Dos crímenes, Jorge Ibargüengoitía

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Ibargüengoitia
Ibargüengoitia

Ser comunista en México a fines de los 70s es un asunto peligroso. Tan es así, que ante la más mínima sospecha, el Negro y la Machuca ponen pies en polvorosa y lo hacen a tiempo, ya que no tardan en descubrir que los culpan de un crimen que no cometieron. Sus caminos se separan y la novela sigue entonces al Negro, quien viaja a la provincia, a esconderse entre parientes que no ve hace más de 10 años, ricos por añaduría, a los que pretende timar. Pero encuentra al llegar una situación bastante complicada. El viejo patriarca de la familia tiene un pié en la tumba y todos los sobrinos allí están, acechándolo cual caranchos. La llegada del Negro no será bienvenida.
Con este argumento, una ágil prosa, poderío descriptivo y un estupendo humor, Ibargüengoitia se permite destazar a los terratenientes mexicanos, oligarcas de pueblo, mediante una radiografía donde desglosa paso a paso todos sus defectos: son estúpidos, son avaros, son ambiciosos. Pero no es que el protagonista sea mucho mejor. El Negro se va definiendo a sí mismo a medida que avanza el relato y esencialmente es un desgraciado sin el menor ápice de suerte. Quiere el destino que se vaya librando de cada conflicto para caer de bruces en uno todavía peor, en una suerte de farsa o sainete que no parece tener fin.
Curiosa es la elección de Ibargüengoitia de, cuando mayor tensión ha generado en su historia, más nos interesa el destino del Negro, todas las piezas están en el tablero de ajedrez esperando la jugada definitiva, pegar un sonoro timonazo: mete con cuña una investigación policial, al tiempo de que cambia de narrador (todo a escasas 50 páginas de cerrar la narración) y nos trata de dar un nuevo panorama de situación. Es una elección que al menos yo lamenté profundamente, porque la profundidad alcanzada antes por el relato, así como la tensión e interés en sus protagonistas, se pierden considerablemente y ya no se recupera. No arruina el libro, no, pero sin dudas que semejante giro de los acontecimientos no lo favorece.

La revelación que hizo don Pepe, más que escandalizarme, hizo más interesante, y mucho más clara, la figura de mi tía Leonor. Aunque, claro, esto no impidió que a partir de ese día, cuando algo sale mal y me da la melancolía, diga para mis adentros:
-Nací en un rancho perdido, mi padre fue agrarista, me dicen el Negro, la única parienta que llegó a ser rica empezó siendo puta: estoy jodido.

Calificación: Bueno.
Editorial: Joaquín Mortiz, 2009.
ISBN: 968-27-0540-1

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