El hombre barbo, Jerome Charyn

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Charyn

En las 300 páginas de esta autobiografía novelada hay suficientes personajes delirantes y escenas absurdas, grotescas, inverosímiles o ridículas como para que el lector, aunque sólo sea por eso, se quede bastante enganchado con el devenir de los sucesos. Las cosas pasan, pasan y no dejan de pasar. La mirada de Charyn no se detiene demasiado sobre los hechos, no hay un moroso acercamiento reflexivo en el que se pretende extraer de cada cosa hasta su última esencia, no, nada de eso, capítulos breves, párrafos cortos, frases escuetas. Pum. Pum. Pum. Una tras otra sin solución de continuidad. En un momento, Jerome es un chico del Bronx apaleado por una niña negra y al otro está levantando pesas con su hermano Harvey; más tarde está muy ocupado entre las tetas de Lilly, una arpista, y más tarde forma parte de una banda de delincuentes juveniles a la vez que se convierte en un maestro de la geometría. Con pulso frenético, Charyn nos invita al desfile de los personajes y escenarios de su vida mientras él mismo, sentado en un rincón, le pone música a la presentación. Jefe de un servicio de catering, interno de un manicomio y amigo íntimo de un asesino psicótico, mendigo, negro literario para una revista de aventuras de distribución nacional, convicto, jefe de una banda de niños atracadores, expulsado de la Navy… y hay más en este loco carrusel de los roles que Charyn interpretó a lo largo de su vida. El estilo va del policial negro a la novela costumbrista con una facilidad inusitada que por momentos acerca la novela a una especie de lo que podríamos llamar un oscuro-realismo-mágico-urbano, en el que se funden el amargo humor de un hombre apaleado y la mirada recreadora de un niño singular.

Lo que trasluce toda la narración es que Charyn es un tipo que las ha pasado muy feas, y que un hombre así no está para ensoñaciones poéticas a la hora de girar sobre sus tacones para mirar su propia vida. Un muchacho del Bronx, un muchacho barbo (piensen en un pez acostumbrado a salir del agua, chapoteando entre el barro de la orilla con sus aletas para buscarse el sustento), va a lo que va, sin vueltas. A eso viene este libro, a tomarte del cuello sin miramientos para contarte un par de cosas, sin preguntarte si las querés escuchar y sin endulzar las frases. ¿Por qué? Porque con esas palabras él va a comer. Por eso. Porque para él, escribir también es meter las manos en el barro para pescar un barbo y asarlo bajo un puente, junto a otros niños hijos de polacos inmigrantes.

Escribí y taché. Volví a escribir. Comenzar siempre es mortal. Pasar al papel lo que sientes. En el cuartucho debía estar a 45 grados. Peor que el Sahara. Al infierno con el calor. Había agarrado mi historia por el rabo y no la soltaba. Escribí una línea que tenía vida propia.

Calificación: muy bueno.
Título original: The Catfish Man. A Conjured Life (1980).
Traducción: Cristina Arman.
Editorial Thassàlia, Barcelona, 1996.
ISBN: 84-8237-047-2

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Un comentario en “El hombre barbo, Jerome Charyn

  1. Por un momento sentí que la reseña estaba escrita en el mismo tono del libro, lo que hablaría de la influencia de una literatura en un lector sensible, capaz de asir su verdadero espíritu.
    En otras palabras: linda reseña.

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