Blaze, Stephen King (bajo el seudónimo Richard Bachman)

***
King

Antes de que su vida diera un giro espectacular debido a la publicación de “Carrie” en edición de bolsillo (tal como su autor lo recuerda en “Mientras escribo”), Stephen King se dedicaba a dar clases, a tratar de sobrevivir junto a su esposa, a cambiar pañales y todas las cosas mundanas que hay que hacer, pero, por sobre todo, escribía, y escribía mucho. Enviaba cuentos a diversas publicaciones. Cuando se los rebotaban no se rendía. Persistía. Continuaba escribiendo y nada de lo que pudiera distraerlo lo sacaba de su objetivo. Incluso se inventó un seudónimo bajo el que podía presentar una buena parte de lo que su mente creativa producía por esos tiempos, digamos fines de los ’60 y comienzos de los ’70: Richard Bachman. A esa época y a ese “otro yo” pertenecen “Blaze”, una novela que recién vio la luz en 2007 cuando, según sostiene King, la encontró por casualidad.
No tengo prejuicios con Stephen King, es un autor que me gusta mucho. Pero sí me daba cierto repelús disimulado ese fenómeno común de la publicación de las primeras obras (por lo general inéditas) de los autores de best-seller. Al menos hasta el momento en que promediaba la lectura de “Blaze”…
La historia nos presenta a Clayton Blaisdell Jr., alias “Blaze”, un muchacho de más de dos metros, algo lento de entendimiento, pero con un buen corazón, a quien la vida no ha tratado de la mejor manera. Junto con George, su compinche de los últimos años en varias fechorías menores, han tenido siempre en su imaginación un gran golpe: secuestrar al bebé de una familia de millonarios en los alrededores de Maine. Si todo sale bien, se trata del crimen perfecto. Cuando un buen día el plan se pone en marcha, detectamos que algo funciona de manera anormal en la planificación. Una de las voces cantantes en su ejecución termina siendo eso mismo: una voz. George está muerto, pero extrañamente presente y ausente, a intervalos, sólo en la realidad de Blaze. De todos modos, eso se develará sobre el final… Apenas el secuestro se concreta, pasadas las primeras decenas de páginas, el relato, un poco escapando a lo previsible, se divide en otra historia, que es la misma historia de la infancia y la adolescencia de Blaze. A partir de allí se da un contrapunto muy bien sostenido entre las vicisitudes de Blaze como solitario secuestrador del bebé de la familia Gerard y la educación sentimental de su protagonista en un orfanato. Esto último es uno de los detalles más preciados de esta novela y algo que a Stephen King le sale muy bien, como en el mismo comienzo de “Mientras escribo” o en “El cadáver”. Leer sobre la iniciación de Blaze en los misterios del mundo adulto, en su vorágine por momentos apenas perceptible de violencia, sexo, suciedad y bondad, es un asunto que bien vale la pena, y en el que King logra destellos de verdaderas belleza y delicadeza frente a la truculencia de los pasajes dedicados al secuestro.
Quizás no se trate del mejor Stephen King, del de la madurez de “Mysery”, por ejemplo, pero en esta novela hallamos ya el pulso fuerte y la convicción con los que suele llevar adelante sus historias, que es lo que a este hombre le interesa y lo que declara honestamente y sin tapujos, para, entre tanto, tomar nuestros temores inconfesados y darles una buena sacudida.

Blaze fue el último. Le sacaba quince centímetros a Bluenote, pero movía nerviosos los pies y tenía la mirada fija en el suelo; deseaba estar de regreso en HH. Era demasiado difícil. Era asqueroso. Tenía la lengua aplastada en el paladar. Extendió la mano sin mirar.
Bluenote se la estrechó.
-Cristo, eres muy grande. No estás hecho para recoger arándanos.
Blaze lo miró con cara de bobo.
-¿Quieres conducir la camioneta?
Blaze tragó saliva. Se sentía como si algo se le hubiera quedado atascado en la garganta.
-No sé conducir, señor.
-Yo te enseñaré -dijo Bluenote-. No es difícil. Vamos, entra y siéntate a cenar.
Blaze entró. La mesa era de caoba. Relucía como una piscina. Los asientos fueron ocupándose aquí y allí a ambos lados. Sobre ellos brillaba una lámpara de araña como las de las películas. Blaze se sentó; sintió frío y calor. El tener a una chica a si izquierda empeoraba su confusión. Cada vez que miraba hacia ese lado, sus ojos se posaban en sus pechos. Intentó evitarlo pero no pudo. Estaban… ahí mismo. Ocupando un espacio en el mundo.

Calificación: Bueno.
Título original: Blaze (2007).
Traducción: Javier Martos Angulo.
Editorial: Plaza & Janés, 2008.
ISBN: 978-950-644-151-7

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s