Noche salvaje, Jim Thompson

***
Thompson

Hay que desconfiar. Si en la tapa de un libro, como en este de Jim Thompson, aparece una leyenda que dice: “Su mejor novela, según el principal editor de Thompson”, hay que desconfiar. Seamos sinceros, todos sabemos bien que la autoridad moral de un editor promedio para hablar de uno de sus autores se acerca bastante a la que puede tener un vendedor de autos usados al recomendarte cualquier unidad de su desvencijado lote. De hecho, casi es una regla: los grandes libros no necesitan proclamar en su portada su calidad de “grandes”. Y perdón que continúe con el temita de la edición, ya voy a la novela en sí, pero antes: la contratapa. Cito: “El editor de once obras de Thompson en la época más fértil de este autor designaría Noche Salvaje como la obra maestra del novelista”. Pues… ¿a ese enunciado no le falta algo? El condicional “designaría” a mí me deja esperando una continuación de la frase, algo así como: “El editor de once obras de Thompson designaría Noche Salvaje como la obra maestra del novelista… si no hubiera escrito al menos cinco o seis mucho mejores”, o “El editor de once obras de Thompson designaría Noche Salvaje como la obra maestra del novelista… si alguien le hubiese preguntado”. Curioso. Muy curioso. Este es un modo de titular que ha hecho furor en la prensa uruguaya, ahora que lo pienso.

El narrador-protagonista de Noche Salvaje es Charlie Little Bigger, un pequeño hombre (metro y medio), miope y dueño de una dentadura desastrosa, sufre una afección respiratoria bastante grave y, además, es uno de los asesinos a sueldo más buscados de los EEUU. Se lo acusa de dieciséis muertes pero en realidad nadie cree que alguna vez puedan llegar a averiguar a cuántas asciende la cifra exacta. La Policía no tiene registros directos de Little Bigger. No hay fotos, sólo un par de retratos “hablados” poco fiables. Nadie sabe dónde está Bigger, porque desapareció en 1943. Pero luego de un largo período de quietud, reaparece justo al comienzo de la historia, en el pequeño pueblo de Peardale. El Jefe lo ha encontrado y le ha encargado un último trabajo. Es un poco difícil rehusarse a hacer algo que el Jefe quiere que hagas.

Ya han oído hablar del Jefe. Todo el mundo ha oído hablar de él (…) Un mes aparece ante algún comité gubernamental de investigación. Al siguiente se le ve en una gran cena política, riendo y charlando con alguna de las mismas personas que el mes anterior le estaban sometiendo a una dura prueba (…) El Jefe controla las carreras de caballos, pero apoya la legislación anti-carreras. Él puede demostrar que apoya esta legislación, pero nadie puede probar que controla las carreras. Controla las destilerías -¿pero quién puede demostrárselo?- y apoya los movimientos anti-alcohol. Controla las compañías de préstamos –controla a los hombres- y respalda las leyes anti-préstamos usureros. (…) Nadie le ha acusado nunca de nada.

Thompson tiene razón. Todos nosotros ya habíamos oído hablar del Jefe. Y lo que el Jefe quiere es que Little Bigger mate Jake Winroy. ¿Quién es Winroy? El hombre que manejaba los fondos de un importante grupo de carreras de caballos, el principal testigo en una causa verdaderamente grande. Winroy estaba en la cárcel porque se había negado a testificar (una inteligente decisión) y los jefes mafiosos le pagaban un buen dinero por permanecer allí con la boca cerrada el tiempo que hiciera falta. Pero Winroy no soportó la cárcel, así que hizo un arreglo con la Ley (una decisión no tan inteligente). Ahora está afuera, esperando al Juicio, que se aplaza, se aplaza y se aplaza un poco más. El Jefe necesita a Winroy muerto, pero no asesinado, o al menos no evidentemente asesinado, de modo que Little Bigger está ante un trabajo que ha de ser largo, cuidadoso y sutil. Un trabajo que ningún asesino aceptaría a menos que no tuviera otro remedio que aceptar. Todo esto Thompson lo plantea en veloces trazos, las ocho páginas del primer capítulo le alcanzan.

Como narrador, Little Bigger (o Carl Biggelow, tal es el nombre falso con que Bigger llega a Peardale), es un tanto difícil de llevar. Thompson mantiene muchas zonas oscuras, zonas inaccesibles para el lector, de duda permanente, hacia afuera pero también hacia adentro. Por un lado, Bigger sabe que está caminando por el filo de un cuchillo. Evidentemente, traicionó al Jefe en el pasado y es muy improbable que logre salir de esta con vida, aunque consiga efectivamente realizar el trabajo con éxito. No sabe en quién puede confiar y en quién no, y esa incertidumbre se expande hasta abarcarlo todo, al punto de que Bigger comienza a dudar de sí mismo tanto como de los demás, haciendo que, hacia el final de la novela, la narración pierda toda coherencia, como un buzo de lana que se deshilacha hasta que ya no hay nada allí que pueda ser llamado un buzo de lana. De un modo sumamente nebuloso, todo queda explicado y uno comprende más o menos cómo estaban distribuidas en el tablero las piezas de los jugadores, pero asiste al final de la partida a través de los ojos del jugador que se ha desmayado tres movimientos antes de ese final.

La apuesta de Thompson es interesante porque tiene riesgo, interesante por lo difícil de realizar, pero su forma de ejecutarla acaba por volverse demasiado hermética u opaca, tanto como para convertir la incertidumbre en perplejidad y la tensión en desconcierto. Sin embargo, los temas que Thompson bosqueja aquí, exceden las ambiciones de una mera reseña como esta, pero apuntaré un par de ellos: la forma en que el poder se apoya en el poder, el modo en que los débiles (que pueden ser deformes, pobres o estúpidos) son utilizados como herramientas para fines que los consumen (físicamente, moralmente, espiritualmente), la incapacidad para reconocer la bondad luego de haber desarrollado en exceso (a fuerza de palos) la barrera protectora del “no confíes en nadie”.

Kendall podía ser ambas cosas: un viejo amable y solemne, o ser también todo lo contrario. Cualquiera puede hacerlo, desgajándose en dos partes. Es más fácil de lo que ustedes piensan. Lo difícil es cuando intentas unir esas dos partes otra vez…

Calificación: Buena
Título original: Savage night (1953)
Traducción: Jesús de la Torre.
Plaza & Janés Editores, Barcelona, 1992.
ISBN: 84-01-44318-0

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2 comentarios en “Noche salvaje, Jim Thompson

  1. “Designaría.” En español, es una aberración. Me da la impresión de que es un defecto de traducción. En inglés, la construcción condicional (con “would” o su apócope ” ‘d “) también se utiliza sin ese significado, más bien con valor de pretérito, creo que cercano a nuestro imperfecto (“designaba”), que denota duración o reiteración del significado léxico del verbo.

  2. Tengo la sensacion de haberme perdido en el final de esta historia. Se supone que Ruthie trabajaba para el Hombre, y finalmente toma medidas dado que Carl es incapaz de resolver el encargo? Un tanto rebuscado. Me gusto mas El diablo dentro de mi, de la que Noche Salvaje es una especie de variante.

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