Quinteto de Buenos Aires, Manuel Vázquez Montalbán

***
Vázquez Montalbán

El detective Pepe Carvalho recibe de un tío, el tío de América, ese que no falta en la España postfranquista, el que “hizo la América”, el encargo de encontrar a su primo Raúl. Raúl se crío en Argentina y lo pasó muy mal en la pasada dictadura, dónde su esposa fue asesinada y su hija secuestrada por los militares. Incapaz de superarlo, Raúl regresa a América 18 años después y cae en Carvalho la tarea de encontrarlo antes de que esos peligros (que deberían haber quedado 18 años atrás en el tiempo pero, como bien sabemos todos, siguen ahí esperando) lo vuelvan a atacar.

La novela se ambienta en la Argentina menemista (contemporánea en ambientación con la también policial “Santería” de Leonardo Oyola) pero la Argentina de Vázquez Montalbán sufre bastante del cliché. Le preguntan a Carvalho qué sabe de Argentina y este contesta “Maradona, desaparecidos, tango”. Más allá del chiste, es esta, al fin y al cabo, la Argentina que se presenta en la novela y que resulta en ocasiones tan artificial como la Argentina de las películas protagonizadas por Cecilia Roth, donde los personajes encajan discursos como este:

Nos separaron los militares. Es decir, la historia. Porque todo eso ya es historia. Una historia que cada vez interesa a menos gente. Basta calcular la diferencia cuantitativa entre los que desaparecieron y los que no desaparecieron. Siempre ganan los que se niegan a desaparecer.

Esto, que pasa a lo largo del extenso relato, hace que en ocasiones choque al posible lector rioplatense, que bien sabe que Argentina es, fue y será, mucho mas que “Maradona, desaparecidos, tango” y que sus habitantes hablan de manera bastante más mundana. Pero la novela avanza con todo y esto, y a medida que el relato evoluciona, es innegable el poder como narrador de Vázquez Montalbán que va desarrollando una historia apasionante, con momentos muy jodidos, otros muy divertidos y varias vueltas de tuerca efectivísimas.

Carvalho encuentra a su primo enseguida, pero este no quiere volver. Así que mientras espera a que se decida, el detective pone oficina en Buenos Aires y se van sucediendo los casos (que son, a grandes rasgos 5, los que componen el Quinteto del título) y todos tienen más acá o más allá que ver con el asunto principal de la novela: las secuelas vivas y sangrantes de la dictadura. Esta es otra baza, pero que no es culpa de la novela. Al momento de publicarse, recordemos 1997, la dictadura no era un tema tan explotado como lo es ahora y no había gastado tanta tinta para entonces. Hoy día, una novela como “Quinteto de Buenos Aires” se pierde un poco entre las toneladas y toneladas de papel publicado al respecto.

Pero no nos engañemos, Vázquez Montalbán escribe muy bien y Carvalho es flor de personaje. “Quinteto de Buenos Aires” es una novela muy entretenida de leer y que si bien cae en algunos excesos (temáticos como ya vimos, pero también de argumento: hay una cena al final que desemboca en un loco, loco vodevil de muertes donde parece que el más surrealista Luis Buñuel ha tomado las riendas) en definitiva cumple con aquello que propone. Algo que nunca es menor.

Como cita, un temprano momento en la novela, dónde queda patente el ‘modus operandi’ de Pepe Carvalho.

El rostro del señor Llompart pasa por convulsiones que prometen llanto. Pero no llora. Escupe:
-¡Puta!
Y siguen las convulsiones, pero no predicen llanto, sino risa. Ríe cada vez más contento mientras contempla las fotografías.
-Mi mujer es una puta, pero una puta imbécil. Con estas fotos en mi poder no me va a poder sacar ni un céntimo de pensión cuando nos divorciemos.
Ahora, muy desenvuelto exhibe una chequera, como si fuera un prestidigitador especializado en chequeras, y una pluma estilográfica Montblanc que seguramente le habrá regalado su propia esposa en el Día del Padre.
-¿Cuánto se le debe?
-Doscientas mil pesetas.
No le ha gustado el precio. No le gusta Carvalho. No le gustan las fotografías. Frunce el entrecejo. Se le paraliza la estilográfica. Vuelve a mirar las fotos, a Carvalho, como estableciendo una relación valorativa.
-¡Coño!
-Recuperar el honor tiene su precio.
-¿Qué honor ni que leches? Usted no me devuelve mi honor; al contrario, me demuestra que soy un cabrón.
-Usted saca pingües beneficios. Me paga doscientas mil pesetas, pero su mujer se va a quedar a dos velas cuando usted consiga el divorcio.
-Eso es verdad.
Y firma complacido, tiende el cheque desde una autosatisfecha conciencia de esplendidez y se marcha entre agradecimientos por la celeridad profesional del detective.

Calificación: Bueno.
Editorial: Planeta, Barcelona, 2004
ISBN: 84-08-05384-1

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