Sobre la historia natural de la destrucción, W.G. Sebald

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Sebald

Hace un tiempo comenté en este blog mis impresiones sobre el libro de cuentos “El avión sobre la casa” (1955), de Martin Walser, y desde entonces tuve también el temor de haber sido un poco injusto. Pero tampoco hallaba un punto de razonamiento que me llevara a morderme la lengua. Algo en la forma en que los cuentos se asentaban sobre el Tercer Reich y la consecuente derrota en la Segunda Guerra Mundial, o más bien el sesgo con el que se exponían los argumentos en arreglo a esa encrucijada histórica, algo en la recurrencia a la elusión, al extrañamiento y a lo vanguardístico no terminaban de convencerme. Pero de la misma manera en que los libros nos colocan en un brete, también nos auxilian. Esto ocurrió al leer “Sobre la historia natural de la destrucción”, de W.G. Sebald, una reelaboración de conferencias que el escritor alemán dictó a fines de los años ’90 sobre lo que para él era uno de los temas tabúes de la sociedad germana a partir de la guerra: las particularidades y las implicancias de los bombardeos aéreos que efectuaron los aliados. Una cosa, por lo pronto, es evidente al leer las primeras páginas de este libro: los tan famosos y destructivos bombardeos nazis terminan flaqueando ante la ferocidad de la réplica, especialmente inglesa. Uno puede ver entre líneas a Winston Churchill mostrándole el pulgar en alto a Sir Arthur Harris, el ideólogo de la RAF que impulsó el plan de las acciones de bombardeo. Aun así, las conferencias de Sebald no son ni por asomo una reivindicación del orgullo alemán. Y aunque puedan pasar por el repudio a la descomunal barbarie de los ingleses y los norteamericanos, las palabras van más allá. Por una parte, explicando que los sostenidos ataques, que mataron más de 600.000 civiles en 131 ciudades que fueron llevadas a las ruinas, se debieron, más que a una estrategia, a una política de producción bélica que Inglaterra no podía soportar sino ofreciendo una salida monstruosa, como la que se acaba de detallar. Por otra parte, y ya encaminándonos al registro literario, analizando por qué en la conciencia de los alemanes de esa época, e incluso en la de los de hoy, las consecuencias de los bombardeos han quedado tanto minimizadas como poco y mal relatadas. En síntesis: Sebald detecta en la respuesta moral ante los bombardeos una reticencia del discurso que no está muy alejada de lo formó parte del orgullo nazi. En la narrativa alemana de posguerra (también en la germanística y en la historiografía) Sebald encuentra una forma de decir que acaba por avenirse de manera impúdica con los agresores, sea por temor a la censura de la ocupación aliada o por no lograr atravesar la barrera moral. Estamos, de hecho, en el campo de la ética del escritor… Un buen ejemplo: Al ocuparse de “Memorias de la vida de un fauno” (1953), de Arno Schmidt, y de cómo en uno de sus pasajes en el que se detallan las consecuencias de un bombardeo apelando a una parafernalia lingüístico-vanguardista, Sebald comenta: “No veo nada de lo que se describe, sino sólo a un autor, diligente y obstinado a la vez en su trabajo de marquetería lingüística”, o “Lo que oculta su lenguaje artificioso nos mira fijamente desde el lenguaje de los administradores del horror, que se dedican a lo suyo, imperturbables y sin muchos escrúpulos, quizás porque, como sospecha Jäcki, al margen de la catástrofe pueden ponerse alguna medalla.” Con todo, este libro es, más allá de una denuncia, un interrogante acerca de cómo debe ser escrita esa historial natural de la destrucción, buscando una narración que se halla en los huecos de lo que los otros narraron.

En pleno verano de 1943, durante un largo período de calor, la Royal Air Force, apoyada por la Octava Flota Aérea de los Estados Unidos, realizó una serie de ataques aéreos contra Hamburgo. El objetivo de esa empresa, llamada “Operation Gomorrah”, era la aniquilación y reducción a cenizas más completa posible de la ciudad. En el raid de la noche del 28 de julio, que comenzó a la una de la madrugada, se descargaron diez toneladas de bombas explosivas e incendiaras sobre la zona residencial densamente poblada situada al este del Elba, que abarcaba los barrios de Hammerbrook, Hamm Norte y Sur, y Billwerder Ausschlag, así como partes de St. Georg, Eilbek, Barmbek y Wandsbek. (…) En pocos minutos, enormes fuegos ardían por todas partes en el área del ataque, de unos veinte kilómetros cuadrados, y se unieron tan rápidamente que, ya un cuarto de hora después de la caída de las primeras bombas, todo el espacio aéreo, hasta donde alcanzaba la vista, era un solo mar de llamas. Y al cabo de otros cinco minutos, a la una y veinte, se levantó una tormenta de fuego de una intensidad como nadie hubiera creído posible hasta entonces. El fuego, que ahora se alzaba dos mil metros hacia el cielo, atrajo con tanta violencia el oxígeno que las corrientes de aire alcanzaron una fuerza de huracán y retumbaron como poderosos órganos en los que se hubieran accionado todos los registros a la vez. Ese fuego duró tres horas. En su punto culminante, la tormenta se llevó frontones y tejados, hizo girar vigas y vallas publicitarias por el aire, arrancó árboles de cuajo y arrastró a personas convertidas en antorchas vivientes. Tras las fachadas que se derrumbaban, las llamas se levantaban a la altura de las casas, recorrían las calles como una inundación, a una velocidad de 150 kilómetros por hora, y daban vueltas como apisonadoras de fuego, con extraños ritmos, en los lugares abiertos. (…) Cuando despuntó el día, la luz de verano no pudo atravesar la oscuridad plomiza que reinaba sobre la ciudad.

Calificación: Muy bueno.

Título original: Luftkrieg und Literatur (1999)
Editorial: Anagrama (colección quinteto), Barcelona, 2010.
Traducción: Miguel Sáenz
ISBN: 978-84-9711-120-1

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