer nuevamente sobre la frente plana. Entonces, Nellie cayó pesadamente de costado, estremeciéndose por un instante.
Billy se lanzó hacia el vientre hinchado de la bestia, cuchillo en mano. Levantando la piel hundió el cuchillo, rasgando y cortando el vientre resistente. El aire se llenó del olor de tibias entrañas vivas. Los demás caballos se encabritaron contra sus cadenas, lanzando relinchos y pataleando.
Billy dejó el cuchillo a un lado, hundió ambos brazos en aquel hoyo tan terriblemente rasgado, y extrajo un bulto blanco, chorreante. Abrió con los dientes la envoltura, y una pequeña cabeza negra, con unas orejas pequeñas, lustrosas y húmedas, apareció por la rasgadura. Se escuchó una especie de gorgoteo, luego otro. Billy desprendió la bolsa, y con su cuchillo cortó el cordón. Por un instante contempló al pequeño potrillo negro que tenía en sus brazos; en seguida se dirigió lentamente hacia Jody y lo depositó a los pies del muchacho.

Calificación: bueno.
Título original: The long valley
Editorial: Libros Plaza (1962, España)
Traducción: Francisco Baldiz

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3 comentarios en “El valle largo, John Steinbeck

  1. Este libro es uno de mis primeros acercamientos a Steinbeck. Lo recuerdo bastante más que bueno, pero quien sabe. Lectores son lectores y la mirada crítica de cada uno pertenece a cada uno. Y encima, cambia con el tiempo. Por las dudas, mejor me quedo con el recuerdo.

    Salute

  2. Rodolfo: el problema con los libros de cuentos es ¿cómo calificarlos? Es tramposa toda la construcción de una idea global, o al menos a mí se me dificulta. Si me quedo con los cuentos que destaco, este libro se lleva un excelente sin mácula. Pero también están las otras cosas que menciono acá y que, me parece, van en desmedro del pulso de los mejores momentos. De última, el “bueno” es un dato anecdótico. Steinbeck fue, es y será (estoy seguro), uno de mis autores favoritos de todos los tiempos.

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