Un héroe de nuestro tiempo, Mijail Lermontov

Lermontov
****

Esta es la historia del joven militar Grigori Alexándrovich Pechorin. Lermontov ejemplifica con ella la raíz del mal de su tiempo, pues Pechorin es un héroe irónico, el ejemplo ya no de lo mejor de un pueblo y de una época, sino el resumen concentrado de un modo de existir romántico, desencantado e insatisfecho. Estamos ante un personaje baudelairiano, dominado por un tedio del que nace todo el mal, un tedio que acaba por cubrirlo todo hasta que parece que él es lo único que existe, y la única respuesta a esa uniformidad acaba por ser la apatía indolente que todo puede justificarlo. Volveremos a este punto.

Mijail Lermontov tenía 26 años al escribir esta novela, en 1840. Si el lector tiene en cuenta este dato biográfico antes de comenzar la lectura, más de una vez, a lo largo de las páginas, tendrá pensamientos de este tipo: ¿Qué pensaba yo del mundo a los 26 años? ¿Era ya un hombre? ¿Conocía mi época? ¿Conocía mi propio corazón? Lermontov, ya no sólo por su obra, sino por su biografía, interpela al presente de forma involuntaria, un presente en el que un hombre de 26 años es apenas un niño, y en el que uno de 30 o 40 aún puede ser profundamente pueril. El retrato de la época romántica que hace Lermontov tiene efectos colaterales, este es uno de ellos: vivimos en un mundo infantil.

La estructura de la historia es esta: para empezar, nos acercamos a Pechorin de modo indirecto, a través de las historias que Maxim Maxímich (un viejo capitán), le refiere a un casual compañero de viaje, narrador principal de la novela y recopilador de los diarios de Pechorin que conforman el núcleo del libro. Así, las dos primeras historias se titulan “Bela” (nombre de una princesa circasiana que será seducida por Pechorin) y “Maxim Maxímich” (donde se refiere el segundo encuentro entre el capitán y el héroe). Luego, cuando accedemos a los diarios de Pechorin, pasamos a la narración directa de los sucesos, pensamientos y maquinaciones del héroe. Esta sección está formada por tres cuerpos de relatos: “Taman”, “La princesa Mary” y “El fatalista”, de los cuales el segundo es decididamente el más logrado y quizá debió ser el que cerrase el libro. Allí Pechorin cuenta las peripecias de índole amorosa que vivió en un balneario termal del Cáucaso, junto a la princesa del título, Mary; un pretendiente suyo (y antiguo conocido de Pechorin), Grushnitski; una mujer casada y tuberculosa, Vera; y una serie de interesantes personajes secundarios entre los que destaca el doctor Werner.

Mientras leía “La princesa Mary” recordé aquel pasaje de Rojo y negro en el que Julián Sorel es aconsejado por el príncipe Korasoff acerca de la manera de seducir a la señorita Matilde (la seducción entendida como manipulación racional de la voluntad ajena), y también recordé un acápite de Girodet que Stendhal agrega al comienzo del capítulo 29 y que dice: “Sacrificarse uno por sus pasiones, pase; pero por unas pasiones que no se tienen… ¡Oh, triste siglo XIX”. Y creo que aquí puede haber una clave para la lectura de Un héroe de nuestro tiempo, pues Pechorin es incapaz de la pasión. Todo es para él falso, pose, mímica y simulación. La princesa Mary elige qué imagen proyectar, cómo utilizar la dosis de poder que posee, del mismo modo en que Grushnitski adopta voluntariamente su aire pensativo y atormentado. Pechorin se divierte con amargura porque él ve más allá de los velos hipócritas, pero juega el juego. Él es el mejor de los hipócritas. No es raro que la única mujer que ha tocado el corazón de Pechorin se llame Vera. La verdad. Y tampoco es raro que cuando se decide a perseguirla, su caballo acabe reventado, muerto en la estepa, a mitad de camino de su destino. En aquel triste siglo XIX hay una raíz, en aquella romántica concepción del mundo que subyace de forma tangible en nuestros propios días, tanto como para que podamos asegurar que Pechorin es también un héroe de nuestro tiempo, que algo de él hay en nosotros, 170 años después de haber sido dibujado por la pluma de un muchacho ruso de 26 años que iba a morir en un duelo por el honor de una joven, un año después.

Pienso ahora: si uno llega a sentir compasión por Pechorin es porque probablemente nosotros también merezcamos una compasión parecida.

Siento en mí esa insaciable avidez que devora todo cuanto halla a su paso. Sólo atiendo a los sufrimientos y alegrías de los demás en razón de mí mismo como el alimento que fortalece mi espíritu. Personalmente, no soy capaz de cometer locuras bajo el influjo de las pasiones: la ambición se ha visto ahogada en mí por las circunstancias, pero se ha manifestado en otra forma, ya que la ambición no es más que sed de poder, y mi mayor placer –el de subrayar a mi voluntad a todo cuanto me rodea, y suscitar amor, devoción y miedo hacia mí-, ¿no es, acaso, el primer indicio y el máximo triunfo del poder? Ser para alguien motivo de pena o de alegría sin poseer el menor derecho, ¿no es el más dulce de los alimentos posibles para nuestro orgullo? ¿Y qué es la felicidad? Orgullo satisfecho.

Calificación: Muy bueno.
Título original: Geroi nashego vremeni (1840).
Traducción: Oriol Pose.
Ediciones Destino, 1989, Barcelona.
ISBN: 84-233-1371-5

Anuncios

Un comentario en “Un héroe de nuestro tiempo, Mijail Lermontov

  1. Muy bien por lo de “baudelairiano”. Ahí podía estar la raíz de la lectura, de una lectura, creo. Lermontov es, de todos los rusos de su siglo, uno de los más occidentales, y, si nos ponemos más finos, uno de los más franceses. Era esa parte de la cultura rusa que suspiraba por Francia, que hablaba en francés en los corredores y en las cenas de gala y hasta cuando hacía aguas menores. Se trata en realidad del eje de un conflicto cultural ruso. Lermontov y todos los que pensaban y sentían que Rusia tenía que ser más europea, por un lado, y aquellos más pro-eslavistas, que reaccionan como Dostoievsky, por ejemplo, que escribieron hasta con un odio visceral sobre la Europa y su influjo. Cosas así.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s