Los hechos, Philip Roth

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Roth

No soy un lector de biografías, ni de autobiografías. Pero a mi negación le han salido al cruce, sin que los eligiera conscientemente, dos de los últimos libros que he leído los cuales, si bien no pertenecen puramente al género, tienen cimientos importantes en las vidas de los autores. Esto sucede, y después se tuerce ficcionalmente, en “La conjura contra América” del propio Roth, de quien ya había tenido la precaución de adquirir una pila de libros, de la cual extraje este, ya que el anterior me había azuzado. El autor dice que va a contar los hechos, que son los de su vida, aparentemente a raíz de una depresión de la que sale. Es decir, va a incurrir en la autobiografía, ese deporte extremo.

Y va contando. Su infancia de niño judío en Newark, el carácter de su padre y de su madre, el hermano de pasada, la cuestión judía. Su vida universitaria, que empieza a lanzarlo hacia la literatura. Y las mujeres, en las que se detiene largamente, especialmente en una, con quien estuvo conflictivamente casado, que absorbe su atención más que cualquier otra cosa. El relato tiende a lo explicativo y tiende puentes entre los personajes que selecciona y los que ha construido en la ficción. Muestra una mente llena de pliegues y deseos culturales y afectivos, capaz de elaborar párrafos que parecen agregar datos sobre determinado hecho y, en enunciados complejos, dejar al lector pensando en lo complicado que alguien se lo puede poner a sí mismo. Es como una rosa que muestra los pétalos al revés.

El epílogo está constituido por la respuesta de Nathan Zuckerberg, su álter ego en la ficción, a quien le había dirigido una carta a modo de prólogo. A través de este personaje, todos y cada uno de los puntos tocados antes son cuestionados, mirados desde abajo, adentro, los costados o desde una voz subterránea o desde el perfume que da la flor. Llega incluso al extremo de lo recursivo y metaliterario cuando la mujer de Zuckerberg opina, de manera distinta a las dos voces anteriores. Se pone en tela de juicio lo escrito y lo omitido, así como el tratamiento dado a lo dicho, lo que da como resultado que, después de tanto argumento cruzado, no se sepa quién es Roth, para mi regocijo. Solo deja una idea y media clara. Media, que es que todo se puede convertir en literatura. La perplejidad existencial y los aprendizajes vitales parecen subordinados a producir ficción. Una, que al tipo le encanta una pelea por sobre todas las cosas. Y tocó, por lo tanto, mi fibra empática.

En lo tocante a la caracterización, tú, Roth, eres, entre todos tus personajes protagonistas, el menos completamente dibujado. Tu talento no consiste en personalizar tu experiencia, sino en personificarla, encarnarla en la representación de una persona que no eres tú. No eres biógrafo, eres personificador. Tienes la experiencia opuesta a la de casi todos tus contemporáneos norteamericanos. Tu familiaridad con los hechos, tu noción de los hechos, está mucho menos desarrollada que tu comprensión, la intuición con que sopesas y equilibras la ficción. Construyes un mundo ficcional mucho más emocionante que el mundo del que procede. Mi impresión es que has escrito metamorfosis de ti mismo tantas veces, que ya no tienes ni idea de qué eres o has sido alguna vez. Ahora, no eres más que un texto andante.

(la voz es la de Nathan Zuckerberg)

Nota: muy bueno

Título original: The Facts: A Novelist’s Autobiography

Traducción de Ramón Buenaventura

Edición: Debolsillo (Sudamericana), Buenos Aires, 2009

ISBN: 978-987-566-511-8

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