Nadie vive eternamente, W. R. Burnett

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Burnett

Doc, Shake y Windy son una pandilla de estafadores radicados en Los Angeles durante la WWII, absolutamente en decadencia. Llevan tanto tiempo en la mala, que ante una “candidata” decente, ninguno de ellos tiene el aspecto lo suficientemente presentable como para acercársele. Por eso, deciden acudir a Jim “El Jefe” Farr, uno de los mejores estafadores conocidos, quien justamente se encuentra en la ciudad. El problema es que Farr ya no es el mismo. Se siente viejo e imágenes de viejos estafadores, en la ruina total y el abandono, lo acosan. Además, ha perdido la cabeza por una mujer de mala vida…

Si la novela policial es un género absolutamente definido, comprende a su vez distintos subgéneros, perfectamente reconocibles. A saber, de detectives, de procedimiento policial, de cuarto cerrado, etc. A fines de la década del 20, justamente cuando Dashiell Hammett definía los códigos generales del género que hoy nos ocupa, William Riley Burnett se desmarcaba de ellos e inventaba una nueva subcategoría: las ‘crook storys’ o historias de criminales. Los parámetros de esta nueva variedad quedaron claramente definidos desde un principio: el consabido grupo de profesionales, cada uno con su debido rol a favor del equipo, la total ausencia de policías o figuras del lado “legal” por así decir (y las pocas excepciones que aparecen suelen ser corruptas), una mirada detallada del mundo del crimen o marginal y por tanto un análisis social de esa nueva especie humana que surgía por esas mismas épocas (el gangster), el uso de la femme fatale, pero como catalizador permanente de desgracias (lo que no escondía cierta misoginia, disculpable- quiero creer- por la época) y por último, y probablemente su carácter más relevante, el fatalismo. Sabemos desde un principio que las acciones emprendidas por el equipo de criminales de turno están condenadas al fracaso. En definitiva, tanto la visión de Burnett como la de sus sucesores no deja de tener cierto halo moralista, dónde se nos muestra invariablemente que el crimen no paga, y si paga, lo hace con la muerte.

El subgénero ‘crook story’ impulsado por Burnett tuvo su máxima repercusión en el mundo del cine (actores como Paul Muni, James Cagney y el gran Humprey Bogart quedaron invariablemente unidos a este tipo de personajes) y dos de las mejores novelas del autor tuvieron su contrapartida en dos de los mejores ejemplos de lo que se llama “film noir”: “High Sierra” de Raoul Walsh (justamente, con Bogart) y “The Asphalt Jungle” de John Huston. Son ambas sólidas adaptaciones del trabajo de Burnett.

En “Nadie Vive Eternamente” no encontramos al mejor Burnett, pero sí una de sus consabidas muestras de buen hacer. La narración fluye, entretenida, y la concatenación de eventos que se presentan es por momentos vertiginosa. La fatalidad que mencionábamos en un principio acecha de manera permanente a los personajes, quienes parecen ser incluso concientes de la tragedia en la que se mueven, cual títeres en un gran guiñol. Otro de los aciertos de Burnett, es la creación de personajes, justamente, a partir de pocos rasgos. Como muestra de ello, la cita:

Pop Gruber era conocido por ser “un tipo raro” (…) Todas las noches claras aparecía en alguna esquina de los barrios bajos con un trípode y un telescopio. Por diez centavos mostraba a la gente la Luna, Saturno o algún otro objeto celestial de interés. A la gente le gustaba aquel viejecillo simpático, de aspecto inocente. De cuando en cuando robaba a algún borracho, pero nadie lo sabía sino el agente de policía de la esquina, que compartía con él el producto del latrocinio. Tenía, además, otra forma de hacer dinero. Era una cámara de compensación de información criminal, actividad que no sospechaba siquiera el agente de policía de la esquina. Pop no era confidente, sólo trabajaba con la gente del oficio. Cualquier delincuente que deseara hacer conocer su presencia en Los Angeles a compañeros de trabajo, se ponía en contacto con Pop. Por un modesto estipendio, éste lo ayudaba. Conocía bastantes datos de media docena de grandes delincuentes para hacerlos ahorcar, pero era totalmente digno de confianza y todos lo sabían.

Calificación: Bueno
Titulo Original: Nobody lives forever (1943)
Traducción: Roberto de Pola
Editorial: Ediciones Júcar, Madrid, 1989.
ISBN: 84-334-3677-5

Nota: Hasta conseguir escanear la tapa que corresponde a esta edición, se ilustra el comentario con la pintoresca portada original.

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3 comentarios en “Nadie vive eternamente, W. R. Burnett

  1. Buen comentario, Rodolfo.
    ¿Ves lo que decía una vez? Estos son los libros que vos leeés y que yo quería conocer… Supongo que eso se debe extender a muchos otros lectores.
    Anoche, hablando del policial negro, de los detectives, de Bogart, leía este pasaje de un artículo de Cyril Connolly: “Estructuralmente, Chandler era honesto, inteligente y modesto, consciente de que sabía hacer bien una cosa, y que eso no era suficiente. Como Dashiell Hammett, comprendió que el detective privado (el papel perfecto para Bogart) encarnaba el individualismo desarraigado del hombre moderno, enfrentado a los criminales pero sospechoso ante la autoridad.”

      1. Por supuesto, después te lo paso, junto con otro llamado “Deducciones detectivescas”, publicado en 1931, donde Connolly analiza a los detectives de las novelas o cuentos ingleses a partir de sus automóviles, y donde encontramos joyitas como esta:

        Lord Peter Wimsey – Daimler doble 6 de 50 CV
        Bull Dog Drummond – Bentley descapotable
        Petersen (villano) – Mercedes Benz superalimentado
        Lakington (villano) – Rolls Royce color crema
        Coronel Antony Gethryn – Voisin Surbaissé de 16 cilindros
        Coronel Gore – Buick plaza descapotable
        Padre Brown – ninguno

        —-

        Abrazo.

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