Mía, Robert Nathan

Nathan
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Thomas Baggot es un escritor bastante famoso, de quien se espera que escriba una autobiografía. Para ello, Thomas ha ido a pasar unas vacaciones a un balneario llamado Truro, cerca de Ballston, en Massachusetts. Allí la señora Peixotto se encarga de los quehaceres domésticos y él puede concentrarse en la escritura. Nunca se menciona la edad del personaje, pero digamos que tiene más pasado que futuro, y por esa misma razón, se le hace dificultoso ordenar y estructurar una biografía. ¿Qué sucedió primero, tal hecho o tal otro? ¿Cuánto de lo que recuerda en ese momento es verdad y cuánto invención? Esas preguntas lo preocupan y hacen que siempre posponga el trabajo, distrayéndose con otras cosas, por ejemplo, observar y conocer a la gente del balneario. Así, fue como dio con dos mujeres (cuyas vidas resultan una sola vida, de un solo ser, en distintas épocas y circunstancias, algo así como en “La doble vida de Verónica” de Kielowski) que cambiarán el curso de su vida: Emmeline y Mía.  La primera es una señora, más o menos de la edad de él, que acaba de mudarse a la casa en que vivía un viejo amigo de Thomas. Emmeline era una ávida lectora de las novelas de Thomas y el vínculo amistoso no tardó en trazarse. Emmeline es una mujer un poco rencorosa de su pasado, que representa una etapa de su vida signada por la soledad y el destino trágico. La segunda de estas mujeres no es precisamente una mujer, sino una adolescente de catorce años, que se escapa del colegio para pasear por la costa y simplemente contemplar su entorno. El vínculo entre Thomas y esta niña se dio de manera casual, y casuales siguieron siendo todos los encuentros que tuvieron. En esta segunda relación se da un acercamiento casi de padre e hija, o de abuelo a nieta, con un toque de misticismo o magia, si se quiere; un estilo que bien maneja Nathan, y que se visualiza en novelas como “Mucho después del verano”. Mientras avanza la novela, notamos cómo estas dos damas se adentran en la vida de Thomas, a la vez que éste recibe notas de su nieta, una arqueóloga que se dedica a la investigación en Europa, y recuerda a sus dos esposas, los dos grandes amores que tuvo y que intenta, fallidamente, reconstruir en sus líneas. Todo el pasado de los personajes se resuelve en el presente, las frustraciones amorosas y las heridas de tristezas se curan en esa temporada, en Truro, donde Thomas, Emmeline y Mía realmente sabrán cuál es su cometido vital, su razón de ser en la existencia. Y digo en la existencia porque en las novelas de Nathan conviven perfectamente las reflexiones imbricadas entre sí, las elucubraciones, la filosofía, con la pureza narrativa y con la sencillez expresiva de personajes que, como niños, parecen descubrir el mundo a cada instante.

Me sentí extrañamente consolado. La enfermedad afecta a cada uno de manera diferente; a algunos los exaspera, a otros los alarma. De niño yo solía buscar seguridad aferrándome a mi madre; el hecho de que siguiera alegremente con sus tareas cotidianas, sin parecer alarmada, me protegía de los terrores nocturnos. Ahora, la presencia de Emmeline me resultó igualmente tranquilizadora: oírla andar en la casa, en la cocina donde había ido a calentar un caldo, me consolaba, quebraba la acompasada monotonía del silencio; yo tenía la sensación de que la vida mantenía a raya a la muerte con solo entrechocar algunas cacerolas.

Calificación: Excelente.
Título original: “Mía” (1970).
Traducción: Marta Isabel Guastavino.
Editorial: Emecé, Buenos Aires, 1972 (2ª reimpresión).
ISBN: —–

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