Hombres y engranajes, Ernesto Sabato

Sabato
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No es extraño que Ernesto Sabato dijera alguna vez que un escritor siempre está tras los pasos de un mismo libro. Dejando de lado su obra narrativa, cualquiera podría discernir a golpe de ojo que sus incursiones en el ensayo avalan empíricamente esa opinión. Desde su inaugural “Uno y el universo”, pasando por algunos sectores específicos de “El escritor y sus fantasmas” y “Apologías y rechazos”, Sabato siempre mostró un acentuado interés en la corrupción del hombre a partir del desarrollo de la ciencia. No obstante, esto no lo vuelve un decidido detractor de todo avance científico. Su labor más bien debe calificarse como la de un humanista que mira con cautela y está atento a la hora de determinar el punto donde la máquina deja de ser un instrumento o apéndice del hombre para tornarse en un peligroso sucedáneo. Quizá la traducción de su obra a un esquema gráfico nos llevaría a trazar una figura espiralada, que crece y se expande a medida que ronda un mismo centro neurálgico, obsesivo; un centro que le atrae tanto por la fascinación como por la amenaza que representa.
“Hombres y engranajes” procura examinar la progresiva gestación de ese hombre moderno a través de la historia y la historia del arte. Forzado a establecer un punto desde el cual proyectar su viaje filosófico, Sabato define la invasión de los turcos a Constantinopla, en 1453, como el fin de la Edad Media y, consecuentemente, el comienzo del Renacimiento: lo que en otras palabras podría definirse como el abandono de la percepción intuitiva y la gran entrada al reino mensurable de la proporción. El autor no deja de observar con buenos ojos esa nueva tendencia por parte del hombre secular hacia el rigor matemático, pero destaca la irrupción del dinero como el flagelo responsable del capitalismo y, por supuesto, el germen de lo que siglos después será el “hombre-cosa” contemporáneo. Así, los tentáculos de una ciencia que soñó hacer malabares con el mundo después de la invención de la máquina, terminan estrujando a su propio creador.
Esto motiva una reflexión aguda, amplia, por momentos irónica, que indaga en la deshumanización del arte, el presunto papel liberador del Romanticismo y las vanguardias, y la naturaleza y desenvolvimiento de los dilemas existenciales, metafísicos, tan propios del individuo del siglo XX. De hecho, Sabato se atreve a especular con que la proliferación de muchas enfermedades terminales de la actualidad se debe a un desgarramiento temporal interno; producto del esfuerzo que supone adoptar un ritmo de vida acelerado que no condice con la percepción primigenia o natural del tiempo.
Sería inútil reseñar las ideas, o el fundamento de muchas ideas que se desglosan en este volumen. Sí quiero decir que aparece, sobre el final, una modesta y a mi entender acertadísima respuesta a una pregunta recurrente, acaso inevitable para un hombre en la disipación del nuevo mundo. Una verdadera llave. Una verdad que nos colma de esperanza. Casi un dogma que por primera vez se siente generoso. Y por supuesto que no voy a contar ni la pregunta, ni la respuesta.

Si en 1900 un curandero curaba por sugestión, los médicos se echaban a reír, porque en aquel tiempo sólo creían en cosas materiales, como un músculo o un hueso; hoy practican esa misma superstición con el nombre de “medicina psicosomática”.

¡Al diablo con el razonamiento puro y la universalidad de las leyes! ¿Acaso el que razona es un Filósofo Abstracto o yo mismo, transitorio y mísero individuo? ¿Qué importa que la Razón Pura sea universal y abstracta si El-que-razona no es un dios desprovisto de pasiones y sentimientos, sino un pobre ser que sabe que ha de morir (…)

Calificación: Muy bueno.
Editorial: Planeta / Seix Barral, Buenos Aires, 2006.
ISBN: 950-731-490-3

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3 comentarios en “Hombres y engranajes, Ernesto Sabato

  1. Bueno, Sábato es grande. Me gustó la reseña y sobre el tema del tiempo, hace poco leí un artículo científico sobre los ritmos circadianos y su desmedida falta de compás con los nuevos ritmos humanos alterados y la ineficacia de la ciencia para pronosticar qué saldrá de todo eso… Me gustó mucho la idea de que hay una esperanzo por allí al final, aunque más no sea al final de un libro.

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