Human chain, Seamus Heaney

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Heaney

Cuando en 1995, la Academia Sueca le entregó el Premio Nobel de Literatura al poeta irlandés Seamus Heaney relativamente poco se sabía en el Río de la Plata de este hombre nacido en un pueblito de Irlanda del Norte llamado Balleghy, en 1939. En este enlace se puede leer y escuchar el discurso que dio Heaney en la recepción del premio.

El Nobel puso en primer plano a un poeta no muy afecto a la publicidad y la exposición de estrella mediática que encandila a otros nobeles más recientes. Sobrio y preocupado por un verso concentrado y pesado en el mejor sentido de la palabra, Heaney había ganado fama en la órbita británica con su primer volumen de poemas de 1966, titulado Muerte de un naturalista.

Allí se encuentra Digging (“Cavando”), un poema a esta altura emblema de la obra de Heaney. En apenas quince versos, Heaney describe el trabajo de su abuelo cavando turba y surcos para plantar papas en la Irlanda pobre durante la guerra. Un niño le lleva un vaso de leche, el hombre se detiene, bebe y enseguida continúa con su tarea de cavar y cavar, casi hasta el centro de la Tierra. Es notable cómo el poema es bastante narrativo, pues podría ser perfectamente un cuento, y concentra la historia en cuarto estrofas concisas. Pero en el último verso la metáfora, simple pero fuerte como la piedra de un acantilado irlandés, el yo del poema asume que no puede realizar esa actividad literalmente. Entre su dedo índice y su dedo pulgar descansa una gastada pluma: esa es la herramienta con la que el poeta cava.

La obra de Heaney es muy extensa y para encontrarla en español en general hay que recurrir a antologías. Por eso, lo recomendable (si se posee la capacidad) es leerlo directamente en el idioma original. Heaney no se preocupa demasiado por el efecto de la rima, pero al leerlo en inglés se descubre una musicalidad particular, discreta pero presente.

En 2006, Heaney sufrió un ataque cardíaco que, en sus propias palabras, “lo dejó al borde”. La cercanía de la muerte y la constatación de la finitud de su vida le dieron un vuelco a su obra. Desde entonces, Heaney parece haber tomado un rumbo nuevo, pero no en cuanto al estilo poético, sino en cuanto a cómo asume el tiempo que le queda de vida y qué sucede con la conexión que las personas dejan cuando ya no están.

El último volumen publicado por Seamus Heaney se llama Human Chain (Cadena humana). Se publicó en agosto de 2010 y todavía no se tradujo al español. Allí, el irlandés aborda temas tan lejanos y tan cercanos como, por ejemplo, una ambulancia una mañana de domingo llevando a un paciente que agoniza y que a su mente llega una cita de un poema de John Donne.

Heaney pone en perspectiva objetos que se conectan con el pasado, reflexiona sobre su permanencia en el presente y tiene una visión positiva de lo que viene, de lo que es capaz de comunicar a través de la/su palabra. El tiempo vivido se retrae hacia el tiempo que vendrá. Heaney une estos dos planos y le escribe a las fotos antiguas, a los refranes de la infancia, a los caminos de madera, al carbón, a los venerables bardos bretones, a su memoria emotiva.

“Si hubiese estado dormido, me lo hubiese perdido”, declara Heaney en la primera línea de este hermoso libro de poesía madura; “madura” por la vejez, “madura” por la fruta pronta para comer, “madura” por la sazón de una estación que cumplió su cometido y termina. Si el poeta está preocupado por su lugar después de la muerte, puede quedarse tranquilo que en el podio de las mejores letras inglesas tiene un asiento con su nombre grabado en mármol. (Aunque seguramente prefiera el recuerdo, enmarcado como en una foto, de un campo verde y húmedo con una caries de turba negra en la superficie).

Cavando

Entre el índice y el pulgar
descansa la pluma gruesa, grata como un revólver.

Bajo mi ventana, el claro raspar
de la pala que se hunde en tierra arenisca:
mi padre, que cava. Observo desde arriba
el esfuerzo de su trasero entre las plantas;
se dobla y se yergue veinte años antes,
agachándose rítmicamente entre hileras de patatas
donde cavaba.

La bota gruesa descansaba en la pala, era palanca
el mango apoyado con firmeza en la rodilla.
Arrancaba brotes fuertes, hincaba la hoja brillante,
esparcía patatas nuevas que nosotros recogíamos,
gozando de su dureza fría en nuestras manos.

¡ Señor, cómo manejaba la pala el viejo!
Igual que su padre.

Mi abuelo cortaba más turba en un día
que nadie en turbera de Toner.
Una vez le llevé leche en una botella
con un torpe tapón de papel. Se enderezó
para beberla, y volvió enseguida a la tarea
de cortar y cercenar con primor, arrojando terrones
por encima del hombro, ahondando más y mejor
a la busca de la turba buena. Cavando.

Se despierta en mí el olor frío a mantillo,
el chapoteo de carbón empapado, los bruscos cortes
de la hoja que atraviesa raíces vivas.
Pero yo no tengo una pala con la que seguir
a hombres como ellos.

Entre el índice y el pulgar
descansa la gruesa pluma:
cavaré con ella.

(Traducción de Brian Hughes y Esteban Pujals).

Calificación: Excelente.
Editorial: Farrar, Straus and Giroux, Inglaterra (2010).
ISBN: 9780571269228

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4 comentarios en “Human chain, Seamus Heaney

  1. Objeción! Me dijeron que en este blog no se podía reseñar poesía. Voy a presentar demanda contra el señor Trujillo y contra los administradores.
    De haberlo sabido ya habría mandado las mías, sobre otros irlandeses.
    Un abrazo,
    Nacho Di Tullio

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