Borges y los orangutanes eternos, Luis Fernando Verissimo

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Veríssimo

El argumento que propone el autor brasilero es atrapante desde el vamos: en un congreso que reúne a eruditos en la obra de Edgar Allan Poe de todo el mundo, que se realiza en Buenos Aires, ocurre un asesinato. Este tiene todas las trazas de cumplir con los crímenes que planteaba el legendario escritor bostoniano: un muerto en extraña posición, en un cuarto con la puerta cerrada, múltiples sospechosos. Eso no es todo, no se tarda en avanzar pobremente en la investigación, cuando aparecen ramificaciones con la obra de otro escritor de Nueva Inglaterra, el genial HP Lovecraft. Y sin ir muy lejos, podemos descubrir otro homenaje en el trabajo de Verissimo. La investigación que realiza Jorge Luis Borges lo asemeja con el  Sherlock Holmes de Arthur Conan Doyle, y el que esté instalado permanentemente en su hogar transforma a la calle Maipú en una hermana lejana de Baker Street. Eso no es todo, Vogelstein, el brasilero narrador de la historia es un símil al Dr. Watson (aquel de las horas más oscuras, el que no se da cuenta de nada de nada). Incluso el criminalista Cuervo podría encarar a un Lestrade bien dispuesto. Ahora bien, ¿alcanzan los homenajes, una buena idea, para llegar a brindar un buen relato? Lamentablemente no.

Borges mismo no le fue esquivo al policial, y a este mismo tipo de policial precisamente. Al policial “problema”, dónde el crimen lejos está de ser algo cruel y horrible, sino que en cambio es mucho más un problema matemático o un asunto lúdico. Un cadáver no es un cuerpo ensangrentado, sino la clave o el código para nuevas pistas. Los indicios no son huellas dactilares, no accedemos a pistas mediante interrogatorios, sino que todo se deduce, se adivina. Pero allí donde Borges planteó buenas historias dentro de este marco (“El jardín de los senderos que se bifurcan” por decir una, que es mencionada a la pasada en el libro que nos ocupa), Veríssimo parece dispuesto a ofrecernos una tomadura de pelo. El misterio aquí es imposible de resolver, por lo cual se traiciona una de las máximas del policial “problema”, que es el del involucrar al lector en la resolución del misterio. Podemos creer que el brasilero está planteando una broma entonces, pero se toma bastante trabajo en volverse críptico, entreverado, oscuro, como para simplemente buscar el chiste. La resolución llega en esta historia en el capítulo final, como suele acostumbrarse en este tipo de relatos, en boca del propio Borges. Pero es imposible haber alcanzado la misma deducción, porque hay múltiples elementos que el Borges de Veríssimo emplea, que a nosotros nos fueron escamoteados.

Nota al margen es la curiosa elección del editor de Sudamericana para esta edición en castellano, quien en la contraportada del libro nos revela la identidad del asesino y las razones que tuvo este para cometer el crimen, algo que Veríssimo se ocupa de escondernos durante las 123 páginas escasas que ocupa esta nouvelle. Capaz que le pareció intrascendente revelar semejante punto, quien sabe.

-Busqué mucho tiempo información respecto de John Dee para mi estudio del espejo en la literatura y las artes mágicas a lo largo de los siglos- dijo usted -. Lo escribo en parte para exorcisar el pavor que siento desde mi niñez por los espejos. Los espejos también obsesionaban a John Dee. En el Museo Británico se expone un speculum de su colección, un trozo sólido de vidrio del tamaño de una pelota de tenis que él usaba en sus experiencias. Cuando lo vi por primera vez, yo lograba distinguir más cosas que ahora. Noté que speculum irradiaba una luz extraña, como un halo intermitente. Lo comenté con la persona que me acompañaba, y la persona preguntó: “¿Qué luz?”.
-Sólo usted la veía…
-Sólo yo la veía. Si creyera en esas cosas, diría que John Dee intentaba comunicarse conmigo a través del tiempo. En un código sólo conocido por antiguos y modernos asiduos a la biblioteca del rey de Bohemia, la real y la imaginaria. No presté más atención al asunto.
-Porque usted no cree en esas cosas.
-Soy como un amigo mío, que fue a visitar la catedral de Chartres y empezó a levitar ante uno de los vitrales, hasta que recordó que no era místico y regresó al suelo.

Calificación: Regular (apenas).
Titulo original: Borges e os orangotangos eternos (2000).
Traducción: Alfredo Grieco y Bavio.
Editorial: Sudamericana, Buenos Aires, 2005.
ISBN: 950-07-2632-7

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10 comentarios en “Borges y los orangutanes eternos, Luis Fernando Verissimo

  1. Creo que era referido a aquello de “Ud nunca adivinará que el asesino es Jack el Forastero”, el sketch (mas o menos, así de memoria a las 4:35 de la matina) de Les Luthiers.

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