El extranjero, Albert Camus

***
Camus

A un hombre le anuncian el fallecimiento de la madre, así comienza el relato, y debe ir hasta el asilo al velatorio y el consiguiente entierro. Los pensamientos del narrador en primera persona dejan ver a un individuo a quien, más que otra cosa, lo molesta el calor y accede a tomarse unos cafés con leche. Como nota personal y cuestionable en su necesidad, debo decir que me sentí identificado en estos dos puntos, sobre todo por la anulación de toda otra sensación o sentimiento que provoca la incomodidad física. La vida continúa en el Argel donde se desarrollan los hechos. Visitas a la playa, la fluidez con la que el personaje entabla contacto sexual con María, la sinceridad con la que piensa en sus senos mientras le responde que no la quiere, la descripción como la que cualquiera haría de sus vecinos y, último pero no menor, la relación que termina teniendo con uno de ellos, que le decide la vida. Raymond, este último, es un proxeneta que aplica castigos físicos a su novia considerándolo legítimo. Involucra a nuestro personaje, que dice que sí a todo, hasta que en definitiva termina cometiendo él el crimen que desencadena el proceso, la condena, la reflexión y la desesperación final.
El lenguaje enjuto, ayuno de toda metáfora, se corresponde como un guante con la ausencia de pliegues de Mersault, que vive y actúa tan sincero y directo como el solazo argelino, lo cual hace bien oportuna su lectura a la intemperie. Acaso la única metáfora sea el título, ya que no se da a entender la existencia de una extranjería literal. El relato es lineal, solamente quebrado por las recapitulaciones que hacen el fiscal y el abogado y, al final, por el propio condenado. Esas reflexiones tienen cierto tono de crítica al sistema, para el que Mersault es un grumo. Por último, allí donde a uno le dicen toda la verdad, queda nada más que una interrogante y es por qué el narrador fue tan dócil al arrastre de un vecino nefasto. Aventuro que son la desidia o la falta de cálculo las que terminan disolviendo al hombre.
Nota final: la traducción parece rioplatense, posiblemente uruguaya, y la ausencia de mención al traductor también es evidente.

Resumió los hechos a partir de la muerte de mamá. Recordó mi insensibilidad, mi ignorancia sobre la edad de mamá, el baño del día siguiente con una mujer, el cine, Fernandel, y, por fin, el retorno con María. Necesité tiempo para comprenderle en ese momento porque decía “su amante” y para mí ella era María. Después se refirió a la historia de Raymond. Me pareció que su manera de ver los hechos no carecía de claridad. Lo que decía era plausible. Yo había escrito la carta de acuerdo con Raymond para atraer a la amante y entregarla a los malos tratos de un hombre de “dudosa moralidad”. Yo había provocado en la playa a los adversarios de Raymond. Este había resultado herido. Yo le había pedido el revólver. Había vuelto solo para utilizarlo. Había abatido al árabe, tal como lo tenía proyectado. Había tirado una vez. Había esperado. Y “para estar seguro de que el trabajo estaba bien hecho”, había disparado aún cuatro balas, serenamente, con el blanco asegurado, de una manera, en cierto modo, premeditada.

Calificación: bueno
Título original: L’Étranger (1942).
Ediciones de la Banda Oriental, Lectores de la Banda Oriental, 109 págs.
ISBN: 978 9974-1-0670-3

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