Million Dollar Baby, F.X. Toole

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Toole

La literatura actúa de manera extraña cuando dirige su mirada hacia el boxeo, un deporte que desde su nacimiento ha sido elegido como tema por numerosos escritores, entre los que podríamos mencionar -sin intenciones de ser exhaustivos- a Conan Doyle, Jack London, Hemingway, Richard Ford, Joyce Carol Oates, Norman Mailer, Cortázar y muchos más. Lo que aquí llamo “extrañeza” en el modo de acercamiento literario hacia el boxeo radica en la engañosa facilidad con que una mirada aguda y sensible puede convertir una pelea entre púgiles en una metáfora que acaba por conectarse de modo removedor con muchos aspectos de la vida. Es una extrañeza que radica en la capacidad de no agregar nada al objeto observado, sino de observarlo más allá de su inmediatez, de su vértigo y su aparente desconexión del mundo. La buena literatura boxística hace esto: no maquilla, revela.

Tras este preámbulo hay que decir que la edición yanqui del libro de F.X. Toole (seudónimo de Jerry Boyd), no lleva el título “Million Dollar Baby”, sino el muy superior “Rope Burns: stories from the Corner”; es decir: “Quemaduras de cuerda: historias desde el rincón”. (Un boxeador se quema la espalda con las cuerdas cuando se tiene que recostar en ellas para salir luego hacia uno de los lados lo más rápidamente que pueda, el resultado del roce son largas marcas rojas y horizontales bajo los omóplatos y en la cintura). Claro que el marketing dice que si Clint Eastwood toma dos cuentos de ese libro y lo convierte en una película ganadora del Oscar, entonces cuál era el título original del libro importa bastante poco (y, además, la portada de la edición española queda solucionada, ponemos una reproducción del afiche de la película y ya está).

Pues bien, detalles marketineros al margen, hablemos de los cuentos. Toole es un hombre de boxeo. Conoce el ambiente porque ha sido boxeador, entrenador, manager y cut man. Sabe de lo que habla, digamos, habla la jerga del ambiente y está enterado de los entresijos del asunto, las cosas que un mero aficionado puede intuir pero nunca conocer a ciencia cierta. Por otro lado, queda claro que el fuerte de estos cuentos no es el lenguaje o la construcción formal de las historias, sino la acción, el valor de la anécdota. Hay muy poca poesía aquí, y cuando Toole quiere darle a su pluma un vuelo más lírico, la cosa queda bastante traída de los pelos. Por suerte lo intenta en contadas ocasiones, la mayor parte del tiempo se atiene a su tema, y logra así cuentos de estructura sencilla, efectivos al situar al lector en la esquina del ring, en la esquina de ese mundo dentro del mundo que es el ring.

En Cara de mono, Hoolie Vargas, un bleeder latino (un boxeador muy afecto a sangrar al primer raspón) comete el fatídico error de querer estafar a su cut man. En El judío negro, Reggie Love tiene que enfrentar al ugandés Dashiki Jones, pero él y su pareja de ayudantes sufren todo tipo de destratos por parte de la organización (hospedaje, comida, traslados); una vez en el ring, Reggie pelea por ganarse el respeto, por demostrar lo que significa ser un auténtico miembro de la magia. En Combate en Filadelfia, Mookie Bodeen, Con y Odell son un trío de boxeador, cut man y entrenador que tienen en sus manos la última posibilidad de un triunfo importante que podría cambiar sus vidas literalmente, empezando por una casa para la madre de Mookie. En Million Dollar Baby, Maggie, una treintañera que trabaja como camarera a medio tiempo convence al entrenador irlandés Frank Dunn para que la convierta en boxeadora. El cuento tiene menos golpes bajos que la película de Eastwood, pero de todos modos, el guión que Paul Haggis escribió para aquella es mejor. Allí, Haggis combinó elementos de otros cuentos de Toole, por ejemplo, Scrap (el personaje interpretado por Morgan Freeman) no pertenece a este cuento, sino a otro titulado Agua helada, donde aparece el personaje de Danger (un tipo tan lento que no entendía cómo hacían para meter el hielo en una botella hasta que Scrap le explicó que le ponían el agua primero y luego la congelaban).

En el último cuento del libro, el más extenso, Quemaduras de cuerda, el boxeo es un tema secundario. El caso (real) es este: en 1992, un hombre negro, Rodney G. King fue perseguido por la policía, atrapado y apaleado brutalmente. A pesar de que todo estaba filmado, los policías fueron absueltos. La reacción de la población de Los Ángeles fue una ola de violencia que duró cuatro días y dejó 50 muertos, miles de heridos, saqueos y edificios incendiados. En ese escenario, Toole sitúa la acción en la que se mueve el ex policía y actual entrenador de boxeo Mac McGee (que bien podría ser el modelo que Eastwood usó para el protagonista de Gran Torino), el viejo Cannonball, la señora Cabrera dueña del bar Acapulco, el prometedor juvenil olímpico Henry Puddin Pye y los pandilleros liderados por Air Jordan. Aquí, Toole simplifica las cosas de un modo, si se quiere, muy hollywoodense y manierista: los malos son malísimos y los buenos no tienen una mancha. El cuento termina con una escena digna de un western.

En resumen: un libro entretenido, de lectura ágil y lenguaje directo, mucho más cerca del periodismo que de la cima literario-boxística que alcanzó London con su excelente cuento titulado “Por un bistec”, por ejemplo, pero que, no obstante, tiene lo suyo.

Corto hemorragias y curo cortes.
Lo hago entre asalto y asalto para que los boxeadores puedan seguir peleando. Soy un cut man.
La sangre arruina a algunos chicos. Ese fue el caso de Sonny Liston, que en paz descanse. Pese a lo bueno que era, cuando veía su propia sangre se desmoronaba.
No soy yo quien decide cuándo se para un combate, y tampoco suturo los cortes una vez finalizada la pelea. Y no es mi trabajo hospitalizar a un muchacho por lesiones cerebrales. Mi trabajo consiste en cortar hemorragias para que el boxeador vea lo suficiente para seguir peleando. Eso es lo que hago, y quizá salvo el título a algún chico. Hago sólo esa minucia, y valgo hasta el último centavo que me pagan. Detengo la hemorragia y salvo la pelea, y el muchacho me quiere más que a su propio padre.

Calificación: bueno.
Título original: Rope burns. Stories from the Corner.
Traductor: Jordi Vidal.
Ediciones B, Barcelona, 2005.
ISBN: 84-666-2446-5

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4 comentarios en “Million Dollar Baby, F.X. Toole

  1. Buena reseña. No leí el libro ni vi la peli, pero entiendo lo que decís de “Por un bistec” porque lo disfruté muchísimo, en una pequeña edición de Alianza que viene con “El chinago”, otro gran cuento de London.

    Un abrazo.

  2. Me vino a la mente “La siesta del martes”, donde la madre del boxeador va por sus restos.
    Y, cuando mencionabas al boxeador negro judío (o algo así), no pude evitar recordar al personaje de Philip Roth en “La mancha humana”, que tiene esa ambigüedad.

  3. Como se sabe, a partir de su libro sobre boxeo, Joyce Carol Oates terminó siendo muy amiga de Mike Tyson. Ayer, en una entrevista de El País de Madrid que recogió La Nación, habla de él…

    “-¿Le siguen atrayendo tanto los mitos americanos?

    -Sí, mucho.

    -¿Cómo los describiría? ¿Alguien a mitad de camino entre el glamour de Marilyn Monroe y el instinto básico de un boxeador, como su amigo Mike Tyson?

    -Un mito americano generalmente es alguien que proviene de capas muy pobres de la sociedad, como huérfanos nacidos en tierras ignotas y que acaban triunfando en las grandes ciudades, en Nueva York, en Chicago. Protagonizan cuentos de hadas, como Cenicienta. La historia de Mike Tyson es así; la de Marilyn o la de Elvis Presley, también. El mito tiene que ver con el outsider que se cuela en el centro de atención y acaba a menudo destruido. Mike Tyson no lo ha sido completamente, pero lo ha pasado mal. Nada más triunfar, se metió en el mundo de la cocaína? Ahora habla de su vida como un fracaso.

    -¿Sigue viéndolo a menudo?

    -No, estuve con él hace un año y lo vi amargado. Sobre todo desde que su hijita de cuatro años murió. Tiene problemas psiquiátricos y se medica, pero, al fin y al cabo, ha durado más queMarilyn Monroe.

    -Los perdedores son su mundo. ¿No le interesa el triunfo?

    -Hay que aprender a vivir con el fracaso. Ahora Tyson dice que quiere seguir adelante para ayudar a otros, que ha actuado siempre haciendo daño a los demás y que le ha llegado la hora de cambiar.

    -¿La redención?

    -Cierto. Marilyn Monroe no pudo llegar a eso porque las drogas la destrozaron. Cuando debes tomar tantos calmantes para dormir, no puedes controlar nada en tu vida.”

    (…)

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