El novelista ingenuo y el sentimental, Orhan Pamuk

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Pamuk

El último libro de Orhan Pamuk es un libro que fue pensado para ser transmitido de forma oral. Eso antes que nada. Si su tono ameno, condescendiente y hasta personalista llama la atención es porque, aparte de ser un “arte poética”, está constituido por una serie de conferencias que el escritor turco dictó en 2009 para el seminario Charles Eliot Norton de la Universidad de Harvard. De hecho, para señalar un precedente, recuerda bastante al tono de las conferencias que allí mismo dictó Jorge Luis Borges en 1967 y que fueron reunidas en 2000 bajo el título de “Arte poética”.
El título común de las conferencias puede despistar, pero él mismo Pamuk se encarga de aclarar que la distinción proviene del ensayo “Sobre poesía ingenua y poesía sentimental” (1795-6), de Friedrich Schiller. Como sabemos, para los poetas románticos del XVIII al XIX, “poesía” era, más que lo que entendemos hoy en día, “creación literaria”. Por eso el préstamo que realiza Pamuk para transportar estos conceptos no tiene tanto de “ready-made”: “El poeta ingenuo no diferencia mucho entre su percepción del mundo y el mundo en sí. Pero el poeta moderno y sentimental-reflexivo cuestiona todo aquello que percibe, incluso sus propios sentidos.” De esto se puede tratar, incluso, el nacimiento de la Modernidad, y, además, el tránsito del impulso narrativo del XIX al del XX… Lo que Pamuk, en líneas generales, hace con esta distinción, entre una actitud ingenua y otra sentimental, es aplicarla al acto de escribir y de leer novelas. Esto le lleva a repasar su propio papel como novelista y la encrucijada ética y estética en la que se ha visto en cada uno de los libros que ha escrito y las opciones que ha tomado como ciudadano de un país que, tema que abunda en su obra, vive en el conflicto de las concepciones de lo oriental y lo occidental. De hecho, hay una especial mención hacia lo político, de lo que no escapa su novela “Nieve”, siempre señalada por su ostensible connotación política. Pamuk se encarga, entonces, de reajustar de modo interesante la categoría de “novela política”: “El arte de la novela deviene político no cuando el autor expresa opiniones políticas, sino cuando realizamos un esfuerzo para entender a alguien diferente de nosotros en cuestiones de cultura, clase y género. Esto significa sentir compasión antes de realizar un juicio ético, cultural o político”. Sin embargo, se podría decir que el gran interés que Pamuk demuestra a lo largo de estas conferencias no pasa tanto por lo político y ni siquiera por los procedimientos meramente literarios, sino por una disposición intelectual ante esa construcción que llamamos la “vida”. Por eso, afirma, el objetivo de la escritura en su caso está dado por la descripción de la vida y no en el carácter de un personaje; y por eso mismo es que discute la idea-mistificación de que en el proceso de escritura son los personajes los que se hacen con el dominio del relato, anteponiendo la idea de que lo que en realidad mueve todo es ni más ni menos que la búsqueda de un “centro”. Las novelas, para Pamuk, son esencialmente la búsqueda de un centro, impreciso o no, claro u oscuro en el decurso de la escritura.
Si Orhan Pamuk es un novelista ingenuo o sentimental puede discutirse en los siguientes términos: una parte de él, que se rige por procurar lo vicario de la novela, puede acercarlo al perfil ingenuo; pero, por otro lado, la necesidad de ajustar permanentemente la sintonía mediante la cual entra en la lógica de la “vida”, lo acerca al sentimental. Podría ayudar otra distinción, no obstante, que ilustraría por qué lo político no es un sector esencial de su creación y sí lo es el énfasis en lo descriptivo. Como sostuvo  Juan García Ponce en sus ensayos sobre Robert Musil de “El reino milenario”, el arte (para este caso, la novela) en el paso del XIX al XX se debatió entre la prerrogativa ética (un asomo de la confianza decimonónica en que la Razón era el camino de la conducta humana) y un interés por ofrecer una visión de conjunto sobre lo que es la vida, separándola del “ethos”. Pamuk parece más atrapada entre estas diferencias, pero con más de un paso puesto sobre el segundo ejemplo, lo que lo acerca a Musil y también a Thomas Mann. De ahí que el interés, como se observa en todas estas conferencias, esté siempre colocado en la capacidad de penetración en los misterios de la conducta humana para, en el mejor de los casos, ofrecer la vida tal como es. Revelar el mundo tal como es a través de la descripción (la representación nueva de los objetos) es la mejor manera de entrar en su misterio, tal como suponían los románticos, y no sólo Schiller, sino también Shelley, para quien el objetivo de la poesía era hacer sentir que los objetos conocidos aparecieran como si no fueran conocidos.

De hecho, el motivo por el que leemos tales novelas es para sentir la paz y la seguridad de estar en casa, donde todo nos resulta familiar y se encuentra en el lugar habitual. El motivo por el que acudimos a las novelas literarias, a las grandes obras, donde buscamos una guía y una sabiduría que puedan aportar algo de significado sobre la vida, es que no logramos sentirnos en casa en el mundo. Realizar esta afirmación es establecer, como hace Schiller, una relación entre un estado psicológico y una forma literaria. El hombre moderno lee y necesita novelas para sentirse como en casa en el mundo, porque su relación con el universo en el que vive se ha visto dañada; y en este sentido, ha efectuado la transición de la ingenuidad al sentimentalismo. Por motivos psicológicos, cuando yo era joven sentía la imperiosa necesidad de leer novelas, así como obras de metafísica, filosofía y religión. Nunca olvidaré las novelas que leí entre los veinte y los treinta años, en las que buscaba con frenesí su centro, como si fuera una cuestión de vida o muerte. No solo porque buscaba el significado de la vida, sino también, porque estaba forjando y puliendo mi visión del mundo, mi sensibilidad ética, utilizando la perspicacia que encontré en novelas de maestros como Tolstói, Stendhal, Proust, Mann, Dostoievsky y Woolf.

Calificación: Muy bueno.
Título original: Saf ve Düşünceli Romancı (2011).
Traducción: (del inglés: “The naïve and the sentimental novelist”) Roberto Falcó Miramontes.
Editorial: Mondadori, Buenos Aires, 2011.
ISBN: 978-987-658-095-3

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