Aquel viejo tango, Martín Bentancor y Rodolfo Santullo

Santullo
Bentancor
***

El número cinco de Cosecha roja fue escrito a cuatro manos. Es un breve divertimento en el cual los autores cumplen con los requisitos de la novela negra. Los personajes son seleccionados de entre los del fondo de la olla, se trata de criminales. El relato está enmarcado por una situación inicial donde un circunstante es testigo de un desencuentro y depositario del desahogo narrativo de la mujer que llegó tarde.

Un hombre acaba de salir de la cárcel y se reencuentra con su mujer y el hermano. Queda de manifiesto que cayó mientras los otros quedaron afuera, se habla de que lo usaron de cabeza de turco. No obstante, los traidores vuelven a tentar a Juan bajo la promesa de que va a ser un trabajo fácil y este entra como un caballo. Ahí viene la parte de la acción, donde se complica todo y se termina develando la engañifa a los ojos del obnubilado personaje, a quien uno le dan ganas de decirle que le haga caso a la mujer y no sea boludo. Y, después, la definición del enredo, donde no faltan algún beso inesperado, tiros y sangre.
El viejo tango es el que tararean el protagonista y la mujer y le da el hilo triste a la historia. En tiempos donde los criminales son vistos como criaturas prácticamente subhumanas, los pergeñados por este par de autores hacen gala de cierta sensibilidad y, al enfocarse el relato en ellos, provocan empatía.
Es difícil calificar como novela a este libro. Se trata más bien de un cuento bastante largo, preciso y entretenido, escrito con oficio y conocimiento de causa. Los guitarreros, tranquilos, muestran la uña que dará muchos tangos.

Los días pasaron y Carolina creía cada vez más que Juan había vuelto para quedarse. Pero no era ciega. Su marido realizaba cortos y eclécticos paseos por el living, como si de un león encerrado se tratase. Fumaba sin cesar, mucho más de lo que Carolina recordaba. Ocasionalmente, lo atrapaba echando largas miradas al teléfono, como si esperase que empezara a sonar de un momento a otro. Por lo demás, no salía ni a la esquina. Después de los instantes que siguieron a su salida del penal, Juan no había vuelto a pisar el exterior. Se conformaba con mirarlo por el estrecho ventanal que daba a un callejón. Cada día Carolina se preocupaba más pero temía que al enfrentarlo él decidiera irse y comenzar algo. Ella no sabía qué era ese “algo”, pero lo adivinaba peligroso y terrible.

Calificación: Bueno.
Editorial: Estuario, Montevideo, 2011.
ISBN: 978-9974-687-76-9

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4 comentarios en “Aquel viejo tango, Martín Bentancor y Rodolfo Santullo

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