Nadie nada nunca, Juan José Saer

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Saer
La anécdota es mínima. Cerca del pueblo Rincón, en Santa Fe, alguien anda matando y mutilando caballos. El Ladeado (un personaje habitual de Saer, tengo entendido) le lleva un bayo amarillo al Gato Garay, quien vive en un lugar apartado, con la esperanza de salvarlo de la serie de crímenes. Y listo. No hay mucho más. Los días avanzan y vemos la historia de estos días repetirse a lo largo de la narración, en tercera persona primero, en primera, protagonizada por el Gato, en tercera otra vez, siguiendo ahora al Ladeado, una vez más en tercera, pero desde la perspectiva del bañero que cuida la playa cercana a la casa del Gato y así.
Debo admitir que soy de aquellos lectores que prefieren el contenido a la forma. Y en esta novela, Saer claramente apuesta a lo contrario. No es que no pase nada (pasan bastantes cosas, de hecho, contemplamos la relación del Gato con Elisa, se nos muestra algo de la investigación de los asesinatos de caballos, hasta incluso leemos en un momento otra novela dentro de esta) pero todo aquello que pasa está narrado desde la desidia, la reiteración, la repetición, como hundido en la monotonía y el tedio, el sopor veraniego de ese río color caramelo que mira el Gato día a día por su ventana.
La repetición es una elección curiosa. Se nos narra una y otra vez lo mismo, inclusive manteniendo las mismas palabras exactas, al punto de terminar agotando completamente al más paciente (quien transita por el libro como cruzando un pantano con lodo hasta el pecho, ni siquiera muy convencido de que lo que lo espera al otro lado valga la pena el esfuerzo). Para que se hagan una idea, en determinado momento se nos describe no menos de 8 veces en escasas 4 páginas el tiempo que demora el ulular de una alondra o se nos describe otras tantas como la cola del bayo se mueve hacia la izquierda o hacia la derecha, ahuyentando moscas ficticias. ¿A cuento de qué hace Saer esto? Esa pregunta me acompañó a lo largo de toda la lectura, sobre todo a medida de que el tedio (aparentemente buscado) me iba ganando. ¿Pretende hastiar al lector? ¿Busca agotarlo? ¿Cual es la intención detrás de esta elección? Se puede contestar que no es necesario que exista una intención en el escritor a la hora de escribir, lo que puede dar lugar a una linda discusión al respecto. Por lo pronto, yo me quedo con la intriga de porqué agotar de tal manera todas posibilidades, llevando al fastidio a quien transita por sus páginas. Páginas increíblemente bien escritas, además, porque la prosa de Saer es notable. No son pocos los momentos en los que logra abstraer por completo al lector y lo pierde en un mar de sensaciones completamente presentado. Un escritor visual, uno queda con las imágenes que describe grabadas en la retina. Por un momento, la forma amenaza a ser más importante que el contenido. Y la forma timoneada por Saer es un barco imponente que surca ese pantano que decíamos antes. Pero al menos en mi caso, terminó por encontrar un banco de arena entre el lodo.

 

El que va adelante lleva, entre las manos, la pelota de goma multicolor: el que lo viene persiguiendo penetra en el agua y sus pies levantan, al chocar contra ella, un tumulto blanquecino. La distancia que lo separa del que lleva la pelota es, en todo momento, idéntica. El que va adelante ha abandonado la táctica de los virajes, de las gambetas, de los falsos cambios de dirección y corre, como el otro, adelante, a dos o tres metros de distancia, por el agua, horizontal a la playa. El que va detrás no avanza, por decir así, ni in milímetro: durante la persecución, inmutable, la misma extensión los separa, la misma porción de aire vacío, más allá de la cual, porque se han alejado un poco del espacio destinado a los bañistas, está el río liso, dorado o caramelo, sin una sola arruga, y detrás, baja polvorienta, en pleno sol, su barranca cayendo suave, medio comida, la isla.

Calificación: Regular

Editorial: Seix Barral, 1994

ISBN: 789507-311130

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19 comentarios en “Nadie nada nunca, Juan José Saer

  1. Recomiendo mucho para empezar el libro de cuentos “Unidad de lugar”.
    De todos modos, con Saer me sucede esto: es un narrador con un tipo de concepción de la narrativa que no es de las que más me interesa. Pero, sinceramente, me ocurre muchas veces que empiezo a leer alguno de sus cuentos y no me puedo detener. Creo que su calidad como escritor se sobrepone a cualquier gusto que uno pueda tener, tal como me sucedió, por ejemplo, con “Unidad de lugar”.
    Un abrazo.

  2. Leí uno de Saer hace tiempo, que me dejó con una sensación similar, aunque no tan aguda. No me acuerdo del título pero sí de una tendencia a lo anodino, a dar vueltas sobre un asunto.

  3. Me pareció una muy buena reseña que deja bastante claros cuáles son los reparos del lector particular hacia esta novela (cuando uno reseña un libro, también se reseña a sí mismo como lector de ese libro, y más vale hacerlo honestamente. De eso, acá hay bastante). Por otro lado, estuve leyendo algunas entrevistas a Saer, y opiniones de su obra, por ejemplo, este fragmento de la crítica argentina Beatriz Sarlo: “La originalidad de un escritor se prueba, entre otros rasgos, por la elección de los episodios que cuenta y los que pasa por alto. En este punto, Saer fue siempre original porque eligió extenderse en la narración de acciones que, habitualmente, la ficción calla o simplemente menciona. Se puede escribir: “ella cosió el botón”. Saer lo cuenta a lo largo de cuatro páginas”. Pues… qué decir… que así, sin más, esto que Sarlo cuenta con entusiasmo no me parece un valor positivo en sí mismo. Necesitaría que alguien me explicase el sentido de esto, es decir, el sentido de la excesiva morosidad, de la voluntaria dilación de los hechos. No soy un amante del vértigo por el vértigo, pero me gusta entender la forma en que el estilo configura una forma que responde a una intención de fondo. Esta intención podrá no ser consciente ni tendrá por qué estar presente todo el tiempo en la cabeza del escritor durante la redacción de la obra, pero ¿cómo escribir sin una intención, sin un motivo? Quedarse fuera de eso, es decir, que la intención sea inaccesible, puede tener otra explicación: que el autor haya buscado eso. Como si nos mirase por detrás de las páginas y dijese: “Lector, la verdad que quiero contarte es incomunicable, así que te cuento esto”. Gran aprendizaje, pero uno puede elegir no inscribirse en ese curso. Y no digo esto por capricho, tampoco, lo digo a raíz de esta respuesta de Saer, en una entrevista:

    —¿No le teme al hermetismo?
    —No. Yo no lo hago por capricho, para dejar al lector fuera sino porque así percibo el mundo. Mi hermano murió hace tres años y le juro que hay cosas que nunca supe de él. Quiero transmitir eso. Por eso, mis relatos tienen siempre un final abierto. Yo lo llamo “la política de la decepción”.

    Insisto en que los lectores tienen todo el derecho a sentir (eso mismo, sentir), que un libro con esas intenciones (¡por más que las cumpla a rajatatabla y con todo éxito!), es un libro regular. No creo que Saer se molestase por eso, bah, quizá sí, quién sabe…

  4. Estoy leyendo la casi totalidad de la obra del ensayista inglés Cyril Connoly, y hay algo, en uno de sus ensayos (“Enemigos de la promesa”) que viene al caso. Connolly examina el cambio de las modalidades de la prosa anglosajona de fines del XIX hasta los períodos de entre guerras. Y distingue dos impulsos narrativos: el “mandarín” y el “vernáculo”. Ni uno es bueno ni el otro malo, y viceversa. Hay buenas obras y malas en cada impulso de esa prosa. Entre lo mejor de lo “mandarín”, para Connolly, está “Las olas”, de Virginia Woolf, entre lo mejor de lo vernáculo, alguna de esas grandes novelas de Ernest Hemingway. En estas semanas, cuando me toqué hablar por acá del libro de Connolly, desarrollo un poco más la cuestión. Pero primero dejo prendida la mecha.
    A lo que iba es que leyendo esto me planteo que sin duda Saer es un mandarín, pero un mandarín de los pesados, con sus excesos y sus picos altos. Un mandarín nacido en esta parte del mundo bajo la sombra de todos los otros mandarines que sin duda él veneró (Woolf, para el caso… Joyce, supongo…), un mandarín tardío, etcétera, pero sin duda por encima de otros narradores de su generación.

    1. Aún así, la principal duda que me acompañó toda la lectura permanece: por qué? para qué Saer narra de esa manera? Cúal es su intención?

  5. Muy interesante lo de Leo Cabrera. Sí, J.J. Saer trata de agotar el nucleo narrativo de manera constante, menos por la desesperación de pretender abarcarlo todo que por dejar de relieve la imposibilidad de asir “la realidad” Como buen kantiano, entendía que la realidad en sí misma, en su totalidad, era incognoscible: de ahí la imposibilidad de aprehenderla mediante la saturación de esa porción o parcela de lo real. A esto, agreguemos que al igual que J.L. Borges, entendía que la realidad no poseía muchas cosas estables para describirla, pero sí tenía la convicción de que era completamente extraverbal. Pero bien, la novela no pasa solamente por ese rasgo estilístico que le es tan particular. La Novela es un relato detectivesco: tiene crímenes seriales, un asesino (a la inversa de ” Los crímenes de la Rue Morgue” donde las víctimas son humanas y el asesino es un animal, aquí son los equinos las víctimas y humano el victimario), un vehículo de los crímenes y un pericioso observador que oficia casi como investigador. La repetición y fragmentaciones temporales de las que hablamos anteriormente no son casuales: exigen que ordenemos los hechos cronológicamente y que hagamos una cuidadosa y selectiva recolección de indicios que daján a la vista esos elementos que le son tan característicos a los relatos policiales de enigma. Habrá que armarse de paciencia para visualizar con claridad esos elementos. Y como todo relato característico, ofrece una pista falsa: el asunto sobre el Caballo Leiva. Quien haya sentenciado que el enigma concluye ahí mismo habrá silenciado a la obra cuando aún había cosas por decir…La forma (sobre la cual se han centrado las críticas precedentes) sólo está en función de la magnificencia del contenido. Ya nos había advertido Eco sobre los “agujeros” en las obras y la imposibilidad de llenarlos. León Tolstoy nos recordaba que si al principio del relato el escritor señala que hay un clavo en la pared , al final del relato el héroe debería colgarse de ese clavo. Considerar ambas ideas será de suma utilidad al momento de analizar la obra de Saer…

  6. Decir que este libro de Saer es mediocre, es afirmar que el que hace el comentario y además, no tiene ni pajonera idea de narrativa. El uso, postura y perfecta elección de cada linea, lo hace una obra inmensa para cualquiera que quiera entrar en la narrativa de alto vuelo. Para contar historias vacías y, además, mal escritas, te compras el último de Harry Potter y asunto arreglado. La literatura de calidad no sólo es para entretener, si no también para aprender estilos y formas de escribir. Ahora, quisiera ver yo quién es el listo que es capaz de escribir tres líneas con la perfección que él lo hace, y transmitiendo, dibujando una realidad que en definitiva, es la cotidiana, hecha de cosas cotidianas.

    1. Pues así será, no tendré pajonera idea de narrativa. No recuerdo en todo caso haberlo tildado de “mediocre”. Acaso sí de que no me llegara su propuesta, lo que sin dudas puede deberse mucho más a mí que a Saer. Pero bueno, estimado Daniel, algunos vemos este blog como espacio para conversar, debatir ideas y diferentes puntos de vista. Otros como un concurso de quien mea más lejos. Allá cada quién. Además de todo, pues sí, disfruté bastante con todos los Harry Potter.

  7. no adhiero a los calificativos de Daniel, pero concuerdo con él en que pretender leer hoy a Saer desde la dualidad contenido-forma es tan anacrónico como infructífero: preguntar por “la intención de Saer” es como preguntar por qué Proust escribe tan largo.
    Me parece muy saludable la propuesta de tu blog, abrazos desde Rincón, el epicentro de la zona saeriana.

  8. Podrán tildarme de cavernilcola , yo leo por placer y si llegué a esta página es porque quería saber es si me estaba perdiendo de algo ya que lo estoy leyendo y se me está tornando insoportable . También leí La Pesquisa y no me gustó para nada. Nadie, nada, nunca era la segunda oportunidad que le daba. Así que me parece que adios Saer no sos para mí. Muchas Gracias por las reseña.

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