El tejedor, James Sallis

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Sallis

El tejedor es la primera novela de la serie de Lew Griffin. Lo que hace Sallis aquí tiene su riesgo, nos presenta a su personaje de un modo muy poco usual, mediante cuatro casos aislados (pero vinculados por una fuerza que los atraviesa) a lo largo de cuatro décadas, de modo que en apenas 220 páginas asistimos a un pantallazo general de casi toda la vida de Griffin. Los cuatro casos funcionan como relatos independientes, pero apuntan a un objetivo más lejano: la configuración de Griffin como un personaje denso e intrincado que revela una arista nueva ante cada nuevo desafío. Cada misterio ronda un núcleo común: alguien ha desaparecido. Primero, en 1964, Corene Davis, una joven activista por los derechos de los negros; luego, en 1970, Cordelia, una niña que aparentemente ha escapado de la casa de sus padres en un pueblito semi-rural; en 1984, Cherie, la hermana de un pederasta reformado al que Griffin conoce en un refugio para gente sin hogar; y al final, en 1990, David, el hijo del propio Griffin. Siempre que uno busca algo, en el camino encuentra otras cosas, muchas veces uno querría no haberse enterado de nada, ir directamente al final de la historia con los ojos cerrados, como si eso fuera posible.

Griffin es un mediador, un hombre que vive en la frontera móvil de un mundo asediado por una brutalidad que si en algún momento tuvo reglas internas que explicasen su lógica, unas reglas que aún en el horror otorgasen a las personas una cierta seguridad, ahora ya las ha perdido. Todo puede ocurrir. Nada es en verdad imposible en un mundo que ha aceptado la ausencia de un sentido universal y que está disparado en infinitas direcciones, en las direcciones personales de cada deseo, de cada temor, de cada ansia. Para que algo suceda, por malo que parezca, basta con que alguien se atreva a ello. Y en un mundo grande y poblado (Nueva Orleáns es una maqueta de ese mundo), siempre habrá alguien que se atreva. Griffin se mueve en ese mundo con perplejidad, con furia, con la cansada y tenaz fuerza de su propia moral, siempre en duda, siempre puesta a prueba. Es como si Griffin estuviese condenado a darle golpes de puño a una larga hilera de bolsas: algunas están rellenas de papel y algunas, de aserrín; otras, de arena; la mayoría, de puros ladrillos. Es imposible que el hombre acabe con la mano sana. No se puede hacer algo contra la peor parte de las cosas sin participar de ese lado, sin ver cuánto de nosotros mismos es el eco de esa tonada, esa parece ser una lección que Griffin aprende lentamente y de la peor manera.

Habla Griffin. Le habla a un negro de metro noventa y cinco de estatura y más de cien kilos de peso, encargado de que una chica se suba a un autobús al que ella no quiere subir.

-Sé que es usted un hombre importante y poderoso, rey, y probablemente esté acostumbrado a que la gente tiemble e incluso algunos se mojen los pantalones cuando habla. Pero me llamo Lew Griffin. A lo mejor le convendría salir a la calle e indagar por ahí antes de hacer algo… precipitado.

El único punto en contra de la edición (que por lo demás es impecable), es la traducción excesivamente castiza, tan llena es españolismos que a veces uno tiene ganas de decir: “Hala, macho, joder con todas esas gilipolleces de los cojones”, y tirar el libro. Pero la fuerza narrativa de Sallis supera eso y uno vuelve como lector cautivo que ya es.

Coda: Este libro es muy musical, y es que, de hecho, James Sallis es un exhaustivo estudioso de la historia del jazz. Por eso, me pareció interesante dejarles, a modo de bonus track, una banda sonora del libro con la lista de las canciones que son mencionadas a lo largo de sus páginas. La lista está compuesta por: Long John Blues (por Dinah Washington); Empty bed blues (por Bessie Smith); Some These Days I’ll Be Gone (por Charlie Patton); Come in My Kitchen (por Robert Johnson); Polly Put Your Kettle On (por Sonny Boy Williamson); Dark was The Night (por Blind Willie Johnson), Pine Grove Blues (por Nathan Abshire); Baby please don’t go (por Big Joe Williams); y Another night to cry (por Lonnie Johnson). Un click aquí y las escuchan todas en orden.

Calificación: Muy buena
Título original: The long-legged fly (2001)
Traducción: Mireia Porta I Arnau.
Editoria Poliedro, Barcelona, 2003.
ISBN: 84-96071-09-X.

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