Nobis, Juan Ramírez Biedermann

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Ramírez Biedermann

Se trata de un libro de cuentos editado por el FONDEC (Fondo Nacional de la Cultura y las Artes del Paraguay, una especie de equivalente a los fondos concursables del MEC – Uruguay) en el año 2007. El personaje principal no es otro que el barrio Las Mercedes, donde el autor pasó su infancia. Consta de trece cuentos estructurados a veces por una línea de continuidad temática que tiene que ver, sobre todo, con la presencia de ciertos lugares dentro del barrio, de ciertas calles, de ciertas avenidas que circundan la acción y le ofrecen un límite geográfico específico. Lo bueno, es decir, una de las cosas buenas de este libro, es que ese marco es sólo geográfico, ya que los tiempos de las historias se desdibujan hacia pasados más o menos lejanos, pero siempre, de alguna manera, incluso de alguna sórdida manera, entrañables.

El uso de narradores en tercera persona alterna con un ocasional narrador en primera persona que ofrece una ilusión de cercanía sobre su materia de trabajo, una sensación de intimidad con los personajes y sus peripecias. Es notable cómo ese narrador en primera persona, que al lector se le antoja como el mismo autor ficcionalizado al estilo cervantino, incluso al estilo de Bécquer en las leyendas, es notable, decía, cómo no patina nunca, cómo es siempre solvente en su relación con los personajes, es decir, finalmente, cómo nunca nos suena a mentira, aún siendo la más pura de las ficciones. Este catador admira esa virtud de la solvencia a la hora de contar una historia, sobre todo porque no es una solvencia hija de la parquedad sino más bien que de la prolija y meticulosa elección de las palabras adecuadas para tal o cual tipo de historia. Por esto último, el lenguaje es altamente poético en el sentido de su riqueza, lo que da al conjunto un tenue tinte barroco, un barroco mesurado y racional podría decirse, que se ve que es el tinte mismo del barrio al que los cuentos hacen referencia.

Destaquemos sólo dos de estos trece relatos: “Los inquilinos”, que alude a la estadía de cuarenta días de Josef Mengele en el barrio Las Mercedes, y “Los destellos”, un cuento de corte fantástico que funciona como leyenda urbana en un ambiente de tormentosa ensoñación. Sólo dos ejemplos de una serie de relatos hermosos, variados, ricos en adjetivación e ideales para una segunda lectura, tal vez para una lectura en voz alta con amigos.

“Don Morel: la cara rechoncha y sudada; cada vez más gordo, cada vez más pesado en su andar; una camisilla blanca apretándole la enorme panza; el pantaloncito marrón dejando escapar las piernas flacas y venosas. Don Eligio Morel: sandalias de cuero, uñas largas y callos; sobre el hombro la toallita celeste; en el pecho un crucifijo de plata que carga desde su primera comunión, hará sesenta años.

“Como es costumbre en el barrio Las Mercedes, el hombre se instala todas las tardecitas en la vereda de su casa. Invariablemente, poco antes de las seis, se le ve sentado en una silla de cables azules, tomando tereré en guampa de palosanto, escuchando radio, participando modestamente del final de la jornada. A su derecha, el agua helada en una jarra amarilla de plástico con asa rota; del otro lado, la última espiral de la tarde humea desde una botella verde y vacía; en su regazo chilla la radio a pilas sin antena que le compró a Don Amancio el zapatero, el año en que Cerro salió campeón después de una década.”

De “Los pasares”.

 

“Luminosas estrías cortan los nubarrones cada vez más gruesos, cada vez más bajos, y son esos chispazos los que iluminan ambos rostros. Él tiene la cara pálida y como pegada a sus huesos, los labios entreabiertos, los rulos de bronce brillando con una gracia angelical y estúpida. Ella, en cambio, parece reanimada, encendida por una energía que no tiene origen, pero que excita sus pensamientos, exalta esos ojos pequeños, felinos y verdes, la palidez nacarada y pétrea de sus facciones, las pecas de canela sobre la nariz de leche, todo su semblante. Con aquel relámpago, Sebastián comprueba que ni siquiera la degradación de estar allí ha podido acercarle un centímetro a ella. Con aquel destello, entiende que su derrota no sólo es rotunda, sino también definitiva. Se pone de pie sin perder de vista a Soledad, reclamándole con la mirada su orgullo y su siniestra porfía.”

De “Los relámpagos”.

 

Calificación: Muy bueno.
Edición: FONDEC, Asunción,  2007
ISBN: 978-99953-35-05-2

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