El Decamerón, Giovanni Boccaccio

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Boccaccio

A fines de la Edad Media la peste azotó a los países europeos en diversas oportunidades. Ese es el contorno realista en el que esta clásica y emblemática obra de Boccaccio se enmarca.

Conocida es por todos la función catártica de la literatura, tanto para el lector (o espectador) como para quien la produce. En este caso los personajes mismos adhieren a esta función. Diez jóvenes de discutible abolengo deciden dejar Florencia con el objetivo de sobrevivir a uno de los embates del mal mencionado arriba. La situación en la ciudad es alarmante, y Boccaccio (ficcionalizado, claro) la cuenta así en la introducción:

A la vista de la cantidad de cadáveres que día a día y casi hora a hora eran trasladados, no bastando la tierra santa para enterrarlos (…) estaban llenos de fosas grandísimas donde colocaban a centenares de los recién llegados, tirándolos como mercancías…

Y después, con cierto tono irónico:

¡Cuántos hombres valerosos (…) desayunaron por la mañana con sus familiares y amigos, para por la noche siguiente cenar con sus antepasados!

Siete mujeres y tres hombres partirán entonces hacia el campo donde esperan encontrar la bonanza del aire y el solaz que ya no existen en la ciudad. Después de un breve tiempo tropiezan con el aburrimiento, lo que provoca inmediatamente la necesidad, más que el deseo, de contar historias, de agasajarse con palabras. La consigna será a partir de entonces que cada uno presente a los demás un relato, una historia, cuyo fondo pretendido es la realidad pero que usualmente transitará por el camino de lo fantástico, de lo absurdo o de lo dramático. Por cada día, un rey o una reina, y diez historias. Generalmente es el “rey” o la “reina” recién nombrado quien indica el tipo de relatos que ha de presentarse al día siguiente (de tema amoroso, de hazañas de honor, de ingenio y vivacidad). Entonces, después del almuerzo y del descanso, ya entrada la tarde, comienza el regocijo. Finalmente se elegirá un nuevo rey, o reina, y se repetirá la ceremonia.

Claro que los temas no pasan de ser un mero organizador intradiegético que además revela los intereses de cada uno de los distintos personajes (o sea, una forma indirecta de conocerlos), puesto que, no importa cuál haya sido la consigna, en todas las jornadas habrá cuentos de amor desencontrado, de llamativas infidelidades femeninas, de pervertidos curas que se refocilan junto a hermosas doncellas (o donceles) después de engañarlas, de penosos robos a amigos de toda la vida, de nobles que desmienten esa cualidad con su comportamiento. Porque si algo hay que decir de Boccaccio es que no ahorra críticas a nadie. Y si hay algo que se pueda agregar, diremos que se trata, sobre todo, de un escritor valiente. ¿Cómo creen que las habría pasado frente al inquisidor para explicar este subtítulo (los subtítulos están colocados allí por él mismo, cabe acotar) a la “Narración Segunda” de la Jornada Novena?

Levántase una abadesa, con prisas y a oscuras, para sorprender con su amante a una monja que ha sido delatada. Y como aquélla estaba con un cura, imaginando ponerse la toca, se pone los calzones del sacerdote. La acusada lo ve, se lo hace notar, y así se libra y queda a sus anchas con su amante.

Desde el punto de vista de la historia del arte literario, estamos ante una obra angular, el inicio de muchas cosas en lo narrativo que después tendrán su correlato en el Renacimiento y el Barroco, y por ende en la novela moderna (el sistema -por demás complejo para la época- de narradores-narratarios dentro y fuera de la diégesis y a varios niveles de la misma, es sólo el ejemplo más grueso). Es imposible pensar en esta serie de cuentos o, si se quiere, en esta novela compuesta por cuentos (pero novela al fin, ya que su trama así lo indica, como también los sutiles niveles de relación de los personajes entre sí, que evolucionan incluso hasta dejar en pie la posibilidad del amor entre varios de ellos), sin pensar en El Quijote y aun en las referencias que se hacen en la obra de Cervantes hacia esta obra maestra de la literatura universal. Hace unos meses me tocó reseñar La vida nueva de Dante y me autoeximí de colocar una calificación. Pero Boccaccio no es Dante, y, consciente de la grandeza de su admirado antecesor, tampoco pretende serlo; eso lo coloca en un plano más terrenal en el que se me hace más fácil decir que sí, que efectivamente, como sospechábamos todos, estamos ante otro cinco estrellas.

Dioneo acabó la narración y las mujeres no rieron mucho, por vergüenza. Llegado el final de su reinado, la reina se levantó, quitóse la corona de laurel y la colocó en la cabeza de Elisa, diciendo:
-Os toca ahora a vos el mando.
Elisa, al recibir tanto honor, hizo todo lo adecuado. Concertó con el mayordomo lo que se debía hacer, y luego dijo a todos:
-A menudo oímos cómo las palabras ingeniosas o las buenas respuestas han conseguido alejar peligros. Como la materia es buena, quiero que mañana se trate de este tema, o sea,  ingeniosas respuestas que hayan servido para rehuir peligros.
Todos acogieron bien la ocurrencia, y al levantarse la reina, se separó todo el grupo, y cada uno hizo su gusto.

Calificación: Excelente.
Título original: Il Deccamerone.
Editorial: Bruguera Mexicana de Ediciones (1969).
Traducción: Caridad Oriol Serrer.
ISBN: 84 02 05842

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2 comentarios en “El Decamerón, Giovanni Boccaccio

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