Últimas noticias del Sur, Luis Sepúlveda

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Sepúlveda

Existe en el mundo literario una expresión recurrente, con mucho de lugar común también, que consiste en señalar que los temas eligen a sus autores. Para el caso de este libro, el tema tropezó con un escritor. El tema: la Patagonia y su gente. El escritor: Luis Sepúlveda. (El fotógrafo, de un trabajo notable: Daniel Mordzinski).
Esta crónica de viaje comienza con los esfuerzos infructuosos del autor por hallar el tren que lo pueda conducir desde la estación Retiro, de Buenos Aires, al profundo Sur argentino. El periplo es en realidad la excusa para criticar algo en especial: el modelo privatizador del gobierno de Menem en la década del ’90. Transferido el servicio de trenes al sector privado, Sepúlveda recorre una gran parte de Buenos Aires, en un buscado y rebuscado tono pseudo-kafkiano-a-la-mano, para hallar un agujero negro: ninguno de los nuevos empleados sabe a ciencia cierta qué es del servicio de tren que viaja a la Patagonia. Podría decirse que este primer episodio, lamentablemente, da el tono entre ingenuo y sobrador que tiñe muchos otros pasajes del libro. Pensar que los entes están mal solamente bajo la égida de la privatización, significa quedarse corto; como si la administración pública no fuera responsable de taras similares. En síntesis: no todo es blanco o negro… y viniendo de un escritor, es esperable una mayor capacidad de observación.
Algo similar se aprecia cuando llegan a San Carlos de Bariloche y el narrador describe cómo se han desarrollado dos cinturones: uno interior, compuesto por la población rubia descendiente de europeos, en algunos casos, de ex nazis; y otro exterior, donde viven los descendientes de indígenas, en situación de pobreza. La segregación es moneda corriente. Algo triste y para repudiar, qué duda cabe. Pero suponer, a rajatabla, que ser rubio equivale a ser casi nazi, que no existen personas que olvidando las diferencias raciales y sociales tienden una mano, es un poco grueso. Uno se pregunta si al autor, al menos a través de lo que exhiben estas páginas, no se le olvidó escarbar un poco más profundo, como podría colegirse de estas líneas: “San Carlos de Bariloche tiene un muro transparente pero denso, contra esa construcción chocan las miradas azules de los habitantes de más edad, casi todos de apellidos alemanes, suizos, austríacos o croatas. Tal vez todavía ven las calles, casas de piedra de esa ciudad alpina enquistada al sur del mundo, llenas de banderas nazis celebrando la agresión a Polonia, la ocupación de Francia, y a ellos mismos marchando con la cruz gamada en alto.”
La ecuación de la que resulta “rubio + ojos celestes = malo” es peligrosa. Está a la mano cuando se habla de un sitio del mundo que fue y es saqueado por los extranjeros europeos y norteamericanos, sin duda, pero que ello desemboque en un chisporroteo de intolerancia cultural, eso es otra cosa, como se ve en el episodio en que unos ricos de Texas alquilan “La Trochita”, un clásico servicio de tren del que depende la comunicación de los habitantes de diversos puntos apartados de la Patagonia. Con todo, la excursión en avioneta mediante la cual Sepúlveda y Mordzinski persiguen el tren y fastidian a sus dudosos permisionarios resulta uno de los momentos más entretenidos del libro. Así como cuando el narrador describe a los tipos humanos con los que se cruza trayecto a trayecto: la señora de los milagros, el duende de El Bolsón, los paisanos de las estancias con su bondad a prueba de fuego, etc. En la mayoría de los casos, el vuelo es rasante y los giros comparativos o las supuestas expresiones felices del autor traban un poco la comunicación entre ese mundo y el lector (caso mínimo: “Afuera el viento aullaba su envidia”)

Cuando sobrevolamos el tren, a unos cien metros de altura, reconocimos al cubano-americano y a otros gringos que, asomados a las ventanas, nos hacían gestos enérgicos para que nos alejásemos. El más insistente era el jefe de estación, y en ese momento mi socio olvidó su miedo a la altura, farfulló un “agárrame de las piernas”, se puso en pie, y enfocó la cámara.
Volamos sobre el tren, junto al tren, de frente al tren, lo seguimos volando casi pegados a sus costados en las dos direcciones, mientras los dueños momentáneos de La Trochita pasaban de las indicaciones de que nos alejásemos, de no hacer fotos, a los gestos obscenos. Marcelo reía a todo pulmón.
-Muchachos, ¿se acuerdan de la novela de Soriano? –preguntó entre carcajadas que se llevaba el viento.
Claro que nos acordábamos de “No habrá más penas ni olvidos”, esa formidable novela en la que Cerviño, un protagonista muy parecido a nosotros y protagonizado por el gran Ulises Dumont, bombardea con estiércol a quienes intentan robarle los sueños.
Y el avión en que volábamos se llamaba también Torito, como el de Soriano, bautizado con pintura roja sobre el fuselaje de lona. Sólo nos faltaba una carga de mierda que dejar caer sobre esos gringos.

Calificación: Regular.
Editorial: Ediciones de la Banda Oriental (colección “Lectores”, 12ª serie), Montevideo, 2011.
ISBN: 978-9974-1-0717-5

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4 comentarios en “Últimas noticias del Sur, Luis Sepúlveda

  1. Lo leí antes de salir de viaje. Y me pareció un interesante diario, con capitulitos lindos. Le daría una estrella más, sobre todo porque recoge la experiencia de un viajero (la estoy viviendo) y cuenta historias lindas.
    Sobre la parte de los rubios… ¿El fotógrafo de qué color tiene el pelo? ¿De dónde viene? Yo no leí eso que vos leíste. Además, las diferenciaciones étnicas son muy fuertes fuera de Uruguay. No es lugar común: es común.
    Gran abrazo y saludos desde Cusco

  2. en Uruguay venden una edición nueva que tiene mucho menos pàginas que la editada en Barcelona, acá 150 pág. y allí es de 248.
    La diferencia podrían ser sólo fotos. No me parece bueno que resulte de una mutilación editora, saludos.

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