California Roll, Roger L. Simon

Simon
***

La década del 70 tuvo varios cambios reflejados dentro de la novela negra norteamericana. Había pasado Vietnam, el movimiento Hippie, Watergate. El mayo francés y la primavera de los movimientos comunistas por todo el mundo. Difícil sería que algo de todo esto no se viera reflejado en un género acostumbrado a ser el espejo de lo social y cotidiano. Si metemos todo lo anterior en una coctelera y sacudimos bien, sale Roger L. Simon y su mayor creación, el detective privado Moses Wine.
Simon es parte de una camada de autores, los otros más representativos son sin dudas Robert B. Parker y Donald Westlake, que tomaron por asalto el género a mediados de los setenta e instauraron sus propias reglas. Todos ellos, pero en particular Simon y Parker, son deudores de Raymond Chandler y de su estilo, y llevaron las reglas que proponía el mítico creador de Phillip Marlowe más allá aún, especialmente el humor (devenido de la combinación entre ironía y sarcasmo de sus protagonistas) pero mezclado con un universo muchísimo mas “pop”, conciente y auto referente de todo lo que rodea a la acción.
Moses Wine es judío, comunista desencantado, drogón y mujeriego, quien en este caso que nos ocupa (la cuarta novela de la serie, en total ocho hasta la fecha) tiene 40 años y anda bastante a la bartola. Una corporación de informática de Silicon Valley lo contrata como jefe de seguridad y el analfabeto computarizado que es Wine terminará metido de cabeza en asuntos de espionajes industriales que se cobran tranquilamente varias vidas. El tiempo (esta novela fue publicada en 1985) no ha sido generoso y casi todos los aspectos “modernos” que nos ofrece son anacrónicos u obsoletos. La guerra tecnológica ocurre años antes de que a Bill Gates se le ocurriese siquiera robarle manzanas a Steve Jobs y es un mundo donde Internet es apenas un rumor entre nerds. Esto no es todo, aparecen espías soviéticos, robots y hay una suerte de amenaza global a un mundo que resulta tan, pero tan lejano, que es difícil sentirlo como nuestro.
El lado bueno del relato (y lo que la vuelve en definitiva una novela recomendable), deviene de que Simon tiene un ritmo endemoniado para narrar y un estilo casi que humorístico (no paródico, respeta el género a ultranza) que arranca no pocas carcajadas. Amén de esto, la historia policial se sostiene por si sola. En suma, una buena novela policial.

-Mo-Mo-Moses, hay una cosa que quería preguntarte cuando te llamé. ¿Has leído el Zohar? ¿La pa-parte que dice que na-nada se pierde en el mundo, ni siquiera el va-vapor que sale de nuestras bocas?
-No.
Pareció llevarse una decepción. Witherspoon contuvo un suspiro de irritación.
-¿Por qué no le explicamos a Moses lo de nuestro segundo frente?
Wiz sacudió la cabeza con aire distraído.
-Ya ve usted los frutos del trabajo de este hombre.- Witherspoon señaló a Wiz con la cabeza-. Los brillantes inventos que ha hecho en estos últimos años nos están siendo robados por todo el mundo: los japoneses, los coreanos, principalmente los chinos. Y los venden por la mitad de precio a que podemos vender nosotros.
-No fui yo so-solo. Yo no construí estos ordenadores a solas. Son el producto de…
-Un esfuerzo colectivo. Sin duda.- El hombre de más edad bajó los ojos, con cansancio. Estaba claro que aquella pareja tenía tantas cosas en común como Joan Baez y Nancy Reagan-. Mire, la cuestión es que. colectivo o no, el trabajo de esta compañía está siendo expoliado por todos los costados. Hemos tratado de impedirlo con métodos legales pero…-Extendió una mano hacia un grueso fajo de documentos-. Es inútil. Comprenda: en Oriente, copiar el trabajo de otra persona no está mal visto. Es un arte antiguo y respetado. No tienen leyes de copyright y tampoco hacen caso de las nuestras. Con su mano de obra barata, sólo tiene que tomar un ordenador, copiarlo y empezar a producirlo sin tener que pagar ni un centavo de nuestros inmensos gastos de investigación y desarrollo. No es justo, ¿verdad?
Tuve que convenir en que no lo era.
-Lo que queremos de usted es que acabe con todo esto.
-Oh- exclamé, mientras me asaltaban visiones de mí mismo entrando en una fábrica en Singapur llena de obreros mal pagados, para destruir con un martillo pilón todo un cargamento de ordenadores en embrión. No me pareció una misión muy fructífera.

Calificación: Buena.
Titulo original: California Roll (1985).
Traducción: Jorge Luis Mustieles Rebullida.
Editorial: Versal, S.A., 1987.
ISBN: 84-86311-49-7

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