Sirenas en el campo de golf, Patricia Highsmith

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Highsmith

Una buena forma de empezar a hablar de lo notables que son todos estos cuentos es hacerlo desde las tag-lines como las que aparecen en la contratapa. Y no está mal. Eso atrapa. Condensar lo sustancial (llamémosle así, de forma provisoria) de cada cuento en una sentencia que demuestra lo particular de cada historia es un ejercicio que puede revelar al final la capacidad imaginativa de Patricia Highsmith. En el primero de los cuentos, el que le da título al libro, un asesor económico de la Casa Blanca salva al presidente de Estados Unidos de ser baleado. Pero luego de una larga convalecencia, y cuando todo el mundo pensaba que se había repuesto casi sin secuelas, al hombre se le salta la chaveta mientras juega al golf y observa a unas adolescentes que dan vueltas por los links con sus palos. La porción de extrañamiento y desazón a la que nos enfrenta esta historia crece con el correr de las páginas en “El botón”, el siguiente cuento, cuando seguimos de cerca a un hombre frustrado por su exceso de trabajo, su esposa y su hijo con síndrome de Down; y se hace insostenible, más tarde, con cuentos prácticamente perfectos como “El tic tac de un reloj en Navidad”, “El material de la locura”, “No en esta vida, tal vez en la próxima”, “No soy tan eficiente como otras personas” y “El mes más cruel”. En todos ellos, para nada breves, hay lugar para las vueltas de tuerca más llamativas. Y sin embargo, esos giros en los conflictos de los personajes no son meras apoyaturas del siempre bien querido lema: “Atrapa al lector y llévatelo lejos”. ¿Por qué?… Empiezo con una intuición de lector… Repasando mentalmente cada historia, algo me decía que había en ellas un decidido aire clásico. Nada más traído de los pelos o peregrino que seguir a rajatabla esas voces que concurren a nuestra lectura y que vendrían a ser las sirenas de nuestra inteligencia. Aún así, la idea cambió de forma, y comencé a pensar en Tolstoi, o en algo propio de Tolstoi que Patricia Highsmith maneja muy bien en este libro. Y más tarde recordé esta frase de Cyril Connolly que aparece en “Enemigos de la promesa”: “La grandeza de un novelista como Tolstoi estriba en que crea personajes que, siendo auténticas creaciones, son capaces de pensar y comportarse de maneras distintas a las que cabe esperar de ellos, que no responden a un tipo.” El aserto, que uno puede corrobar sin vacilación en un cuento de Tolstoi como “El padre Sergio”, le cae a la perfección a “Sirenas en el campo de golf”. Sus personajes rompen un orden que creemos ya innecesario de alterar, en el que hasta los creíamos resignados o acostumbrados, y lo hacen de una forma radical, con la intención de establecer un orden nuevo, aunque en la mayoría de las oportunidades, y de ahí lo dramático, no lo logran. Esto es lo que termina dando, en el sentido más norteamericano de la expresión, una atmósfera de pesadilla, un reverso de malestar insoportable que salta desde el centro de la normalidad en el sueño cotidiano. Y es lo que hace a estas historias profundamente humanas. Si decir que algo “profundamente humano” en literatura es clásico, bueno, entonces vaya y pase…

Esta vez, Eleanor se rio espontáneamente. Se sintió aliviada después de los pensamientos en que había estaba hundida.
-¿Cómo puede uno ser bueno… o malo? ¿No somos todos una mezcla de esas cosas? Ciertamente, usted no es totalmente malo.
Le pareció que eso lo disgustaba.
-No me diga lo que soy.
Rechazada, Eleanor no dijo nada más. Sacó las cosas de la mesa.
Ella lo llevó a la cama, le agradeció por su trabajo en el jardín ese día -desenterrar dientes de león, cosa nada fácil-. Estaba agradecida por su compañía en la casa, hasta agradecida por el hecho de que nadie pudiera verlo. Él era como una muñeca rara que le pertenecía. La hacía sentir rara, diferente, y sin embargo, especial y privilegiada. (…)
A la mañana siguiente, descubrió a Bessie en el suelo de la cocina con el cuello quebrado. La cabeza, colocada de la manera más rara sobre el cuello, mirando hacia atrás. Eleanor levantó el cadáver como en un impulso y apretó a la gata contra su pecho. La cabeza del animal giró sobre sí misma. Ella sabía que había sido él. Pero, ¿por qué?
-Sí, yo lo hice -dijo la voz profunda.
Ella miró hacia el umbral pero no lo vio.
-¿Cómo pudo hacer algo así? ¿Por qué? -Eleanor empezó a llorar. La gata ya no estaba tibia pero todavía no se había puesto dura.
-Está en mi naturaleza. -Él no se rio pero había una sonrisa en su voz-. Ahora, usted me odia. Se pregunta si pienso irme. Sí. Me voy. -La voz se desvanecía cuando él atravesó el comedor pero ella seguía sin verlo-. Para probarlo, voy a dar un portazo pero en realidad, no necesito la puerta para salir. -Ella oyó el ruido de una puerta cerrada con toda la fuerza.

del cuento: “No en esta vida, tal vez en la próxima”

Calificación: Excelente.
Título original: Mermaids on the golf course (1985)
Editorial: Verticales de bolsillo, Bogotá, 2010.
Traducción: Márgara Averbach
ISBN: 978-958-45-2429-4

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2 comentarios en “Sirenas en el campo de golf, Patricia Highsmith

  1. Pablo, muchísimas gracias por escribir y por lo que comentás. Hoy leyendo Ñ me enteré de esa reedición. Lástima que para este lado mandan el cupón, pero no los libros. ¡Qué se le va a hacer! Después paso y leo esos artículos. Un gran abrazo.

    PD: ¿Estás en Uruguay? La barra va a querer verte si la respuesta es afirmativa.

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