La paga del diablo, Giuseppe Fenoglio

Fenoglio
***

Ettore fue partigiani, es decir, soldado de las fuerzas italianas anti-fascistas que lucharon contra los alemanes y el ejército de Mussolini en la II Guerra Mundial. Ahora que la guerra es parte del pasado, Ettore ha vuelto a la casa de sus padres, donde vive sin trabajar, en una especie de letargo, como si todo lo vivido durante la guerra estuviese acomodándose dentro de él, acabando así de configurar un hombre diferente al anterior, un hombre de sólo veintidós años en la búsqueda de una vida que no lo haga despreciarse. Lo único que quiere su madre es que Ettore aporte a la economía doméstica. En cambio, lo que el padre quiere es que Ettore sea un hombre. La forma en que Fenoglio dibuja las tensiones de la relación filial es el primer gran acierto de la novela. Lo que termina de desencadenar los sucesos es sencillo: el padre de Ettore le ha conseguido un puesto en la fábrica de chocolate. Ettore se encamina a su primer día de trabajo pero antes de llegar se queda aparte, observando a los obreros y pensando:

Ustedes hacen con naturalidad sacrificios que para mí son enormes, insoportables, y yo soy capaz de hacer a sangre fría cosas que a ustedes, con sólo pensarlas, se les erizarían los pelos de la cabeza. Imposible que sea de los vuestros.

Ettore no es un obrero porque hay algo en él que vibra con una fuerza incapaz de subordinarse a la voluntad de otro hombre o mujer. Su individualismo anti-heroico se rebela contra la posibilidad de perderse en la masa y, tal como se aprecia en la cita de más arriba, tiene medios para evitarlo. Esos medios incluyen asociarse con Bianco –el mafioso local, ex partigiani, también-, y su segundón, Palmo, para realizar cierto tipo de trabajos muy bien remunerados (una noche de trabajo con Bianco equivale a un mes en la fábrica de chocolate). Hasta aquí, uno podría sentir cierto desprecio por Ettore o, al menos, podría no resultarle eso que solemos llamar “un tipo simpático”. Pero a medida que Fenoglio avanza en su historia, algo comienza a quedar claro con lentitud y sutileza: a pesar de todo, Ettore no es más que un muchacho. No importa su sangre fría, las cosas que haya visto en la guerra o la convicción con la que pueda actuar en circunstancias difíciles, todavía es un muchacho que necesita, también él, demostrarse que puede ser un hombre. La escena en la que va a la casa de Vanda –su novia que ha quedado embarazada- a decirle a los padres y hermanos de la muchacha que va a casarse con ella, es imperdible.

El final es el problema, porque si Fenoglio hubiese soportado de cerrar su historia con una especie de velada moraleja, la historia habría tenido más vida. Pienso, entonces, cómo una sola decisión puede marcar la clave de lectura de toda una obra. En este caso, cuando Fenoglio incluye un suceso puntual, abre la posibilidad de que toda su historia sea leída casi como una fábula, donde cada personaje pasa a ser el símbolo de una virtud o de un pecado, cuando en realidad, por suerte, el asunto guarda algo más de complejidad.

Calificacón: buena
Título original: La paga el sabato (1969)
Traductor: —-
Editora Cele srl para Club del Libro de Radio Sarandí,
Montevideo, 1978.
ISBN: —-

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