Crónica del pájaro que da cuerda al mundo, Haruki Murakami

Murakami
*****

Al comienzo, Einstein pensó que el espacio era formalmente simétrico y que la presencia de la densidad de la materia causaba su curvatura. Era la fuerza ejercida por ese núcleo de masa la responsable de tironear de la sábana del vacío para crear una alteración en su forma original. Sin embargo, este primer enfoque fue ingeniosamente revertido. En un segundo enfoque, Einstein plantea que esa curvatura es lo primordial, y que la masa no es más que una ilusión fetichista -reificada- para explicar ese “defecto”. Al menos así lo expone Slavoj Zizek en una de sus conferencias: “La realidad de lo virtual”. De hecho, el filósofo esloveno se atreve a dar un paso más allá y comparar este fenómeno con la evolución del concepto de trauma en el psicoanálisis. Como es sabido, Freud comenzó pensando que el trauma era un elemento externo que al irrumpir en la psiquis del individuo causaba una alteración. En otras palabras: el trauma vendría a ser el resultado de un acontecimiento denso y superlativo que viene a curvar desde el exterior el espacio simétrico y reposado de la mente. Lo curioso es que, de un modo semejante a Einstein, y a partir de ciertas investigaciones, Freud dio un viraje a su teoría y terminó pensando en la psiquis como un espacio formalmente curvo. Así, la aparición del trauma a veces no es más que un elemento secundario, una herramienta creada para comprender ese desequilibrio primordial y, en consecuencia, definir alguna línea de acción.

¿Qué se desprende, entonces, de todo esto? Pues que el mundo al que pertenecemos está originariamente alterado, y que las nociones de orden y reposo son una mera y acaso necesaria construcción de la cultura occidental. “Crónica del pájaro que da cuerda al mundo”, entonces, puede definirse como una historia cuya tentativa primera es la de examinar ese universo en disfunción.

Tooru Okada está desconforme con su trabajo en el bufete de abogados y presenta su renuncia. Algo como un profundo dilema existencial lo mantiene en jaque, y ni siquiera logra vislumbrar una ocupación acorde a sus turbios deseos. Kumiko, su esposa, a pesar de todo se muestra atenta y comprensiva. Las primeras páginas de la novela se orientan a retratar los días parsimoniosos de Tooru en casa. El narrador en primera persona describe detalladamente el modo en que limpia los pisos y asea los rincones, lleva la ropa sucia a la lavandería, prepara la comida con amor de sibarita. En esta vida de recogimiento y disciplina también hay tiempo libre para merodear por algunos lugares cercanos, escuchar un buen disco, leer un libro junto al ventanal y oír, ocasionalmente, el curioso canto de un pájaro imposible de identificar que emite un ric-ric, como si diera cuerda al mundo y lo mantuviera girando.

Pero un día Tooru Okada recibe el llamado telefónico de una mujer sin nombre, el pájaro que da cuerda al mundo deja de oírse por algunos días, Kumiko se muestra distante y la desaparición del gato de la casa da lugar a que aparezcan en escena personajes signados por la excentricidad. Entonces ese mundo disciplinado e inscripto en la rígida estructura de la rutina comienza a tambalear, y ese hombre obsesionado con poner todo en su lugar, ese hombre que arregla, ordena y mantiene las cosas impolutas, deberá resignarse a un destino, a una realidad cada vez más desarticulada, invadida por lo irracional, por lo sucio, en un resquebrajamiento permanente de la tierra.

Este es el universo de Murakami: un universo regido por las dos reglas que definen al mundo de los sueños: condensación y desplazamiento. Cada cosa es, en realidad, muchas cosas. Cada cosa está a un paso, a un momento de ser otra. El mundo muta y los sentidos se vuelven impotentes, de modo que deben reinventarse para asirse de algo que de antemano, y no sin paradoja,  se sabe efímero, resbaladizo, fantasmal. Poco a poco, y a partir de la desaparición de Kumiko, la novela comienza a impregnarse de irrealidad hasta el punto de trazar planos paralelos que se trasvasan y se confunden, como dos trozos de hielo que se derriten a medida que se sueldan. Me temo que esto pueda resultar un tanto incómodo para alguna clase de lector. Mal que nos pese, el mundo occidental todavía pertenece a la ideología de Parménides. “Lo que es, es. Lo que no es, no es”. Hablamos de la diferenciación categórica, la rotulación y límite de los entes… Mientras que occidente dice “esto es esto porque no es aquello”, la mente oriental declara “esto y aquello” o “esto es aquello”;  por lo que la realidad como la conocemos se ve continuamente interpelada.

El placer y el dolor se habían convertido en una sola cosa. ¿Me comprende? Era un placer que nacía del dolor y un dolor que nacía del placer.

Pero el viaje dantesco de Tooru por los estadios difusos de un universo en transformación para salvar a la amada no se trata, como se ha pensado, de un cuerpo o una mente que cruza los límites naturales y propios de su realidad para dejarse invadir por las reglas de otro contexto. Se trata, como hemos dicho al comienzo, de un cuerpo rompiendo los límites que la cultura ha fabricado para mantenerlo contenido. No es que Kumiko se halle en otro plano de existencia, ajeno a este. Kumiko es el pretexto, la “ilusión fetichista”, el trauma que ha venido a descubrir el espacio curvo original de la mente y el espacio.

A veces, cuando avanzas en silencio por paisajes tan desolados, pierdes la cohesión como ser humano y te sobreviene la alucionación de que te vas disgregando progresivamente. El espacio que te rodea es tan vasto que es difícil mantener el sentido de la proporción con respecto a la propia existencia. ¿Me comprende usted? Mi conciencia se iba dilatando junto con el paisaje y acababa por ser tan difusa que no podía mantenerme aferrado a mi cuerpo.

Calificación: excelente.
Título original: ねじまき鳥クロニクル
Traducido del japonés por Lourdes Porta y Junichi Matsuura.
Tusquets Editores, Buenos Aires, 2010.

Anuncios

6 comentarios en “Crónica del pájaro que da cuerda al mundo, Haruki Murakami

  1. De acuerdo con Cabrera.
    Me pareció ver a Octavio en tu caracterización de Occidente y Oriente. Me acuerdo de sentir las palabras del mexicano como de un valor inestimable, probablemente por lo bien que escribía. Pero tengo el bichito de la duda. ¿Se distribuye esa riqueza de pensamiento hasta llegar a los que no piensan? ¿Sucede eso aquí? ¿Tenemos gente que piensa? De haber una respuesta afirmativa, ¿cuál es la relación entre su pensamiento y los sobreentendidos que guían a los que no piensan? ¿Están bien formuladas mis preguntas?

  2. Se ve que las formulé mal… Lo temía.
    En primer lugar, me preguntaba por la relación existente entre el pensamiento de avanzada, el de los más destacados, y el del pueblo general. Eso fue porque me cuestionaba la existencia de “lo oriental”, ya que me parece una especie de idealización a partir de un conocimiento muy parcial y sesgado. Intuyo que las preocupaciones reales de la gente tienen que ver con su contexto más cercano y que, cuando adhieren a una religión, por ejemplo, no están realmente adhiriendo a sus principios sino aceptando o haciendo caso (o disintiendo). De hecho, hoy hablaba con un compañero de trabajo que le está dando clases de español a unos gringos que vienen a evangelizar y estos le decían que vienen para acá porque nos ven como “ateos”. Y me parece que eso es una etiqueta que desconoce la realidad. Y pensar me parece buscar la realidad más allá de lo dicho y asumido.
    Seguro que la compliqué más… Empecé a pensar otras cosas que no puedo resolver ni redactar. Y eso me interesa.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s