La mosca en el ataúd, Erskine Caldwell

***
Caldwell

Esta recopilación de cuentos de Erskine Caldwell incluye alrededor de veinte piezas en gran parte pertenecientes a libros de los años ’30, como “We are the living” (1933) y “Kneel to the rising sun” (1935). Y aunque debe de ser una muestra representativa, por momentos la selección parece algo despareja. El primer cuento, por ejemplo, que da título al volumen, es uno de los pocos casos en que apreciamos el humor grotesco del autor. Dose, su protagonista (un protagonista con un pie en la tumba) ha fallecido persiguiendo una mosca. Ha saltado sobre ella con la convicción de atraparla y al final encuentra la muerte en la sierra circular de su propia serrería. Los detalles del funeral, y la misma persistencia de la mosca, son notables. El cuento se transforma en una venganza rabiosamente hilarante surgida de lo mejor de Caldwell. Algo similar ocurre con otros de los pocos ejemplos humorísticos del libro, como “El asno instruso” y “Día de cobro en el río Savannah”. Este último una muy buena historia sobre dos campesinos blancos que se dirigen a la ciudad más próxima para gastarse su paga. Como quien no quiere la cosa, llevan consigo en su vehículo a un negro descomponiéndose en esa tarde de verano. Peleas, discusiones, golpes de puño (o con llaves de tuercas), empujones, cortes, sangre, más sangre, moscas, bebida, billar, mucho olor a podrido, algún que otro problema con la ley y al final la amistad, o la concepción de la amistad más brutal que se pueda conocer. El resto del libro, sin embargo, se mueve más dentro del campo de la preocupación por la injusticia racial y social. La mayoría de las veces trasuntada toda la cuestión por un imprescindible y disfrutable costumbrismo que hacen del libro una especie de perfecto catálogo de los tópicos y los conflictos de la literatura del sur de Estados Unidos. De entre todos esos cuentos, hay que destacar algunos excepcionales, como “Arrodillado ante el sol naciente”, “El fin de Christy Tucker”, “El pueblo contra Abe Lathan, negro”, “Mestiza” o “Recogiendo algodón”. Algunos otros, como “Hija” y “Candy-man Beechum”, quizás se excedan en la prédica.

Sólo habían transcurrido un día y una noche desde que Dose intentara dar caza a una mosca a través de la sierra circular de la serrería. Esa sierra circular había cortado en dos a Dose, y él había muerto furioso como un loco porque la mosca había logrado escapar sana y viva. Pero eso no habría tenido importancia alguna para Dose si hubiese podido resucitar por un minuto, o digamos dos para ser más generosos. Si hubiera podido hacer eso, le habría dado un golpe tan violento a esa molesta mosca que no habría quedado de ella ni una mota.
-¡Tú, Woodrow, tú! -dijo tía Marty -. Ve a ver si algunas moscas molestan a Dose.
-Jamás podrás verme matando moscas sobre un hombre muerto -replicó Woodrow.
-No las mates entonces -repuso tía Marty -. Espántalas.
En la parte trasera de la casa estaban tratando de construir para Dose un ataúd provisional. Hacían un montón de intentos y muy poco, muy poco trabajo. Aquellos perezosos individuos no se hallaban en lo más mínimo predisupuestos al trabajo. El empresario de pompas fúnebres no vendría a traer un ataúd porque deseaba sesenta dólares, veinticinco al contado. Nadie tenía sesenta dólares, veinticinco al contado.”

del cuento “La mosca en el ataúd”

Calificación: Bueno.

Título original: The fly in the coffin (no es una recopilación original de cuentos en su idioma)
Editorial: Luis de Caralt editor, Barcelona, 1968.
Traducción: José María Cañas
Sin ISBN

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10 comentarios en “La mosca en el ataúd, Erskine Caldwell

  1. dos consideraciones
    1-entre el 4 de noviembre 2010 y 4 enero 2011 reseñaste 7 libros,lo que indica una impresionante capacidad lectora,tá….leer,comprender,interpretar y algún verbo más.
    2-como haces para acceder a libros caritos como el de Aira de Mondadori,Auster de Anagrama o Sebald de la misma editorial? Si tienes algún amigo librero pasa el dato………si tienes alguna amiga adinerada concurrente al Club de Golf vale el silencio
    Abrazo

    1. damián

      disculpa
      dejé sin considerar los suculentos sueldos que pagan en secundaria
      gran jaja
      abrazo y no olvides que está pendiente un mate en alguna tarde en algún lugar de punta del este algún día
      pd futbolera:supe jugar contra el kennedy (no el Toole)defendiendo los gloriosos colores del huracán de san carlos

  2. Fuaaa… Mirá vos… Creo que el mejor partido que jugué en el Kennedy fue contra Huracán de San Carlos, en la cancha de Hipódromo El Peñasco, en 1999. Fue en la reserva. ¿Habrás jugado ese día por casualidad? Esa tarde hice lo que no hacía en casi ningún partido, jajaj… Casi hice un gol de la mitad de la cancha, luego me sacaron otra pelota en la línea, y, para rematarla, casi hago otro gol después de entrar en el área tras dribblear como a cinco jugadores. ¡Lástima que siempre fue un “casi”! 😦 jajjaja En fin… Un abrazo.

    1. la vida,generalmente,es un “casi”(ícono de resignación)
      ojalá,hubiese jugado en 1999,tendría 45 años en cancha;no hubiese estado mal,incluso para reserva.
      Jugué en la década de los 80,cuando se terminaba el primer tiempo y uno deseaba fumar un tabaquito abajo de algún eucaliptus tomando algunos tragos de algún vinito lija.Hijos de médicos y obreros de la construcción todos juntitos sudando una camiseta descolorida.Mavillosas épocas

      1. ¡¡Qué genial!! Es cierto… Yo llegué a ver algunos partidos de Kennedy cuando la cancha estaba aquí en el barrio, a fines de los ’80, precisamente. Pero son todos recuerdos muy vagos. Un abrazo.

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