Winter World, Chuck Dixon, Jorge Zaffino

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Las historias post apocalípticas son una moda que no pierde fuerza nunca. Todo lenguaje se ha visto tocado por esta especie de subgénero sin falta, tenemos en literatura (relativamente cercana en el tiempo) La Carretera de Cormac McCarthy y el ejemplo paradigmático en cine de la serie de Mad Max. Justamente, a la serie de Mad Max se asemeja esta novela gráfica (o novelas gráficas sería más justo decir, ya que la edición incluye además de la del título a Winter Sea) creada por el guionista estadounidense Chuck Dixon (veterano creador de historietas de superhéroes, largas etapas de Batman a su cargo) y el dibujante argentino Jorge Zaffino (veterano de la mítica editorial Columba, con un CV más largo que mi brazo, lamentablemente fallecido en el 2002 con sólo 42 años) allá por los años 1987/1988. El contexto es bien hijo de su época: el mundo ha alcanzado una nueva era glacial y los pocos humanos sobrevivientes se limitan a viajar de aquí para allá, tratando de comerciar entre sí, evitando ser matados, así deban matar para ello.

Dixon
Zaffino

Scully, el protagonista de esta historia, es apenas un poco mejor que el resto (más capaz habría que decir, ya que éticamente no lo es). Conserva algunos rastros de la cultura pre Apocalipsis (en lo que es al parecer el único), Apocalipsis que se nos muestra bastante lejano en el tiempo e inteligentemente inexplicado. La historia comienza cuando conoce a Wynn, una joven, casi una niña, a la que rescata y sus destinos quedan unidos irremediablemente, sin que Scully sepa explicar mucho porqué. No son estas creaciones la mar de originales (ni el mundo o historias que protagonizan) y ambos dos cumplen bastante al pie de la letra los esteriotipos de ‘héroe duro y desencantado’ y ‘chica en problemas, pero capaz que de arreglárselas sola’. Es más, salvo ellos dos (y tampoco la pavada) no hay personajes que sean desarrollados en el devenir de la obra (con la posible excepción de los habitantes de Cabo de Hornos, al final de la historia). Pero cumpliendo todos los clichés del género, de todas formas la historia se las ingenia para ser entretenida y tiene momentos muy buenos. Es más, el arranque de la segunda historia (la ya mencionada Winter Sea) tiene momentos muy divertidos, generados a partir de la interacción de sus dos personajes protagonistas (y de un glotón mascota, que aporta lo suyo).
El punto extra que confirma esta como una buena historia es el trabajo superlativo de Zaffino. El argentino narra como los mil demonios, aportando vértigo a cada página y mostrando unos paisajes perpetuamente helados que son un prodigio de su lápiz. No sólo eso, hay un cuidadísimo trabajo en entorno, ambiente, maquinarias, que le da a la obra todo un tono de narración tan clásica como épica. Y la prosa de Dixon tiene sus momentos por encima de la media, también, sobre todo cuando se juega con elementos de ese mundo pre Apocalipsis, tan lejano como perdido. Como en el momento que Scully queda perdido en el hielo y reflexiona:

Frío.
Súper frío.
Tengo las pelotas congeladas.
Qué frase divertida.
Tengo las pelotas congeladas como un mono de lata.
Sé lo que es el frío.
Hasta lo de las pelotas de lata tiene sentido.
Pero…
¿Qué mierda es un mono?

No le va a cambiar la vida a nadie, es cierto. Pero Winter World vale lo suyo.

Otra página a modo de cita:

Calificación: Bueno.
Traducción: Fernando Ariel García.
Editorial: Doedytores, Buenos Aires, 2010.
ISBN: 978-987-9085-48-6

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