El fantasma de Stalin, Martin Cruz Smith

Cruz Smith
***

Corren malos días para el investigador del fiscal Arkady Renko. Moscú nunca es tranquila, pero ahora debe atender a una mujer que solicita asesinos al teléfono de la policía, aparece una gigantesca fosa común en unas reformas en el palacio de Justicia (y no será la única fosa común que veremos en estas páginas), una riña familiar termina con un hombre con un cuchillo clavado en la nuca y, por si lo anterior fuera poco, el fantasma de Josef Stalin comienza a aparecerse en una estación de metro para saludar a los transeúntes.

Mediante una compleja y ambiciosa trama, que incluye además aspectos personales de la vida del investigador Renko así como una profunda crítica social sobre la ex Unión Soviética, Cruz Smith avanza como un tren desbocado, generando una novela verdaderamente adictiva, de un ritmo frenético. Cierto es que quien mucho abarca poco aprieta y en el frenesí de las resoluciones, digamos la recta final del libro, muchas puntas abiertas con anterioridad quedan como cabos sueltos (algo que de por sí no importaría, si no fuera que importantes deducciones del protagonista surgen de estas mismas puntas). Así mismo, Cruz Smith juega con la verosimilitud al límite, pidiéndonos que aceptemos que todo, todo esto que pasa, son las muchas patas de un mismo asunto. Logra convencer, pero arañando, más que nada mediante oficio narrativo, más que por un irreductible argumento.

Esta es la sexta, de siete por el momento, novela protagonizada por el investigador Arkady Renko y es, sin duda alguna, un personaje impactante. Surgido en las páginas de “Parque Gorki” (1981), primera novela de la saga y la mejor que he leído con el personaje (existe además una estupenda adaptación cinematográfica, con William Hurt como Renko, acompañado por Brian Dennehy y Lee Marvin), es Renko un carácter por demás complejo. Ni comunista, ni anticomunista, es como el último hombre bueno en un entorno sin esperanzas. Y hay que ver cuan desesperanzado es el Moscú (y Rusia toda) de Cruz Smith! Hay momentos que el hijo de comunistas que soy se revolvía ante la critica devastadora que realiza el autor (y se preguntaba si el autor fuera ruso, pondría en duda todo esto que dice?) y que lleva a preguntarse quién podría seguir viviendo en ese entorno decadente, corrupto, acabado. Quiso la casualidad que escuchara al propio Cruz Smith hablar el año pasado y el hombre se despachó con este mismo discurso, pero para la humanidad toda. Se definió como un hombre desencantado, del resto de sus congéneres y de lo que hemos logrado todos como sociedad. Un viejo amargado, dijo él, no yo, que sólo espera vivir medianamente decente los últimos años de su vida. Al margen de esto, y de esa imagen tristísima que se da de la ex Unión Soviética, “El fantasma de Stalin” es una novela muy entretenida, muy bien escrita, y que tiene flor de personaje como protagonista. Renko está a la altura de un Lew Archer o un Philip Marlowe.

El investigador, sin embargo, se mostraba más prudente en relación con lo que había ocurrido en el estanque de patinaje. Había registrado los bolsillos de Bora y encontrado unos papeles mojados que correspondían a Boris Antonovich Bogolovo, treinta y cuatro años, ruso étnico, residente en Tver, electricista, ex deportista condecorado. Un recorte de periódico de un combate de boxeo y un condón parecían resumir los pasados triunfos y las esperanzas de Bora para el futuro.

Calificación: Bueno.
Título Original: Stalin´s Ghost (2007).
Traducción: Gerardo Di Masso.
Editorial: Emecé, 2009.
ISBN: 978-84-96580-39-8