La forma del agua, Andrea Camilleri

***
Camilleri

Se trata de una novela policial ambientada en la convulsionada y muy mafiosa comunidad siciliana. Luparello, un importante hombre de negocios de promisorio futuro político, aparece muerto en su auto en los arrabales de la ciudad. Todo hace presumir que se trata de una muerte fortuita, accidental, debido a un paro cardíaco en medio de una ajetreada jugada nocturna. El hecho coincide, además, con el hallazgo por parte de dos basureros de un costosísimo collar que podría significar un cambio radical en la salud del hijo de uno de ellos.

Pero no son los hechos ni la peripecia los que vuelven entretenida esta novela de Camilleri. El principal mérito de la misma consiste en la presentación formal en sociedad de un detective a estas alturas mítico como Salvo Montalbano (en cuyo nombre se constata el consabido homenaje de Camilleri a Manuel Vázquez Montalbán). Digamos entonces que la no tan complicada trama de averiguaciones, datos, entrevistas, ocultamientos, etc., típica de la novela policial, pasa a un segundo plano porque el énfasis está puesto en la delineación moral de Montalbano. Se trata ni más ni menos que de un hombre recto que, llegado el caso, puede torcerse hasta cierto punto con el objetivo de beneficiar la investigación o si su sentimiento de piedad le indica que puede aprovechar la situación para ayudar a un tercero en discordia (como es el caso del pequeño hijo de uno de los basureros mencionados arriba).

Poco a poco el lector se ve enfrentado a una personalidad fuerte, subyugante, y -esto es tal vez lo más importante- que lo representa. Y este aspecto, muy subjetivo, debo admitir, es de todas maneras agradable: Montalbano actúa como actuaría un lector “moralmente medio” (categoría por demás difusa, confusa, nueva, pero cuyas características son, a mi entender, fáciles de intuir). Es decir, al lector le agrada que Montalbano se maneje en ciertos subterfugios de la ley, que utilice sus influencias para lograr tal o cual cosa, o que de cierta manera seduzca sin caer en la banalidad. Claro que todo tiene un límite, pero en este caso el límite nace del consenso tácito entre el detective y sus lectores sobre lo que está permitido y lo que no.

Un detalle no menor: como ha sido mencionado en posts anteriores, y por otros motivos, la traducción ayuda poco…

  Había comprado los dos periódicos de la isla y empezó a leerlos. El primero de ellos anunciaba con todo lujo de detalles los funerales que el obispo celebraría al día siguiente en la catedral por el descanso eterno de Luparello. Dada la previsible afluencia de personalidades que acudirían para dar el pésame y rendir el último homenaje al difunto, se adoptarían medidas de seguridad extraordinarias. Se iba a contar con la presencia de dos ministros, cuatro subsecretarios, dieciocho diputados y senadores y una caterva de diputados regionales. De ahí la necesidad de recurrir a agentes de la policía, carabineros, agentes de la policía judicial, y de la guardia urbana, sin contar los guardaespaldas personales y otros de carácter todavía más personal, acerca de los cuales el periódico no decía nada, formados por gente indudablemente relacionada con el orden público pero desde el otro lado de la ley.

Calificación: Bueno.
Título original: Forma dell´acqua.
Traducción: María Antonia Menini Pagès.
Ediciones Salamandra, Barcelona, 2003.
ISBN: 84-95971-77-1

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