Desciende, Moisés, William Faulkner

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Faulkner

Desciende, Moisés (1942) es un conjunto de relatos. Claro que nada en Faulkner escapa a la fuerza gravitatoria que en su obra ejerce la intención de hacer cuajar un mundo que encuentra su núcleo en el ficticio condado de Yoknapatawpha, por lo que estos siete relatos, atravesados por los mismos personajes (o, al menos, los mismos apellidos), y por circunstancias análogas que son visitadas más de una vez, pueden ser considerados “algo más” que un conjunto de relatos, como si aspirasen a la híbrida categoría de “novela fragmentaria”. La verdad es que Faulkner fue escribiendo estos relatos y vendiéndolos a diferentes revistas y periódicos. Así, antes de aparecer reunidos, el relato titulado “Desciende, Moisés” apareció en la revista Collier’s en enero de 1941; “El otoño del delta”, en la edición de mayo-junio de Story de 1942; “Gente de antaño”, en Harper’s, en setiembre de 1940, revista que un mes más tarde publicó también “Bufón en negro”. El cuento más famoso del volumen, “El oso”, apareció en The Saturday Evening Post en mayo de 1942, luego formó parte de Desciende, Moisés y mucho más tarde, en 1955, una tercera versión integró el  libro de relatos de caza titulado Grandes bosques.

En cierta forma, Desciende, Moisés se emparenta con la estructura y las intenciones subyacentes en El valle largo, de John Steinbeck, editado cuatro años antes. Aquí Faulkner se maneja en varios registros, en todos ellos con una soltura inusitada. Por ejemplo, en los relatos protagonizados por el inefable Lucas Beauchamp (secundado por su inepto yerno, George Wilkins), el humor es de una importancia trascendente. “Cuestión de leyes” y “No siempre es oro”, poseen muchos pasajes hilarantes, tanto que casi diría que es difícil contener la carcajada, algo que también me había pasado, precisamente con Faulkner, en otros dos relatos: “Loco por un caballo” y “Al Jackson” (relato epistolar dirigido a Sherwood Anderson).

El resto de los relatos están prácticamente exentos de trazos cómicos (con la notable excepción de las escenas protagonizadas por Boon Hogganbeck, un personaje increíblemente amplio, primario, emotivo, dueño de un coraje animal y de una torpeza inagotable), y se dedican a la configuración de una tierra y un tiempo. Cuatro de ellos (“Lion”, “Gente de antaño”, “El otoño del delta” y “El oso”) giran sobre las expediciones de caza que un grupo de hombres lleva en noviembre de cada año en los bosques pertenecientes al mayor de Spain. Entre perros excepcionales, ciervos fantasmales y osos provenientes de un tiempo ancestral, rodeados de la inmensidad, los hombres de Faulkner son siempre “otra cosa”, un “algo más que lo visible” que la historia y el lenguaje persiguen igual que ellos persiguen a su presa, quizá con la convicción del fracaso, aunque también con la esperanza del triunfo, y siempre con el conocimiento de la necesidad de hacer lo que hacen. La cacería como rito arcaico, como algo más que un hombre matando y un animal muriendo; el bosque en retroceso ante el progreso imparable del mismo modo en que el cerebro avanza sobre el corazón; el tiempo avanzando sobre hombres, animales, árboles, cubriéndolo todo de un sino trágico; y en medio de esa tragedia, la búsqueda de la verdad y, a veces, el hallazgo de esa verdad humilde y orgullosa. Ese es el tema de estos relatos de un Faulkner espléndido.

Completan el volumen “Bufón en negro”, la historia del dolor del gigantesco negro Rider luego de la muerte de Mannie, su joven esposa, y de las cosas que hace para intentar aplacar ese dolor; y “Desciende, Moisés”, donde un par de buenos hombres tratan de lograr que una abuela no se entere de que su nieto, convertido en criminal a pesar de sus esfuerzos, ha sido ejecutado, mientras ellos preparan el regreso del cuerpo a la tierra familiar en un coche fúnebre y un cajón plateado, al tiempo que la abuela, en el delirio de la pena y la vejez, no puede dejar de repetir una salmodia enloquecida y serena: “Vendió a mi Benjamín -dijo la vieja-. Lo vendió en Egipto. Lo vendió en Egipto. Roth Edmonds vendió a mi Benjamín. Lo vendió al faraón. Lo vendió al faraón y ahora está muerto”.

Leyendo a Faulkner uno puede entender muchas cosas de la literatura del siglo XX. Puede entender el imperioso influjo que ejerció sobre autores de todo el mundo, sí, pero más allá de eso uno puede pasar a través de él para conocer y comprender una forma de ver la literatura que no se ha vuelto obsoleta, que, muy por el contrario, parece cada vez más necesaria: una literatura que sea capaz de amalgamar en su corazón las ideas y los sentimientos, una literatura capaz, a un tiempo, de explicar un mundo y formar parte de ese mundo, de ser, en un solo movimiento, literatura, pensamiento y emoción, con la esperanza de que detrás de todo eso podamos vislumbrar algo más, un sentido, un destino, un propósito.

Y un pequeño perro sin nombre y mestizo y con muchos padres, adulto ya pero de menos de seis libras de peso, diciéndose como para sus adentros: “No puedo ser peligroso, porque no hay nada mucho más pequeño que yo mismo; no puedo ser fiero, porque dirán que sólo es ruido; no puedo ser humilde, porque ya estoy demasiado cerca del suelo como para doblar la rodilla; no puedo ser orgulloso, porque tampoco puedo estar tan cerca de él como para saber quién proyecta una sombra, y ni siquiera sé que no voy a ir al cielo, porque han decidido que no poseo un alma inmortal. Así que lo único que puedo es ser valiente. Pero está bien. Puedo serlo, aunque sigan diciendo que sólo es ruido”.

Calificación: Excelente.
Título original: Go down, Moses (1942).
Traducción: María Coy Girón.
Alianza Editorial, España, 2004.
ISBN: 8420656593

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2 comentarios en “Desciende, Moisés, William Faulkner

  1. Un fenómeno, logra dilatar el principio de causalidad hasta el límite, hasta el punto en que parece antojadizo. Sucede que la percepción de la realidad es fragmentaria, es decir, la percepción humana de la realidad es así, por ahí… y con mucha suerte logramos armar archipiélagos de conocimientos. Para esa empresa hay que leer a escritores como Faulkner. Salú!!! Notable artículo.

  2. La obra “Go Down, Moses” está compuesta por siete piezas que son “Was”, “The Fire and the Heart”, “Pantaloon in Black”, “Old People”, “The Bear”, “Delta Autumn” y “Go down, Moses”. Ignoro por qué Alianza Editorial decidió editar este volumen que solamente tiene tres de los textos de la obra original y otros tantos que nunca fueron incluidos por Faulkner en ella y que, en algunos casos, son simplemente las primeras versiones de los textos que luego conformarían esas siete piezas que nombré.

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