A mulher que escreveu a Bíblia, Moacyr Scliar

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Scliar

Moacyr Scliar murió inopinadamente este verano, lo que cortó de súbito con su chorro narrativo que llevaba decenas de libros, en los que se evidencia siempre el placer de contar historias. Así, sin más, contar historias. Esto nos lleva a repensar, o pensar por primera vez, cuál es la intencionalidad que pone a alguien horas y horas a ubicar una palabra tras otra. Hay un abanico ancho de respuestas, desde las más comerciales hasta las que buscan más profundidad. Pero, al fin, cuando se trata de narrativa, lo que prima y brilla como un arroyo entre las montañas es la necesidad de contar, la de mantener divertidos a los presentes. Según recordaba Moacyr, su padre era el que se dedicaba a contarles historias a los vecinos y la familia en el barrio de Bom Fim, donde se nucleaban los judíos de Porto Alegre. A ese impulso natural se le sumó su madre, que amaba los libros y lo alfabetizó, con lo cual no pudo gestarse otra cosa que un escritor sólido y muy divertido. De otro modo, ¿cómo podría alguien sostener una historia ambientada en tiempos del Rey Salomón donde la protagonista es una mujer feísima y, además, en primera persona?

El relato es cronológico y parte desde la aldea en el desierto, cuando esta mujer, cuyo nombre nunca se menciona, descubre lo horrible que es en un fragmento de espejo. Y desde allí empieza a emerger el tallo vertebral que la moverá de allí en más, el amor y el sexo. Moacyr le instala a su personaje un deseo sexual y unas concepciones sobre la vida mucho más propias del siglo XX, con lo cual logra un extrañamiento que se vuelca hacia las vertientes del humor, con momentos donde la risa se hace inevitable. La protagonista, por ejemplo, se masturba con una piedra muy elocuente o escucha los jadeos de su hermana con el pastorcito en la cueva donde ella misma se proporcionaba placer, que era a su vez aquella donde su padre engañaba a su madre. La novela sube un escalón cuando llega la noticia de que, en virtud de algún acuerdo ignoto, tiene que integrarse como esposa al harén del mítico Rey Salomón.  En medio del palacio, sufre por su fealdad, más notoria si se la compara con las integrantes del serrallo. Y desea ardientemente la consumación del matrimonio con el soberano, al cual rodea un aura de sabiduría y virilidad.  La desesperación por la no consumación de sus ardores la lleva a tomar medidas desesperadas, que son las que derivan en su trabajo como escriba de la Biblia, no sin que, a la pasada, se critique la impotencia estilística de ciertos sabios hereditarios.

A la fluidez narrativa del escritor gaúcho, que siempre viene con humor, se le suma una visión feminista, que no duda acerca de la infertilidad y la estupidez del poder, que es masculino. La iconoclastia es irrestricta porque, probablemente, nada merece más los ataques de la sensatez que lo sagrado, que se convierte en ridículo y deja lugar a algo más importante y sencillo.

Um livro? Era isso o que ele queria de mim? Um livro? Não queria então me levar para a cama, não queria fazer amor comigo – queria um livro? A proposta despertou em mim sentimentos contraditórios. De um lado, era uma decepção – mais uma. Em vez de uma declaração de amor, uma proposta editorial. De outro lado, contudo, eu me sentia lisonjeada com a escolha – prova de que reconhecia em mim um valor. Não era o valor que eu mais prezaria; eu queria que me valorizasse como mulher, como amante. Isso não obtivera – ainda. Paciência. De qualquer forma era uma mudança, extraordinária mudança: de rejeitada – mais, de quase condenada – eu passava à categoria de colaboradora. O que me colocava numa posição especial. Daí em diante, e de alguma forma, eu estaria a seu lado, o sábio rei e sua intelectual esposa.

(Traducción en los comentarios)

Calificación: Muy bueno.
Editorial: Companhia das letras, San Pablo,
ISBN: 8571649375

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Un comentario en “A mulher que escreveu a Bíblia, Moacyr Scliar

  1. Traducción (bastante innecesaria):
    ¿Un libro? ¿Era eso lo que él quería de mí? ¿Un libro? ¿No quería entonces llevarme a la cama, no quería hacer el amor conmigo –quería un libro? La propuesta me despertó sentimientos contradictorios. Por un lado, era una decepción –una más. En vez de una declaración de amor, una propuesta editorial. Por otra parte, a pesar de todo, me sentía lisonjeada por la elección –prueba de que reconocía en mí un valor. No era lo que más ansiaba, quería que me valorara como mujer, como amante. Eso no lo había obtenido –todavía. Paciencia. De todos modos era un cambio, extraordinario cambio: de rechazada –más, de casi condenada- pasaba a la categoría de colaboradora. Lo que me colocaba en una posición especial. De ahí en adelante, y de algún modo, estaría a su lado, el rey sabio y su intelectual esposa.

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