Variaciones de Koch, Manuel Soriano

Soriano
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Como lo adelanta el título, en todos los cuentos del último libro de Manuel Soriano, Variaciones de Koch, (ganador de la última edición del Premio Nacional de Narrativa Narradores de la BandaOriental) hay un personaje llamado Koch, un mismo nombre que se repite en todos los relatos. El nombre pareciera corresponder a personas distintas o, en todo caso, al retrato de las muchas aristas de la vida de un mismo hombre.  En sentido figurado, como una metáfora del antiguo anhelo humano de querer vivir todas las vidas posibles, con sus distintas mujeres, profesiones, gustos y rutinas –según el cuento-  Koch es un mismo nombre para muchas personas. Y desliza en el lector otro planteo que es una constante en la vida: el de las decisiones, los posibles caminos que uno descarta cada vez que se decide. Con el correr de los cuentos uno tiene la sensación de estar leyendo la historia contrafáctica de un hombre, el rumbo que hubiese tomado su vida de haber elegido tener dos hijos en lugar de uno, o de haber ser elegido ser el esposo infiel que no es en el anterior cuento. Lo que el autor deja bien claro al elegir una definición de diccionario a manera de epígrafe. Cuando en música clásica de habla de variaciones de un tema, la cosa queda bien graficada. En Variaciones de Koch, todos esos caminos conducen siempre hacia lugares distintos, que invitan a pensar tanto en una misma vida o en todas las vidas alternativas y paralelas de un hombre, siempre vivas como vidas “en potencia”.

Una pareja que hace un viaje a dedo y que en su camino se topa con un personaje perturbador;  una hedionada bolsa de ropa sucia se transforma en el foco de conflicto de un matrimonio que después de cinco años no logra encontrar los motivos de su degradación; un hombre a la deriva que se deja llevar por una conversación con un grupo de turistas alemanas y un padre con una insólita afición; las tribulaciones y remembranzas de un vendedor de mangueras que a partir de un zapping televisivo  regresa al tiempo en el que un famoso juez de línea de alguna manera marcó su vida; un olor pestilente que amenaza con hacer fracasar una cena de compromiso laboral;  las extrañas travesuras de un ambicioso ingeniero en sistemas que se esfuerza por encontrarle sentido a su vida.  De eso la van estos cuentos. Todos están signados por un común denominador: cierta densidad en las situaciones, un grado de tensión tan delicadamente desarrollado que por momentos se vuelve intolerable. Con una prosa sencilla, plana y  coloquial (de tono muy similar al de Rugby, la anterior novela de Soriano), pero a la vez muy visual, los cuentos  presentan las situaciones no denunciando pero desnudando el comportamiento y las conductas  del hombre, al que se suele retratar en el marco de relaciones gastadas y vínculos forzados o rotos, muchas veces pataleando para no ahogarse en la frustración o batallando contra los juegos de su mente. Hay algo narrativamente poderoso en la austeridad de  juicios de valor y en la falta de respuestas a las preguntas que generan las situaciones en la vida. Cierto aire Carveriano que lleva a aceptar con total naturalidad  el misterio que subyace en el entramado de los hechos. Y también un preciso uso del la elipsis, que como bien dice Oscar Brando en el prólogo, le da al lector “la  impresión de que lo importante está pasando en otro lado”.

No quiero dejar de mencionar cierta poesía, que a primera vista puede parecer  inhallable, pero presente en las descripciones y en el peso de ciertas imágenes. Son apenas destellos, gestos, rituales y juegos de palabras, pasajes en los que la metáfora no descansa en una construcción lingüística, sino en ese lirismo crudo y nítido, tan propio del realismo.

“Durante los últimos años de su vida, cuando ya sabía lo del cáncer, mi suegro me fue preparando para que ocupara su lugar. El viejo empezó a sestear todos los días después del almuerzo, en un catre mugriento que había armado en el depósito (…) Y desde entonces todas las tarde la misma ceremonia. Se sacaba los mocasines, colgaba la camisa de una silla, dejaba los dientes postizos en un vasito con agua, aflojaba el cinto, y se dormía de costado, arrullado por las aspas metálicas del ventilador. Yo era el encargado de despertarlo, dos horas más tarde. A veces me quedaba mirándolo, un minuto o dos. Su pecho lampiño se inflaba y desinflaba en silencio; su piel armenia, verdosa en verano y amarillenta en invierno; sus pezones, largos y morados, inquietantemente parecidos a los de su hija. La boca, sin el sostén de los dientes, se fruncía y se le metía hacia adentro.”

Calificación: Muy bueno
Editorial: Ediciones de la Banda Oriental. Montevideo, 2011. 153 págs.
ISBN: 978-9974-1-0701-4

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2 comentarios en “Variaciones de Koch, Manuel Soriano

  1. Apoyo a mi tocayo. Leímos prácticamente lo mismo.
    Me llamó la atención lo que dice Brando sobre la sintaxis, que a mí también me pareció ver. Se genera un contraste entre lo dicho, muy explícito y simple, y lo sugerido. No te mata de una piña sino con la infección.

  2. Tuve la oportunidad de leer el libro. Es excelente desde mi punto de vista, al terminarlo me quedó esa sensación de placer que provocan los buenos libros cuando se terminan.

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