El queso y los gusanos, Carlo Ginzburg

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Ginzburg

El subtítulo del libro, El cosmos según un molinero del siglo XVI, es por demás explicativo de lo que mueve al historiador Carlo Ginzburg (Turín, 1939) a su escritura: reconstruir parcialmente la vida de una comunidad friulana partiendo de la visión de las que él llama clases subalternas. Porque todo el libro juega con la idea de una cultura de clase dominante (que es la que queda en los libros usualmente) en oposición a una cultura de clase subalterna, cuya característica principal es la ausencia del registro escrito que la prolongue en el tiempo. Por esta razón es posible encuadrar este relato histórico minuciosamente documentado (515 notas al pie que remiten a otros tantos documentos, declaraciones, procesos de la Inquisición, documentos papales, etc.) en la mecánica historiográfica de los Anales de Bloch. Pero Ginzburg va incluso más allá porque para su sustento teórico, detalladamente explicado en el prólogo del libro, cuenta con los trabajos de Foucault, a los que permanentemente cita para bien o para mal.

¿Pero qué pasa cuando un representante de la cultura de la clase subalterna es capaz de leer e interpretar algunos libros sagrados y otros apócrifos e incluso escribir? El personaje central del libro, Domenico Scandella, conocido como Menocchio, es un molinero de la región del Friuli, cercana a Venecia. Todo indicaría que su conocimiento no debía ir más allá de los números. Aun así Menocchio ha leído la Biblia y una serie de libros como el Florilegio de la Biblia, los Viajes de Mandeville o el Decamerón y con estos materiales, como una especie de pre Quijote en tiempos de la Reforma, ha elaborado una ácida (y no exenta de cierta locura) crítica del dogma católico, de la clerecía, de las jerarquías eclesiásticas y, finalmente, de aquellos sucesos que a él, por tener un raciocinio un poco más elevado que el corriente, le han parecido ridículos, tales como el carácter virginal de María (¡nada menos en esa época!) o la idea de Jesús como hijo de Dios.

El pecado de Menocchio no es sólo creer esas cosas. Eso bien podrían tolerarlo los tribunales inquisitoriales a cambio de un autocastigo corporal de cierta frecuencia. Nuestro molinero va mucho más allá: no pierde oportunidad de avisar sobre sus originales teorías a todo aquel que se cruce con él y trabe alguna relación de confianza. Como se verá en el correr de la lectura, estas supuestas relaciones de confianza siempre terminan mal para el molinero pues sus interlocutores “confiables” son los que lo terminan vendiendo a la Inquisición, institución que en aquellas décadas post Lutero y aún en trances de Contrarreforma, está más presta que nunca a demostrar su intransigencia. Como es previsible desde el inicio, tras el segundo proceso Menocchio termina quemado en la hoguera un año después de que el mítico Giordano Bruno mereciera el mismo martirio. Pero hay una diferencia notable entre estos dos mártires: mientras a uno se lo recuerda y se lo venera, al otro se lo ignora. El autor parece preguntarnos: ¿quién conoce a Menocchio? Ginzburg construye este libro con el objetivo de que alguien totalmente desconocido, pobre, trabajador campesino, guitarrista de plaza (todo esto fue Menocchio), es decir un representante de la cultura de la clase subalterna, tenga su cuarto de hora en oposición (marcada explícitamente en el texto) a Bruno, que fue mártir, claro, pero representante de la clase dominante. Este objetivo implícito en el planteamiento teórico de Ginzburg, se cumple con creces y es lo convierte a esta apasionante crónica en una lectura excelente. Digamos, además, que se trata de un best seller traducido a múltiples idiomas.

“De este modo un cúmulo de elementos compuestos, antiguos y menos antiguos, se introdujo en una construcción nueva. En un muro destacaba el fragmento casi irreconocible de un capitel, o el perfil casi destruido de un arco gótico, pero el diseño del edificio era suyo, de Menocchio. Con una actitud inconscientemente desprejuiciada se sirvió de los restos del pensamiento de otros como si fueran piedras y ladrillos. Pero los instrumentos lingüísticos y conceptuales que pudo procurarse no eran neutros ni inocentes. Aquí está el origen de la mayor parte de las contradicciones, de las inseguridades, de las incongruencias de sus discursos. Con una terminología embebida de cristianismo, de neoplatonismo, de filosofía escolástica, Menocchio intentaba expresar el materialismo elemental, instintivo, de generaciones y generaciones de campesinos.”

Calificación: Excelente.
Título original:  Il formaggio e i vermi (1976)
Editorial: Península (Océano), Barcelona, 2008.
Traducción: Francisco Martín.
ISBN: 978-9706512079

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6 comentarios en “El queso y los gusanos, Carlo Ginzburg

  1. Buen comentario.
    Me quedó la sensación de que he leído algunos ejemplos de novela histórica o reconstrucción epocal o como se le llame, donde la intención es la misma: rehacer una perspectiva para la que no quedó registro (más o menos explícito) a posteriori. Voy a revisar, porque es un tema muy interesante.
    En cuanto al títuo del libro, ¿qué interesante, no? Me quedé con ganas de que nos hablaras un poquito de él.
    Gran abrazo.

  2. Sobre el título:dice Menocchio en uno de sus testimonios ante la Inquisición que el universo en un principio fue como un queso y que el hombre fue naciendo en él como nacen los gusanos de ese queso, es decir, nada de Dios en el medio, sólo generación espontánea, natural. De esa concepción se valieron para sacarlo por casi loco en el primer juicio. Diez o doce años después, como seguía argumentando cosas similares con otros ejemplos, ahí sí la quedó.
    Saludos DGB

  3. Gracias por la respuesta.
    Un gran abrazo.

    PD: No te voy a decir que tengas cuidado con los gusanos, pero sí con las, cómo llamarlas… Tienen la misma forma, se arrastran y causaron muchos problemas, pero esos problemas nos dieron lo mejor de la poesía romántica y sus suspiros por aquello que fue y que buscamos (queremos) reconquistar…

  4. ¿O sea que “El queso y los gusanos” es una novela (ficción) pero desarrolla una teoría… O es un ensayo novelado, digamos? Perdón si la pregunta es algo ingenua, pero realmente no comprendo de qué tipo de lectura se trata. Buena reseña, de todos modos…
    Un abrazo, Pedro!!!

  5. Me autocito, Fabián: “Por esta razón es posible encuadrar este relato histórico minuciosamente documentado (515 notas al pie que remiten a otros tantos documentos, declaraciones, procesos de la Inquisición, documentos papales, etc.) en la mecánica historiográfica de los Anales de Bloch.” O sea, es un libro de historia, pero que parte de lo micro.

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