El chino, Henning Mankell

Mankell
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Un asesinato múltiple sucede en un pueblo mínimo y perdido del norte de Suecia. Una jueza, que vive en otra ciudad, se da cuenta de que los muertos, que estaban todos emparentados, tenían lazos familiares con ella misma, ya que una de las parejas asesinadas había adoptado a su extinta madre. Va hasta allí, encuentra unos diarios y queda envuelta en el relato aunque escasamente en la investigación policial, a cargo de una mujer policía local.
En los diarios, encuentra el relato de un sueco, pariente de las víctimas, que había sido capataz en la instalación de las vías del tren en Nevada, Estados Unidos. Ahí se establece la relación con los chinos, que eran obligados a realizar un trabajo esclavo. Luego, se cuenta la desgraciada historia de un chino paupérrimo que, muertos sus padres, se va con sus hermanos a Cantón y de allí es llevado a Nevada, donde tiene que sufrir al sueco. Después se va y, a través de Europa, vuelve a China, no sin que le sucedan otras tragedias vinculadas siempre a los occidentales, tras las cuales logra sobrevivir, prosperar y escribir un diario. Se agrega el relato-retrato de Ya Ru, un millonario empresario chino vinculado al poder del partido comunista, que es descendiente de San y leyó el diario. La jueza, que tiene una amiga sinóloga y en su juventud adhería a unos grupos maoístas, va a China para, lógicamente, meter el dedo en el ventilador de avispas.
Se adivinan en el sucinto párrafo anterior las simetrías poéticas que estructuran el relato. Cabe agregarle al resumen algunos apuntes. Uno: el personaje de la jueza se parece demasiado al de la protagonista de “El cerebro de Kennedy”, una mujer que parte a lo desconocido dando palos de ciego y expuesta a fuerzas desconocidas y arrolladoras. Dos: los respectivos retratos políticos de los personajes se hacen excesivos. Tres: como consecuencia, del punto anterior, me da la impresión de que el libro, si bien tiene la tenacidad fondista de Mankell, es débil, bastante estereotipado y con más ganas de manifestar una idea que de contar una historia, rasgo que me parece atisbar en la conexión africana, cuando dice que los chinos tienen planeado meter cuatro millones de sus hambrientos agricultores en Zimbabue.

Aquella misma tarde atravesaron un denos enjambre de mariposas. Eran transparentes y amarillentas y su aleteo recordaba al crujido del papel. San se detuvo admirado en medio de la nube de mariposas. Era como si hubiese accedido a una casa cuyas paredes estuviesen construidas de alas. Se dijo que le gustaría quedarse allí. “Me gustaría que esta casa tuviese una puerta, claro. Me quedaría aquí escuchando el aleteo de las mariposas hasta que llegase el día en que cayese muerto a tierra.”

Este fragmento pertenece a la historia del campesino que va migrando, la parte que más me gustó.

Calificación: regular
Título original: Kinesen
Traducción: Carmen Montes
Editado por Tusquets, 2008
ISBN: 978-987-1544-07-3

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9 comentarios en “El chino, Henning Mankell

  1. Me muestro en un (respetuoso) total desacuerdo. A mi entender “El Chino” es una muestra de la cintura de Mankell, que puede perfectamente alejarse de su propio canon de “policial clásico” (no el clásico de Hammett o Chandler, sino el clásico creado por él mismo) y demostrar que puede narrar en otros registros. Sin dudas, es escasamente policial, lo que puede desconcertar a un habitué del sueco, pero sólo si entendemos como policial algo que yo creo que ya no es: algo remitido a un crimen puntual y que olvida todo lo relacionado a lo social alrededor del crimen.

    1. Rodolfo: lo de “respetuoso” está sobreentendido…
      Concuerdo totalmente en que puede narrar en otros registros. Incluso, creo que hasta lo conversamos una vez, me gusta más su relato “vital” que el “policial”. Por ejemplo, la vida de Wallander y todo su sistema planetario que, a mi entender, es la verdadera y larga novela. “Zapatos italianos” no tiene ni un ápice de policial y me encantó. “La ira del fuego”, de la serie africana, fue uno de los libros que más me gustaron en el año, y nada de policial. “Profundidades”, otro “no policial”. Incluso, en “El chino”, la parte que más me gusta es la no policial, por ejemplo la historia de San (de donde extraje la cita) o ciertos pasajes de la vida de la jueza.
      Lo que me pasó es que lo sentí forzado, le vi mucho las costuras. Y le apliqué el mazo como uno solo se lo hace a alguien con quien tiene una relación muy estrecha.

  2. Un apunte tnagencial… Con respecto a lo que están discutiendo, más allá de “El chino”, que no leí, hace unos días estuve leyendo críticas de libros policiales y me di cuenta de que en muchas la valoración final del libro dependía de una “noción anterior” sobre el género. Es decir, como el libro de pronto no encajaba y “se salía por los costados”, y como a partir de eso no cumplía con disposiciones del género (que eran también predisposiciones del lector), el resultado final iba en detrimento de la obra.

    1. No es el caso.
      Mankell suele desbordar largamente el género, y lo hace hacia el acto de narrar. En este libro, lo que a mí me pasó es que tenía “nociones anteriores” sobre Mankell. Y, si quisiera decir en pocas palabras cuál fue la sensación, diría que son una mezcla de “percepción de intencionalidad” y desmesura.
      No suelo buscar el molde genérico. No me interesa.

      1. Pero no, Nacho… No me estaba refiriendo para nada a tu reseña. Quizás surgió de lo que Rodolfo y vos discutían. Pero yo estaba hablando de un hecho que se da ya a un nivel mayor, creo.
        Un abrazo.

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