Nieve, Orhan Pamuk

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Pamuk

Esta novela de Orhan Pamuk parecería estar alojada en el centro de una huella kafkiana. Su protagonista, un poeta turco exilado en Alemania por motivos políticos y cuyo seudónimo es Ka, regresa a su país natal para cumplir con un encargo periodístico en la lejana ciudad de Kars. A esto agreguemos que en su versión original “Nieve” se titula Kar, y, por si fuera poco, que la atmósfera, el ambiente general de esta historia tiene mucho de ese “estado de excepción” que se aprecia en “América” o “El castillo” (colegimos que sus “héroes” no alcanzarán la meta nunca); y más aun si se considera que los personajes con los que Ka interactúa, reticentes, esquivos, parecen apenas delineados en muchas de sus acciones, pero no por torpeza narrativa, sino porque es funcional a la narración que sus motivaciones parezcan indiscernibles y que deriven en la infrasciencia del personaje principal. Sin embargo, lo kafkiano en “Nieve” es un punto de apoyo y no un mero regodeo cultural con el que se busca tomar un atajo para meterse en la gran tradición europea.
La motivación por la que Ka llega a Kars es doble. Por un lado, cubrir para un diario de Estambul las elecciones municipales en las que se supone que un partido musulmán podría llegar al poder; asimismo, hay otro aspecto que interesa a Ka: la alarmante cifra de suicidios entre las mujeres jóvenes de la región. Pero lo definitivo es un dato en particular: la bella Ipek, una compañera de los años universitarios y de bohemia, se ha divorciado de Muhtar (justamente el candidato del partido musulmán que aspira a ganar las elecciones, y también ex condiscípulo). Ka presume que, en la posibilidad de que Ipek se enamore de él, la felicidad, aquel estado tan perseguido durante su vida, se concretará. Las cosas, obviamente, se complican. El arribo de Ka a la ciudad se produce en medio de una nevada excepcional y pronto el lugar queda aislado del resto de la región. Las primeras andanzas de Ka entre los pobladores suscitan confusión y recelo. Tanto a los liberales como a los religiosos les molesta que Ka vaya de un sitio a otro preguntando cosas, sobre todo cuando se mete en el tema de las jóvenes que se suicidan. Allí Ka atisba ciertas causas: la desprotección de las mujeres frente al abuso y la represión masculina, como el mismo orgullo de ejercer su fervor religioso en las jóvenes que desean llevar el velo pese a las prohibiciones estatales. El recelo que levanta Ka se agrava cuando se produce un golpe de estado solamente circunscripto a Kars en unas condiciones en las que la tensión entre realidad y ficción aumentan aquello del “estado de excepción”. De hecho, el impulso que le llega a Ka por escribir una larga serie de poemas, después de una larga sequía de años, y sobre todo el aspecto de que esos poemas “le llegan”, funciona como demostración del lugar que ocupa Ka en el concierto general de las cosas, algo así como si el infinito (aquel infinito de la huella “K”) recayera sobre él o lo envolviera. Pronto Ka se halla en medio de un conjunto de fuerzas que pugnan por prevalecer, y que son las que definen a la sociedad turca en su encrucijada oriental-occidental, uno de los temas que Pamuk reelabora constantemente en su obra (véase además la crónica “Nieve en Kars”, del libro “Otros colores”, en donde el propio Pamuk aporta datos sobre la génesis de la novela).
“Nieve” es una novela de amplios horizontes y que, como un luchador combativo, termina ganando por puntos y a golpes de belleza. Al tema del conflicto cultural hay que sumarle otro de los grandes intereses de la obra de Pamuk: la felicidad, o, lo que podría ser de otra manera, la textura de la vida, la observación de esa sustancia de la que está confeccionada la vida. Por eso mismo, tal vez, hay que sofrenar el impulso de tildar de kafkiana a esta obra, porque es en esa textura de la vida que los personajes buscan, incluso en sus más duras contradicciones, donde surge un alegato por la necesidad del entendimiento de lo diferente. Como dice el autor en su reciente ensayo “El novelista ingenuo y el sentimental”: “(…) el arte de la novela reside en nuestra capacidad para creer simultáneamente en estados contradictorios”. Esta es la concepción de la novela que Pamuk tiene en “Nieve”, una concepción que aporta, a nuestras mentes occidentales, la idea de que en la contradicción, en su conflicto, en el odio y en el amor, está el centro. Quizás no parezca una idea muy original, pero la narración de “Nieve” la vuelve nueva.

(…) Como Ka repitió las insustanciales respuestas de antes, el tío Mahmut, con la misma cara de hastío, le colocó unas esposas en las muñecas-. Mira lo que voy a hacerte –le dijo, y le golpeó un rato dándole puñetazos y bofetadas en la cara sin pasión ni furia.
Espero que mis lectores no se enfaden si escribo honestamente cinco importantes razones que demuestran que a Ka no le perturbó en exceso aquella paliza y que encontré entre las notas que tomó posteriormente:

  1. Según el concepto de felicidad que Ka tenía en la mente, la cantidad total de mal y de bien que debía ocurrirle había de ser la misma y, por tanto, la paliza que se estaba llevando en ese momento significaba que podría ir con Ipek a Frankfurt.
  2. Con una certera intuición propia de las clases dirigentes, Ka suponía que los interrogadores de la brigada especial le consideraban distinto a los ciudadanos de a pie, a los delincuentes y a los miserables de Kars y que, por lo tanto, no sería sometido a muchas más torturas ni palizas que le dejaran marcas u odios permanentes.
  3. Pensaba acertadamente que la paliza que se estaba llevando aumentaría el cariño que Ipek le tenía.
  4. Dos días antes, el martes por la noche, cuando vio la cara ensangrentada de Muhtar en la Dirección de Seguridad, había pensado estúpidamente que las palizas que uno se lleva de la policía pueden purificarle del sentimiento de culpabilidad que se siente por la miseria de su propio país.
  5. Le llenaba de orgullo el encontrarse en la situación de un preso político que no confesara en el interrogatorio el lugar en que se oculta otro a pesar del castigo.

Calificación: Muy bueno.
Título original: Kar (2001).
Traducción: Rafael Carpintero.
Editorial: Alfaguara, Buenos Aires, 2008 (3ª reimpresión).
ISBN: 978-04-0592-4

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4 comentarios en “Nieve, Orhan Pamuk

  1. Muy interesante la reseña. Una obra sobre la búsqueda de la felicidad ideal y un equilibrio que sólo se encuentra en la poesía o en un copo de nieve.

    Hace poco hablé de la novela en mi blog. Me alegro de encontrar a más personas que les haya hecho reflexionar. Un saludo

  2. He conocido a una mujer muy hermosa, así como yo me imagino a Ipek. Las primeras letras de su nombre son KAR, las siglas de su nombre son KAR. Curiosamente yo le había puesto un apodo: “Nieve” y en turco es KAR. Es aquí donde me doy cuenta hasta que punto la literatura y la poesía nos ayudan a inventar la verdad…

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