La verdadera historia de AQ, Lu Xun

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Xun

Escrita en 1921. Un investigador anónimo narra la historia de AQ, un personaje del que no se sabe nada con certeza (explica) ni con el sustento de los documentos históricos; es decir, que es un personaje más mitológico que histórico. Se sabe que AQ son las iniciales de su nombre y apellido pero tampoco se conocen éstos. AQ es un hombre pobre y muy trabajador, vive de labores domésticas que hace en las casas de los burgueses del pueblo de Weichuang. Es constantemente destratado por los mismos e, incluso a veces, cruelmente golpeado. Y así vive, en un infierno constante entre duras jornadas laborales y golpizas que él, tras un complejo proceso intelectual de raigambre confucionista, consigue volver a su favor, creyéndose victorioso. Pero al igual que las novelas picarescas (Lazarillo de Tormes, El Buscón, Abul F´ath de Alejandría, etc.) AQ tendrá “desventuras” y “venturas”. Al volver a Weichuang tras un viaje a la ciudad en busca de una vida diferente, consiguió hacer una pequeña fortuna y su posición fue otra. Fue hipócritamente respetado hasta que la fortuna terminó; entonces volvió al yugo de sus prójimos. Cansado de su vida, sueña con la revolución, que se percibe incipiente. Cuando esta llega, sueña con la contrarrevolución y las consecuencias de su inestabilidad emocional y de la búsqueda de su verdadero ser resultan fatales. Si bien la historia es entretenida, el discurso es denso en varias ocasiones. No descarto que pueda ser por la traducción, que ni siquiera está firmada.

“Solo cuando AQ estaba derrotado a todas luces, y después que le habían tirado de la coleta de color amarillento y le habían golpeado la cabeza contra la muralla, cuatro o cinco veces, se iban los haraganes, satisfechos de su victoria. AQ se quedaba allí un momento, diciéndose a sí mismo: – Es como si me hubiera pegado mi propio hijo. ¡A lo que ha llegado el mundo! – Después  de lo cual también se iba, satisfecho de haber obtenido la victoria.”

Calificación: Regular bueno.
Título original: 阿Q正传 (1921)
Editorial: Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1970.
Traducción: sin datos.
ISBN: —

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20 comentarios en “La verdadera historia de AQ, Lu Xun

  1. Insisto, como en la reseña anterior sobre Tanizaki, en lo delicado de aplicar categorías de literatura occidental a estos relatos. Es decir, tampoco parecería que pudiéramos, por lo pronto, escapar, ¿no? Somos lo que leemos, poseemos lo que leemos, etc. Pero así y todo, la referencia a la picaresca es un punto de apoyo, ¿no? Habría que pensar en las condiciones socio-históricas que llevaron a la aparición de la picaresca, en las referencias literarias occidentales que podría manejar un autor como Lu Xun en su momento, etc.
    Bien por leer a estos tipos.
    Abrazo.

    1. La ignorancia me aleja de poder dar una respuesta articulada. Pero siento como un germen de desacuerdo. ¿Se precisa tanto arsenal para leer? Si uno lo tiene, mejor. Por decir algo, yo disfruté a unos cuantos sin saber las condiciones socio-históricas y lo demás.

      1. No, por supuesto que no se lo necesita. Por suerte. Eso es lo lindo de la Literatura. Yo me refiero al hecho de sacar conclusiones. Ahí siempre, todos, nos enfrentamos con dificultades.

  2. Yo pienso que la inmanencia del texto, como decían los formalistas rusos, no es tal; no se pueden desligar los textos de su contexto si no se quiere perder parte importante del significado profundo del mismo.
    Además los orígenes siempre estàn tergiversados o, al menos, confusos: ¿Quièn dijo que al hacer un paralelismo con la picarseca, yo estaba midiendo este relato con categorías occidentales? “Las venturas y desventuras del pìcaro Abul F´ath de Alejandría” parece ser el primer relato picaresco y es de origen àrabe y de la época medieval, bastante anterior al lazarillo de Tormes. En fin… tal vez mezclé un poco los tantos…

  3. No estaba criticando que lo hicieras, Fabián…
    Lo que puse fue como un pensamiento para mí mismo en voz alta. Estaba diciendo: ¡Ante qué problemas nos ponen estos textos! ¡Ante qué necesidad de tener que agarrarnos de algo nuestro para hablar de lo otro y analizarlo desde allí! La fascinación de Occidente por Oriente tiene mucho de autofascinación secreta, también. Así como la demonización de Oriente en algunos ejemplos es el terror de los propios fantasmas de Occidente.
    Abrazo…

    1. Supongo que, más que conclusiones, podemos tener hipótesis provisorias. Vi hace poco alguien que concluía algo y me dio como un asquito…
      Claro, lo lindo de la literatura es que ella misma te permite deducir el contexto a veces. Y, en no menos ocasiones, hace algo más interesante, que es hacernos creer que sabemos algo cuando nunca lo respiramos.
      Salú

  4. Muchos textos “orientales” (básicamente chinos y japoneses) que he leído de escritores del siglo XX refieren justamente ha un doble movimiento (desde allí hacia aquí, o desde allí hacia EEUU, para ser más exactos), de horror-fascinación por lo occidental. Cuando Occidente giró hacia Oriente y comenzó a prestarle atención, y prestarle atención significó muchísimas cosas, lo hizo, obviamente, desde su modo de ser occidental. Desde un modo de actuar, si se quiere. El acercamiento fue mucho más traumático para Oriente, que luego de la 2ª Guerra (contrariamente a lo que uno pensaría por sentido común), abrazó lo Occidental norteamericano. Abrazó, también, la manera de mirarse a sí mismo. Y entonces, supongo, algo se perdió. Porque, bueno, convengamos en que este no es un mundo donde las formas diferentes de existir se lleven tan bien, y en la medida en que permitimos que existan miradas predominantes, miradas que subyugan, imponen, bueno, el mundo se vuelve más uniforme y, en apariencia, simple. Algo de lo que Oriente ha sido, ya se perdió para siempre, a eso me refiero. Por el simple hecho de que Oriente comenzó a ver cómo era visto y a pensar en cómo quería ser visto. Y el american way of life tiene mucho que ver… Entonces, ahora pienso en esto, en cómo es verdad lo que dice Damián, es imposible que nosotros saquemos occidente de dentro de nosotros mismos a la hora de enfrentar un texto oriental, del mismo modo en que sería imposible arrancar del texto ese espíritu de una tierra que no es la nuestra. Lograr hacer eso sería como convertirnos en un lector ideal, un lector sin historia. Una cosa es tratar de no bloquear nuestra lectura con preconcepciones, otra distinta es creer que puede existir una lectura marciana, sin implicancias culturales. Podemos despojarnos sólo hasta cierto punto de lo que somos… más de allá de ese punto, creo, ni es posible ni es deseable.

    1. Las culturas cambian. Mucho de lo que era Occidente también se perdió. Y por suerte que así fue. Si no, capaz que seguíamos en el feudalismo. Oriente hoy no es lo que oriente hace 1000 años, pero no es menos oriente por eso… No sé si me explico.
      Por otra parte, sigo pensando que no está mal ni es un problema que nosotros leamos e interpretemos las novelas de los orientales con ojos occidentales, porque ellos hacen lo propio con nuestras novelas y nuestra filosofía. Eso es lo rico de un mundo diverso: el intercambio.

      ¡Saludos!

      1. No creo que solamente el american way of life haya influído en la occidentalización de ciertas sociedades orientales. También lo fue mucho, sin duda, la influencia del modelo marxista. China, por ejemplo, se debate hoy entre la fidelidad a su historia política y los apremios y las tentaciones del liberalismo. En Japón, en China, por ejemplo, hay ejemplos de preservación de su propia cultura muy fuertes. No en vano recibe tantas críticas Murakami. La expansión económica china está a la vuelta de la esquina (junto con otras menores de India y Turquía). No creo que vayamos a escribir en ideogramas el día de mañana, y ni siquiera nuestros nietos, pero algo oriental se habrá impuesto, porque nunca dejó de estar allí.

  5. Una cosa es el cambio natural de una cultura, otra, creo, el proceso de asimilación que sufre una cultura cuando es lentamente subyugada por otra, por medios mucho más sutiles que los bélicos. Sólo estaba contando una preocupación que he encontrado en los propios orientales acerca de su concepto del Oriente actual. Y sí, estoy de acuerdo en que no es necesariamente negativo mantener la mirada occidental -no tenemos otra más a mano- para mirar esas realidades, pero sí está bueno cuestionar las partes más maniqueas de esa mirada.

    1. Venía pensando, a raíz de este debate, que los propios conceptos de Oriente y Occidente remiten a una geopolítica caduca. Me da la impresión de que eran las divisiones del Imperio Romano. Después, hemos dado en pensar en rasgos mongoloides cuando pensamos en “Oriente”. Me parece que son conceptos a revisar, desde el momento que son eurocéntricos en su origen.
      Nosotros, ¿qué somos? Siguiendo lo que dice la brújula, somos más occidentales que Europa y, como la Tierra es curva, más orientales que Japón. Obviamente, tenemos una matriz cultural originada en Europa y “Medio Oriente”, pasada por un tamiz griego. El problema puede quedar enterrado en una ciénaga de este tipo, incluso con trampas semánticas como que este país se llama “República Oriental…”.
      Es decir, tengo una gran resistencia a aceptar esas categorías tan endebles y fácilmente perceptibles como dicotómicas. Además, las sucesivas subyugaciones, invasiones y goteos culturales de un lado a otro no hacen más que aumentar. El intento de comprensión acaba por dejar afuera muchas cosas (no comprende). Gran parte de las cosas que creemos son puras mentiras o arreglos. Sentirse uruguayo, por ejemplo, es un homenaje a los manejos de la diplomacia británica.

      1. No sé si esto es una polémica, después de todo, Ignacio…
        Justamente, no se puede pensar en Oriente ni en Occidente como categorías autosuficientes: las dos religiones que estructuran la vida occidental salieron de los desiertos de Oriente Medio. Gran parte del conocimiento que tenemos habría sido imposible sin la conservación y la transferencia que vino de Oriente (quién fue el que recuperó desde Oriente “La Ilíada”, que Dante cita de segunda mano en la Comedia? ¿Petrarca?)
        Los intercambios fueron desde incesantes, siempre. Sin embargo, hemos de pensar que hay rasgos distintivos, ¿no?

      2. Yo tampoco. De hecho, lo veo como debate. Las ideas se debaten por salir a flote, por explicar, explicarse.
        Me surge ahora lo siguiente: ¿para qué? Para qué hacer taxonomías, para qué buscar los rasgos distintivos. En lo literario, se me antoja que pueden servir para ordenar los libros en las bibliotecas o los autores en un plan de estudios. E, incluso saliendo de la literatura, me interesa más la búsqueda los vasos comunicantes que los rasgos distintivos, sin desdeñar nada.
        Todo un territorio movedizo este en el que estamos metidos. Es interesante ver cómo nos vamos debatiendo todos, semienterrados…

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