Máscaras de la ficción, Román Gubern

Gubern
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Román Gubern (catalán nacido en 1934), profesor de historia del cine y de ciencias de la comunicación, crítico cinematográfico, guionista y autor de casi cuatro decenas de libros dedicados en su totalidad a los mass media (con eje central en el cine, aunque siempre muy cerca de la televisión y el cómic), elige en Máscaras de la ficción medio centenar de personajes creados en los últimos dos siglos y traza, a partir de ellos, la mitología moderna de la ficción. Agrupados de acuerdo a ejes temáticos tales como la culpa, los sueños, la derrota y el doble, personajes aparentemente tan disímiles como el monstruo de Frankenstein, Lolita, Superman, Robocop, Pinocho, Raskolnikov, Barbarella, el capitán Ahab, Flash Gordon y Josef K, entre muchos otros, son traídos a la palestra para ser vistos desde una luz un poco distinta, revelando así en sus mitos respectivos (que por archiconocidos creíamos diáfanos y quizás agotados), matices que ayudan no sólo a comprenderlos mejor, sino a comprender mejor el mundo y el momento histórico en que vivieron los hombres y mujeres que los produjeron.

Siguiendo a Carl Gustav Jung y su teoría del inconsciente colectivo, podemos pensar en este concepto como en una herencia psíquica que cada individuo comparte con su especie. Es un bagaje colectivo que se encarna en la individualidad de un modo tan natural que al final resulta imperceptible. Estos contenidos psíquicos inconscientes comunes a toda la humanidad se ordenan y estructuran en torno a ciertos arquetipos de naturaleza universal que se relacionan con una serie de experiencias comunes (“no existe una sola idea o concepción esencial que no posea antecedentes históricos”, dice Jung). En cada época, unos símbolos alcanzan el estatus necesario para encarnar un arquetipo. Y -en mi opinión- lo más interesante de estos arquetipos es la forma en la que influencian el modo en que las personas ven el mundo y sus vidas, a la vez que esos arquetipos van modificándose gracias a las experiencias personales. Esa doble influencia hace que si bien un mito pauta una manera de vivir una experiencia, también es verdad que toda nueva experiencia puede pasar a formar parte del mito arquetípico, enriqueciéndolo y complejizándolo. Lo interesante de esto es que hablamos de cuestiones dinámicas, jamás estáticas o inmutables. Pues bien, lo que hace Gubern a lo largo de los cuarenta ensayos de su libro es un recorrido a través de las nuevas encarnaciones de los arquetipos universales de la Humanidad, es decir, la forma en la que el mundo, desde la Revolución Industrial hasta nuestros días, se ha enfrentado a esa herencia psíquica compartida y la ha actualizado, apropiándosela por medio de todas las formas posibles del arte.

Como el buen ensayista que es, Gubern logra dotar de interés y agilidad narrativa a temas que bien podrían haber caído en lo tedioso, aunque hay que señalar que el final de cada capítulo, en el que el autor hace gala de su erudición cinéfila, enumerando con lujo de detalles las más relevantes adaptaciones fílmicas de, por ejemplo, Drácula, puede ser agotador para un lector poco interesado en nombres de actores, directores y guionistas, y fechas de comienzos de rodajes, estrenos y remakes. Salvando este punto, los ensayos se leen con mucha fluidez y deparan, aquí y allá, gratas oportunidades para revisar ideas y para comenzar a pensar en otras. De tal modo, más que una especie de manifiesto canónico, Máscaras de la ficción es un libro que un lector experimentado (y con esto me refiero a alguien que conozca gran parte de las obras que aquí Gubern desglosa) podrá utilizar como herramienta, a modo de un machete, para adentrarse en el tupido follaje de la mitología moderna y posmoderna de los medios masivos de comunicación, y, entendiendo los motivos de su evolución, quizá acceda a una comprensión un poco más cabal del mundo que la produce (y consume).

Los protagonistas de las narraciones son aparatos culturales, son personas virtuales que ocupan la cúspide en la jerarquía literaria canónica formada por tipos, caracteres y personajes, en una escala de creciente individualidad y profundidad. En la base de la pirámide se halla el tipo, casi siempre estereotipo, término que procedente del léxico de los impresores y que sugiere uniformidad repetitiva. En la cúspide se halla el personaje (del latín personam, máscara del actor), sujeto investido de una fuerte individualidad o singularidad, y, muchas veces, fundador de una estirpe de descendientes o de variantes de su modelo original. En el teatro griego, una treintena de máscaras permitían representar todos los personajes posibles, si que su público percibiera limitación o monotonía en ello y sus protagonistas aspiraban a provocar, como los actuales, un movimiento de simpátheia en su audiencia, de identificación con sus sentimientos. Esta motivación no ha cambiado.

Calificación: Muy bueno.
Editorial Anagrama, Barcelona, 2002. 502 p.
ISBN: 84-339-6170-5

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