Los intelectuales en la Edad Media, Jacques Le Goff

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LeGoff

Que las modalidades de difusión del producto intelectual en la Edad Media hayan sido restringidas a una elite mínima no quiere decir que ese producto (y el proceso de elaboración de ese producto) no hayan sido relevantes para los siglos posteriores. Le Goff, enmarcado en la escuela historiográfica de los Anales (cuyo nombre deriva de las legendarias publicaciones de Marc Bloch y Lucien Febvre, Annales d´histoire économique et sociale), habla de una casta especial de seres, los intelectuales, que evolucionaron desde modelos individuales a instituciones colectivas.

Desde el punto de vista del método, Le Goff plantea un estudio con un alto nivel de fundamentación histórica basada en un impresionante nivel de lecturas que le posibilitan un amplio espectro de temas sobre los que no duda en especular y desarrollar teorías muy bien sustentadas en tal edificio racional. Toma como punto de partida para ello una serie de sucesos tales como las disputas en torno a Aristóteles y, sobre todo, a los nuevos significados de Aristóteles para las distintas corrientes de pensamiento medieval (averroístas, tomistas, etc.) y, sobre todo, para las particiones ya consabidas de la Iglesia Católica en el correr de dicha época. Desde este punto de vista, el escolasticismo (resumido en la célebre frase: “a la fe por el camino de la razón”) es el gran protagonista colectivo de este libro, desde su pujanza inicial hasta su posterior decadencia hacia fines de la Edad Media, proceso que se culmina con el rechazo de los humanistas de la época a esta ya casi moribunda tendencia.

El rol del intelectual como tal es el eje de este libro. Particularmente en lo que refiere a sus relaciones con la fe y con la filosofía antigua. Pero se trata de una idea de intelectual que evoluciona desde el copista anclado en el imaginario clásico hacia un trabajador de taller que se reivindica a sí mismo como tal (por ejemplo, reclamándole a sus alumnos la paga en tiempo y forma de las clases dadas, cosa que algunos alumnos preferían soslayar…) y que es la base de la inminente creación de ese ámbito de estudio fundamental desde aquellos tiempos casi remotos: la universidad.

Sin embargo esa evolución no termina allí: pronto el intelectual, que se ha granjeado la complacencia de un auditorio cada vez más extenso y más culto en las frecuentes jornadas universitarias de la disputatio, comienza a separarse de esa idea de “trabajador” equiparable a cualquier trabajador manual de cualquier taller. Se define entonces por la negativa: “Yo no soy obrero de las manos” (Rutebeuf), y de esa manera comienza a marcar distancia de una idea de gremio que alguna vez le fuera propia para convertirse en un engranaje más (y muy importante) del entramado de relaciones de poder que es característico de las ciudades. Las universidades pasan de ser ámbitos profundamente internacionalistas a convertirse en representantes de naciones particulares y a tomar partido por intereses políticos seculares, alejados si se quiere de la labor primigenia del conocimiento. En la ecuación entran, un poco a presión, diversos papas, cardenales y legados pontificios de ocasión.

Digamos por último que Le Goff, además de una erudición a toda prueba, es capaz de suscitar el interés del lector debido a una serie de nobles elementos narrativos que mucho tienen que ver con la idea general de la escuela de los Anales, y de los que sólo citaré uno: la mención del caso particular, pequeño, para alumbrar una visión del todo más genérica y completa. Como ejemplo queda su reelaboración de la conocidísima historia del malogrado (castrado) Abelardo y su amada Eloísa.

Un hermoso y esclarecedor libro.

“Os anuncio que el próximo año dictaré los cursos obligatorios con la conciencia de que siempre he dado muestras; pero dudo de que dicte cursos extraordinarios, pues los estudiantes no son buenos pagadores; quieren saber, pero no quieren pagar, de conformidad con este dicho ‘Todos quieren saber pero no quieren pagar el precio de saber’.” (Odofredo de Bolonia, citado por Le Goff.)

“Es suficiente que un personaje de nota, Juan Hus, con la ayuda de sus amigos, aporte una doctrina filosófica y teológica que debe mucho a Oxford y a Wyclif, sepa establecer vínculos entre el medio universitario y los medios populares de Praga y de Bohemia, entusiasme por su elocuencia y su pasión a sus oyentes y ejerza una presión eficaz sobre el débil rey de Bohemia, Venceslao IV, para que el conflicto estalle y sea resuelto a favor de los checos por el decreto real de Kutna Hora de 1409. Mientras la mayoría de las naciones es arrollada en beneficio de los checos, todos los miembros de la universidad deben prestar en adelante juramento de fidelidad a la corona de Bohemia. Los alemanes abandonan la Universidad de Praga y se van a Leipzig para fundar otra universidad. Esta es una fecha importante en la historia medieval; nace una universidad nacional y el mundo intelectual se acomoda a los moldes políticos.”

Calificación: Excelente.
Título original: Les intelectuels au Moyen Age (Editions Du Seuil, París, 1985).
Traducción: Alberto L. Bixio.
Presente edición: Editorial Gedisa S.A., Barcelona, 2006.
ISBN: 84 7432 251 0

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