Dejen todo en mis manos, Mario Levrero

***
Levrero

Un escritor fracasado debe encontrar a Juan Pérez, el escritor de una novela genial, una obra maestra que su editor quiere publicar, para poder publicar él también. Realiza la investigación en un pueblo llamado “Penurias”, pues el escritor misterioso ha dado el único dato de su procedencia. De ahí en más, el delirio y el azar harán de las suyas para que el personaje principal se lleve un recuerdo del pueblo que rinde honores a su peculiar nombre.

Casi un policial; pero en vez de investigar un crimen, el protagonista busca una identidad escondida, y al hacerlo descifra, como quien no quiere la cosa, su propia identidad. “Dejen todo en mis manos” (Colonia, 1993) es de esas novelas en las que no importa demasiado el desenlace o la forma más o menos ingeniosa con la que se ha dado fin a la historia, sino que lo medular aquí son las reflexiones constantes de un escritor veterano, perturbado y gris, cuya vida es anodina y aprovecha una misión (tema levreriano) para dar un brusco giro a su cotidianidad.

“Cuando estaba entrando en el sueño, se me ocurrió que tal vez Juan Pérez se había ocultado precisamente por la prudencia ante esa democracia un tanto engañosa denunciada en su libro. Creí entender esa actitud. El mensaje más claro quizá era: no nos hacen falta mártires; los mártires, a la larga, nunca sirvieron mucho. Según Juan Pérez, o según yo había creído comprender, democracia y dictadura militar eran dos caras de una misma moneda, y la vida, la vida real y verdadera, transcurría en otros lugares, en otros niveles. Aplausos para Juan Pérez. No era la novela que yo había escrito, hubiera escrito o hubiera querido escribir, pero sin duda Juan Pérez era mejor escritor y mejor  persona que yo.”

Calificación: Bueno.
Editorial: Mondadori, Buenos Aires, 2007.
ISBN: 978-987-9397-71-8

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7 comentarios en “Dejen todo en mis manos, Mario Levrero

    1. ¡**! No seas tacaño…

      Está en LibrosLibros “La gelatina” en la editorial “Cáscara de huevo” de Clemente Padín. Hoy me enteré.

      ¡Abrazo y gracias por comentar!

      1. Sí, es una edición facsímil hecha por Irrupciones, si no me equivoco.
        “Gelatina” es un relato interesante.
        Y no, no soy tacaño. Todos me lo dicen a propósito de este libro, todos me preguntan por qué no me pareció tan gracioso como a ellos. No sé por qué. Creo que algo me incomoda, algo me hace pensar en una serie de lugares comunes puestos a disposición de Levrero y trabajados desde su “poética”. Pero terminan siendo comunes. Lo de llamar a los pueblos del Interior “Penurias”, “Miserias”, si ya no es demodé, es más de lo mismo. Si se lo pudiera leer como algo que refrenda el desprecio intelectual (también montevideano) por la chatura anodina (¡obvia!) de las poblaciones del Interior, sería una cosa… Pero se me hace que complace esta visión un lugar común en nuestras lecturas uruguayas, el lugar triste e insípido en el que todos “nos tendríamos” que revolver, donde Onetti nadaba y escapaba a brazo firme, y donde los demás se agitan en sus remolinos soltando voces de auxilio más o menos elaboradas. Creo que esto de la “misión” de Levrero está mejor en “Los carros de fuego”, el último libro aparecido en vida del autor. Ese sí es un relato que me divierte, en algunos pasajes.
        Abrazo grande.

        PD: Es más divertido repetir esto contra las olas, como ayer, ¿no?

      2. Viejo tema… Yo mismo, una vez, le había puesto “Penas” a un pueblo, nada más que sin ese ánimo sino parodiando a “Dolores”. Y lo de la chatura, bueno, es chato quien acusa chatura, me parece eso. Hay profundidades y recovecos allí donde se mire, si se sabe mirar. Claro está, el Vergara no hay ópera. Pero, ¿en Venecia tienen las historias de bagayeros que hay en Vergara? Me da la impresión de que la parálisis -que lleva al lugar común- nace de una visión juzgadora y que clasifica las cosas como importantes o no, buenas o no, profundas o no. Cuando, a la hora de narrar, lo importante probablemente sea contar la historia, mostrar la mirada de alguien, sorprender al lector, revolcarlo un poco. Solo leí un libro de Levrero, “La ciudad”, y me pareció aburrido, anodino, vacío, olvidable. Supongo que esto ya lo he dicho y no sé si la repetición sirva de algo. De todos modos, después de leer las reseñas de Fabián, me da la impresión de que no es el tipo de lectura que suele gustarme. Lo interesante es que hay para todos.
        Abrazos a todos.
        P.D.: ¿Cuándo sale el partido en la arena? Se requiere un talante organizador…

      3. Cuando quieras jugamos ese partido, Nacho. Estamos haciendo gestiones para traer a LAC este fin de semana. Veremos qué sucede.
        Hoy en la playa a la que voy había varios porteños de nuestra edad a los que les podríamos haber hecho partido (no sé el resultado). Yo todavía miro desde afuera.
        Te tengo al tanto.

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