El criminal, Jim Thompson

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thompson
Thompson

Si trazáramos un mapa histórico con los principales escritores policiales norteamericanos, no cabe duda que las décadas 50 y 60 le corresponderían a Jim Thompson por derecho propio. Reconocido más de una década luego de haber muerto, Thompson se malganó la vida interpretando decenas de oficios manuales, fue guionista de Hollywood, sin que esto significara ninguna panacea (y eso que entre sus trabajos está el de adaptar la novela homónima de Lionel White para Stanley Kubrick en “The Killing”) y escribió todas las novelas que quisieron los editores comprarle por casi 3 décadas. Entre esa vasta obra, se destacan no menos de 5 obras imprescindibles (sin ningún orden establecido: El asesino dentro de mí, 1280 almas, La sangre de los King, La huída y Noche salvaje) dentro de la novela negra e incluso dentro de la novela contemporánea norteamericana.

Dentro de la picadora de carne que fue su vida, las novelas de Thompson pueden separarse entre las inspiradas y las que escribía por el cheque. Lamentablemente, la que aquí nos ocupa parece pertenecer al segundo grupo. Se nos cuenta la historia de un joven de 15 años acusado de un crimen y para narrarla, se recurre al esquema de distintas voces en primera persona. Así, desfilan por la novela los padres del acusado, el acusado mismo, el fiscal que lo acusa, el abogado que lo defiende (I. Kossmeyer, el único personaje que reaparece en las obras de Thompson, en un total de 3 novelas), la prensa, etc., entre los distintos actores que pueden, o no, prender vela en este entierro. Pero no parece que Thompson haya decidido previamente cual es el destino final del material que está creando. Por eso, media novela está cimentada en la intriga más tradicional (¿cometió el crimen o no el muchacho?) mientras que la segunda mitad se desentiende de ese asunto y especula sobre las distintas responsabilidades que tiene una sociedad cuando se cometen estos crímenes y cómo aquellos actores que mencionábamos antes son en ocasiones piezas más desequilibrantes de lo que deberían.

Y media novela, una novela breve además, no le alcanza a Thompson para desarrollar aquello que plantea. Nos quedamos a media luz sin lograr alcanzar aquello que el autor propone, ya que este no consigue profundizar en sus planteos de manera contundente. Apenas si esboza lo que parece interesarle (y se desentiende por completo de la intriga propuesta en su primera mitad) y de repente, listo, la novela se acaba, dejando al lector con aquello que las traducciones españolas que suelen corresponder a estas novelas tildan de palmo de narices.

Thompson es un escritor imprescindible, para todo aquel que guste de la novela negra y para todo aquel que guste de la mejor literatura. El criminal, en cambio, es perfectamente saltable.

-Bueno, uh, pues verá. – Le tembló la mirada-. Estaba hecho un lío. Le quería contar la verdad, pero estaba hecho un lío. Él dijo que tal vez fuera de esta forma o de otra; cómo podía saber yo que no lo era, podía haberlo sido. Y dije que tal vez lo era, supongo que lo era. Estaba hecho un lío y él no. Y le conté la verdad como él decía.
-Ya- dije -. Le contaste que mataste a Josie, y que esa era la verdad, y tú me contaste que no la mataste y qué esa era la verdad.
-Uh-uh. Eso…
Le di una bofetada en la boca.

Calificación: Regular.
Título original: The criminal (1953)
Traducción: Mar Guereñu Carnevalli y Mª Luisa Peñabaz
Editorial: Ediciones Jucar, Madrid, 1989
ISBN:84-334-3703-8

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19 comentarios en “El criminal, Jim Thompson

  1. Buena reseña, Rodolfo. No conozco al autor y, por lo que recalcás de su importancia en la narrativa contemporánea norteamericana, debería sentirme avergonzado, jeje.
    Pero lo que decís de “El criminal” me hace acordar a un cuento del japonés Akutagawa llamado “En el bosque”, donde ocurre un asesinato y cuatro voces distintas narran lo ocurrido; o bien a novelas polifónicas como “Mientras agonizo” o “El ruido y la furia” de Faulkner. Tal vez esté desvariando…

    ¡Un abrazo!

  2. Una muy buena reseña para cerrar el año, con la valiosa cualidad de ser didáctica y divertida (me interesó mucho la vida de Thompson). Creo que si llego a Thompson, tomaré tu recomendación de hacerlo por esas cinco novelas imprescindibles. Interesante aporte, además, en cuanto a revolver en el rico baúl del policial de mediados de siglo pasado, ahora que el género se ha puesto de moda a influjo de los escandinavos. Back to the roots, ¿no?

    1. Los escandinavos (aquellos que he leido: Mankell, Nesbo) me encantan. Pero no se puede negar que ellos llegaron donde llegaron por estos otros. Y lamentablemente se desconoce mucho la obra de autores como Thompson, Chester Himes, David Goodis, por encasillarlos rápido en el “policial” o por considerarlos de segundo orden.
      Además, me temo que aquellos fanáticos de los escandinavos prefieren quedarse con los escandinavos antes que explorar las raíces del árbol.

  3. Reconozco que no conocía este autor y ahora necesito leerlo, así que bienvenida tu reseña. Me has despertado el apetito. Pero no viajemos tan lejos, teniendo a un grande cerca: Carlos Federici con su “Orilla Roja”, me gustaría una reseña tuya, si fuera posible.

    1. Bienvenido don Gezzio! De Carlos leí sólamente “Mi trabajo es el crimen” y hace mucho tiempo. Pero podemos iniciar las reseñas a pedido, así que me pongo en campaña de conseguir “Orilla Roja” (que la recuerdo editada por La Republica en aquellos libritos para leer en verano, no?)

      1. Es probable que hayas visto a Don Gezzio en muchas historietas Nacho, es uno de los dibujantes con más trayectoria del Uruguay, con el que tuve el placer de trabajar en la revista “Quimera”.

  4. Buena reseña, fito. El periplo de los personajes y de la trama me recuerdan bastante aquel cuento polifónico, fantástico y policial de Akutagawa, “En el bosque”.
    Un abrazo

  5. A ver amigo, la imagen que introduces en este comentario y que atribuyes a Jim Thompson, escritor de novela negra americano, no es en absoluto suya. Corresponde a Jim Thompson, (James Harrison Wilson Thompson) diseñador estadounidense, nacido en Greenville, Dellaware, en 1906 y que entre otras cosas revitalizó la seda tahilandesa. Para escribir hay que informarse.

    1. Corregido. No sé si darte gracias por marcar el error o guardarte como spam por el tono de mierda que usas.
      Vamos a darte el beneficio de la duda: gracias.

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