París, Mario Levrero

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Levrero

“París”, de 1970, es la última de las novelas de la Trilogía Involuntaria. La diferencia entre ella y las dos precedentes es mayor a la de las otras entre sí. Aquí, a diferencia de las anteriores, el personaje principal no busca una cotidianidad perdida en un mundo irreal; ni siquiera sabe si tuvo una cotidianidad en su pasado. Solo sabe que ha viajado trescientos siglos (sí, 30.000 años) y ha arribado en París, lugar del que tiene confusos recuerdos, pero del que no se siente perteneciente. Se aloja en un Asilo para indigentes, del que no puede salir debido a los carabineros que vigilan la puerta (ineludible símbolo kafkiano del poder). Otra diferencia es que, cuando consigue salidas alternativas o estrategias para salir disimuladamente por al lado de los carabineros, alterna a su gusto un espacio interior (el Asilo) con el espacio exterior (París); su encierro pasa por otro lado: siempre se siente un extraño y se le hace imposible comunicarse con las personas de un modo cabal. Cuando se percata de sus alas, que no representan el desgastado símbolo de la libertad (¿Libre de qué, si no tiene identidad ni pasado) sino el símbolo de la paz consigo mismo, del reencuentro con su verdadero “yo”, solo espera las noches para volar y alejarse de una realidad que lo abruma constantemente. En otro plano de la historia (aunque hay puntos en común), se tienen noticias muy cercanas de la guerra y de la invasión nazi que, ya habiendo invadido Polonia, se acerca a París a pasos agigantados. Se ve imbricado en la salvaguardia de un libro que revela “TODA LA VERDAD” (así, con las mayúsculas y la arrogancia), y pierde su oportunidad de huir con los únicos seres hacia los que siente una verdadera identidad: una legión de ángeles blancos. Al final, en un estúpido intento de volver a realizar el único acto que lo religa consigo mismo, pierde la capacidad de vuelo.

La cita pertenece a una escena en la que el protagonista busca a Angeline, una prostituta con la que está obsesionado, y encuentra que un par de canes le hacen el amor en la azotea del Asilo. Al percibirlo, se lanzan contra él:

Puedo esquivar los dientes, pero las patas me golpearon el pecho y mi cuerpo se dobló sobre el parapeto y, tras un instante de angustiado equilibrio, caigo hacia la calle. Angeline gritó, secundada por otro grito mío, de espanto, y un prolongado aullido de perro, o lobo, que de inmediato fue coreado por los demás animales.

-Es el fin – pienso, y me invade una calma total. En una fracción de segundo experimenté un reencuentro conmigo mismo que quizá no hubiese hallado por otros medios durante años de búsqueda. Y pronto supe algo nuevo.

Ruido de género rasgado, y un par de alas se abren paso, automáticamente, a través del saco que acaban de romper. Mi caída es frenada como por un paracaídas enorme y compruebo con asombro que estoy volando, que incluso gano altura.

Calificación: Excelente.
De “Trilogía Involuntaria” (volumen triple), Editorial DeBolsillo, 1ra edición, Barcelona, 2008.
ISBN: 978-84-8346-793-0

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4 comentarios en “París, Mario Levrero

  1. Muy buen comentario. Ya estaba por abandonar París (La ciudad me gustó mucho, también Dejenlo todo en mis manos) pero con París estaba dando vueltas con ganas de dejar. Tu lectura me hizo verlo de una manera diferente y voy a continuar. Gracias!

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