Hijo de Dios, Cormac McCarthy

***
McCarthy

No es extraño que Cormac McCarthy sea un escritor cuyas obras funcionan especialmente bien al ser adaptadas al cine, pues su escritura rara vez busca la exploración interna de forma explícita, casi nunca se pierde en largos soliloquios y sus narradores funcionan como cámaras objetivas, puestas en los sitios adecuados para registrar, documentar, mostrar, no para describir, explicar o intervenir. En cierto modo, hay una ficción subyacente a la literatura de McCarthy, una ficción que surge de su estilo, la de la inmediatez provocada por el desvanecimiento del narrador. Un desvanecimiento que no puede ser total pero que intenta serlo. Pues bien, esa aparente falta de mediación entre la historia y el lector es una de las cualidades que hacen de la obra de McCarthy una jugosa cesta de delicias para la industria cinematográfica. De hecho, No es país para viejos nació en la cabeza de McCarthy como un guión que luego convirtió en novela, antes de que Ethan Cohen lo volviese a convertir en guión (y ganase un Oscar por ello).

El protagonista de Hijo de Dios, Lester Ballard, es un paria. Vive en el condado de Sevier, en las afueras de Sevierville. No tiene padre, madre o hermanos. Tampoco tiene amigos. Apenas tiene algunos vecinos con los que establece unos débiles lazos de algo que no podría, de ningún modo, llamarse confraternidad. Ballard vive como un animal en una casa de madera a punto de desplomarse, come ardillas y tortas de maíz, roba gallinas, soporta el blanco invierno junto a los pocos carbones encendidos que logra mantener en el corazón de una estufa de piedra, tirado en un colchón donde, en verano, lo devoran los mosquitos y las alimañas. Ballard está fuera de todo y McCarthy está fuera de Ballard. Entonces, las cosas comienzan a ir un poco peor. Resulta que Ballard tiene ciertas tendencias no muy sanas (y a esta altura sería extraño que el lector esperase otra cosa), tendencias que incluyen el asesinato y la necrofilia.

Todo sucede de modo fragmentado. No sabemos cuánto tiempo pasa de una escena a otra. No hay guiones de diálogo, ni comillas, ni existe ninguna señal gramatical que nos ponga al tanto de que el narrador principal ha cedido la palabra a un narrador secundario o viceversa. Tal vez esa es otra manifestación del expreso deseo de McCarthy de intervenir lo menos posible, de no mediar más de lo imprescindible. Pero es imposible. No hay ninguna escritura, por más despojada y aséptica, que consiga tal proeza. Así, lo que ocurre en Hijo de dios es que el lector se encuentra ante una serie de escenas violentas, chocantes o repulsivas, sin entender del todo el sentido de tal sucesión. Hasta que lo entiende, porque si bien puede parecer, en algún momento, que tal sentido no existe, eso también es imposible. Tras la literatura hay un autor, lo quiera el autor o no, y tras una estructura de cierta coherencia, hay intenciones. Siempre. Si no las hubiera, no habría obra. Por lo tanto, quizá la intención de McCarthy quizá sea tan simple como mostrar que es el mundo, el mundo en el que vive su Lester Ballard, el que no tiene sentido, y que es aquel Dios, aquel lejano y ausente Padre, el verdadero autor descuidado, caprichoso, desvanecido. Para hacerlo elige un modo, uno que no se ahorra transgresiones y que busca impactar deliberadamente en cierto regodeo de lo obsceno. Lo que consigue es una novela ágil, entretenida y con buenos momentos.

Nadie puede negar el talento de McCarthy, aunque quizá se trate más que nada de una habilidad, para penetrar en el corazón de la oscuridad, para ser desolador. Será cada lector, con los ojos abiertos ante sus libros, el que decida si eso es todo lo que puede ofrecer o si hay algo más tras ese manto de negrura aparentemente impenetrable.

¿Cree que la gente de entonces era más miserable que la de hoy?, preguntó el ayudante.
El viejo estaba mirando con detenimiento el pueblo inundado.
No, contestó. No lo creo. Creo que el hombre sigue siendo el mismo desde que Dios hizo al primero.

Calificación: Buena.
Título original: Child of God (1973).
Traducción: Pedro Fernández Aranda.
Random House Mondadori, Barcelona, 2009.
ISBN: 978-84-9759-461-5

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Un comentario en “Hijo de Dios, Cormac McCarthy

  1. Es lo primero que leo de McCarthty, y pienso que más allá de las objeciones que se pueda hacer a la novela, me ha dejado muy impresionado. (A pesar de que encontré la traducción francamente mala).
    Seguiré leyéndolo, por cierto.

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