El increíble hombre menguante, Richard Matheson

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Matheson

Durante un apacible paseo en barco, Scott Carey es rociado por una lluvia pasajera. En relación a eventos anteriores y en apariencia igual de intrascendentes, esa lluvia causa una peculiar alteración de su metabolismo. Así nace el increíble hombre menguante, un hombre común que decrece, rigurosamente, tres milímetros al día. Esta patología viene aparejada, como es lógico, de un proporcional crecimiento de los ambientes, los objetos y los seres queridos. Pronto Scott se ve rodeado de una mujer, una hija y una mascota de dimensiones pantagruélicas que ponen en peligro su salud, la casa se torna un desierto de distancias infranqueables, al mismo tiempo que se va acrecentando su sentido de soledad y autoconmiseración. Y he aquí una de las vértebras del libro: el examen del desplazamiento desde un entorno doméstico hacia un terreno distinto, extraño, fenomenal en la más peyorativa de sus acepciones, que no puede despegarse del juicio de la sociedad y, en consecuencia, modifica y controla la mirada del sujeto respecto a sí mismo. Como todos, Scott se define por la fuerza o la urgencia que el futuro y la sociedad ejercen sobre su presente. A diferencia de “El hombre elefante”, Scott no nació así, por lo que no ha podido siquiera hacerse de un mínimo de herramientas -o consuelos- para lidiar con la curiosidad y el desprecio de los otros. El propio deseo de huida y solapamiento, tan natural en el personaje de la película de David Lynch, en este caso viene más bien ligado a la impotencia y el rencor. Así, el reciente carácter de “freak” menoscaba el concepto previo y estable de Scott como individuo, mientras que por otra parte esa “urgencia del futuro” se sume en una niebla fatalista sin retorno. En suma: un dilema de autoestima.

No había nada peor para un hombre que convertirse en un objeto digno de lástima. Un hombre podía soportar el odio, los abusos, la cólera y el castigo, pero jamás la piedad. Cuando un hombre se convertía en un ser digno de compasión, estaba perdido. La piedad correspondía exclusivamente a los seres indefensos.

Creo que la notoria introspección de la cita, donde el narrador omnisciente asume el pensamiento del personaje, anula toda intención anticipada de catalogar esta historia como una mera novela de aventuras, similar a “Querida, encogí a los niños”. Matheson es un autor que, como Bradbury y afines, se inscribe en una línea narrativa que combina ingenio, lirismo y humanidad, haciendo de la fantasía o la ciencia-ficción una clase de subgénero que excede el artificio y toma, por ejemplo, el adelanto de las tecnologías o la irrealidad de los hechos para desplegar desde allí una profunda exploración del hombre.
Sin embargo, también hay para fanáticos de la intriga y la aventura. El relato comienza con Scott encerrado en el sótano de su casa y bajo la amenaza de una viuda negra que lo cuadriplica en tamaño. De ahí que el libro se bifurque e interrumpa el presente de las vicisitudes en el sótano para insertar los flasbacks que nos acercan, insisto, ya no a la sensación de una soledad completa, sino al matiz de sentirse gradual e irremediablemente solo aún en presencia de los otros.
Y ya que hablamos de la araña, viene bien para pensar en las posibles influencias que recoge y aglutina esta novela publicada por primera vez en 1956, es decir, dos años después de que saliera a la luz la primera edición de “El señor de los anillos, las dos torres”.  El modo en que Scott emprende la batalla contra la viuda negra por momentos se superpone como un calco al enfrentamiento de Frodo y Sam contra Ella-Araña, sobre el final de la segunda parte de la trilogía.
Pero dejando de lado el posible fantasma de Tolkien o Swift -¿recuerdan aquella aventura de Gulliver en Brobdingnag?-, también es identificable la presencia de ciertas ideas, climas o mecanismos del propio autor, y es nuestro deber examinar brevemente estos aspectos no como flaquezas, sino más bien como atractivas curiosidades. Antes de “El increíble hombre menguante” Matheson había publicado una colección de relatos titulada “El tercero a partir del sol”. El primer cuento de ese volumen, “Hijo de hombre y mujer”, es una extraña historia de un ser abominable, forzado a recluirse en el sótano de su casa. Hay aquí un obsesivo foco en las percepciones auditivas del personaje y en su particular deseo por tomar contacto con un mundo tan hostil como necesario. Pero si retrocedemos un poco más en la prolífica carrera del escritor, aparece su obra maestra: “Soy leyenda”, de 1954. Aquí las semejanzas son todavía más ostensibles. En ambos casos presenciamos la misma estructura de flashbacks que justifican acontecimientos abruptos o desconcertantes, la idea del aislamiento, del hombre enfrentado a la sombra de sí mismo, la soledad como producto de un evento inusitado, patológico y en algún punto inteligible –al menos dentro del parámetro de la ficción-, la presencia de una amenaza nocturna que acude con puntualidad, y un final que reivindica el valor de la peripecia humana y lo torna un conocimiento trascendental de la vida. Es decir, el misterioso instinto de enaltecerse incluso en la derrota.
Es claro que la idea de un hombre particular que empequeñece respecto al mundo circundante está liada al conflicto del hombre genérico en el centro de un sistema en constante expansión. Por la fuerza y personalidad de su escritura, este libro no se ve en absoluto corrompido por ese aire de alegoría.

Ahora, en las horas finales, incluso la esperanza había desaparecido… Y, sin embargo, seguía siendo capaz de sonreír. En un momento en el que ya no había esperanza había encontrado la alegría. Sabía que lo había intentado y que no tenía nada que lamentar, y esto era una victoria absoluta, porque era una victoria en sí misma.

Calificación: muy bueno.
Título original: The Shrinking man
Traducción de Isabel Merino Bodes
Editorial: La factoría de Ideas, Madrid, 2006.
ISBN: 84-9800-223-0

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3 comentarios en “El increíble hombre menguante, Richard Matheson

  1. Puh! Gran reseña Leo! Tanto a esta, como a “Soy Leyenda” les doy mi *****. Además, existe una estupenda adaptación cinematográfica de la que novela que nos ocupa, dirigida en 1957 por Jack Arnold, que es muy recomendable. Una suerte que nunca tuvo “Soy Leyenda”: una adaptación digna.

  2. Excelente reseña, clara, concisa, bien documentada y con muchos puntos que ayudan a “hacerse una idea”. ¡Muy bien, LDL…! Y ahora, algo que se me ocurrió leyendo esto, ¿alguien vio una película clase cine de ciencia-ficción-horror-barato titulada algo así como “El hombre que se derretía”? La vi en mi tierna infancia…

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