Parir., Andrés Ressia Colino

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Ressia

Son las historias de varios personajes, la mayoría de ellos adolescentes y jóvenes, aunque también la de la madre de tres hermanos. Viven entre el Sur y el Palermo, en Montevideo, y la narración tiene dos salidas al interior, desde un ojo capitalino, una de ellas a un lugar ignoto de la noche y otra hacia el opuesto por excelencia, firmemente instalado en el imaginario, el Polonio. Los adolescentes y jóvenes se meten drogas pero, si quisiéramos darle a los hechos narrados una interpretación, podríamos decir que inhalan a pulmón lleno y de ojos ciegos la cultura que les impone una ética de mojones químicos. Es algo así como una manifestación tangible de la pobreza, manejada con un tono de retrato donde se adivina más un ánimo cariñoso que de denuncia. Asiste a la cita el personaje simbólicamente antagonista, hijo de un político, curiosamente nominado con el nombre de uno real, proveniente del interior y vestido con un estereotipo a cuadritos y vaqueros claros, que oscila entre el rol de víctima y el de victimario. El punto de vista hegemónico en el relato es el de los hermanos Gonzalo y Alejandro, sobre cuyas vestimentas no se repara. Ellos  son los testigos y también los actores.

El disparador de la trama es la droga. Consumir, conseguir, vender. La acompaña de cerca el alcohol. Son los factores que motivan y hunden a los personajes en una narración que salta de un personaje al otro, impulsándose también en los sucesivos y diversos coitos y sus consecuencias o posibles consecuencias, de donde viene el título. Este sexo está muy cercano a la realidad y ajeno a toda idealización o exageración. El discurso es ágil, liviano, mucho más favorable a la acción que a la reflexión. Los diálogos están bien elaborados, son muy verosímiles gracias a la fiel grabación de la variedad lingüística de los personajes, de todos ellos, exceptuándose solamente un verbo mal conjugado en boca de una española. La trama, vuelvo a ella porque ella vuelve, tiene unas suaves vueltas de tuerca que la cierran con corrección al final del relato.

El libro se lee con liviandad placentera en general. No obstante, me queda el tufillo de cierto lugar común a la hora de elegir lo narrable dentro del realismo propuesto, uno que habla de la pobreza. Y, como una gotera en el silencio de la noche, abundaron a lo largo del texto algunos problemas de puntuación, faltaron algunos tildes con sistematicidad y está ese verbo que ya dije. Este último detalle, por lo repetido, le pone una caries a la impresión general sobre el libro.

Gonzalo no contesta, absorto en su tarea de distribuir una pila de merca que no está para nada acostumbrado a manejar.
-Oye, Gonzalo –insiste ella.
Y él, mirándola sorprendido:
-¿Qué pasó?
-¿Es que tú no sabéis bailar samba?
-Y; un poco sí. Pero te puedo enseñar candombe. Eso seguro.
-¿Canlombe? ¿Qué hostias es eso?
-Candombe, m’hija –modula exagerando Gonzalo-. Es afro. Está bárbaro –dice, y retorna a su tarea.
-Habéis visto. Este morocho no está mal para uma escala en Uruguay –pronuncia de manera particular la perforada, y le guiña un ojo a la amiga.

Calificación: Regular (con tintes de bueno).
Editorial: Estuario, Montevideo, 2009.
ISBN: 978-9974-8164-9-7

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8 comentarios en “Parir., Andrés Ressia Colino

  1. Después de tu comentario me quedé preguntándome si no es un episodio narrativo más de esa larga pasión montevideana en las costas de Rocha, y que incluye drogas, soledad, alcohol, sexo, más soledad, alguna situación más o menos reblandecida de humor (agrio), contemplación onanista del mundo y sol (obvio). Quiero decir: elementos que por lo general dan una narrativa endeble, abúlica, si se los trabaja de forma protocolar, por no querer cuestionarlos o hacerlos caer. En el caso de una película como “La perrera”, que entra en ela serie de esa “pasión montevideana” creo que el asunto está muy bien resuelto y el resultado final se sostiene. Debe de ser el ejemplo más logrado, quizás porque pone más énfasis en el discurso o en el modo de decirlo, que en los hechos narradores, que son triviales y hasta banales. Y eso es un logro respetable.
    Abrazo y feliz Navidad.

    1. Yo también me hice esa pregunta. Los personajes, acá, sufren caídas a causa de esos consumos, que los llevan a la soledad, al Polonio, al sexo, que también los voltea… Concuerdo con lo de “La Perrera” donde el mismo cóctel impacta al receptor, probablemente gracias al concienzudo uso del lenguaje cinematográfico. ¿Hay un concienzudo uso del lenguaje literario? Capaz que no tanto.
      Feliz año.

  2. ¿Saben que para mi la droga no es el hilo conductor sino el pretexto?
    El hilo conductor (para mí) es la clase media urbana en decadencia a esta altura irreversible. Me imaginaba a la madre de los tres hermanos trabajando en el Disco de Maldonado y Río Negro… me sonó una onda tan 25 Watts… la parte del Polonio es lo más olvidable de la novela… capaz que lo más interesante es la peripecia del chico “tradicional” contrapuesta con la de los otros pibes… Y la omnipresencia del sexo, fíjense las dos madres, las mellizas, la hermana de los pibes… el “cheto” que se descontrola cuando la española que se levantó le cuenta que anduvo con un muchacho de Palermo…
    Qué se yo. Es mi opinión personal, con un año de delay.

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