HHhH, Laurent Binet

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Binet

Antes que nada, ¿qué significa el título de este libro? El autor/narrador, denominémoslo así que da sus frutos, comenta en un momento de la novela que el título iba a ser “Operación Antropoide” (que es como se llamó el operativo que dio origen a la narración), pero que su editor se decidió por “HHhH”. Un posible acierto. “Operación Antropoide” quizás podía predeterminar a los lectores y dirigirlos a una zona donde uno puede reconocer la herencia de John Le Carré o, un poco por debajo, Ken Follet (¡quién sabe!), cosa que no es. “HHhH”, del alemán “Himmlers Hirn heisst Heydrich”, “El cerebro de Himmler se llama Heydrich”…
La historia tiene como centro un hecho verídico: el atentado contra Reinhard Heydrich el 27 de mayo de 1942. Heydrich, por esos días mandamás del Protectorado de Bohemia y Moravia, hoy República Checa, era uno de los hombres más temibles del Tercer Reich. El respeto que le tenía Himmler, su inmediato superior, y hasta el propio Hitler estaba basado en la crueldad y la perspicacia extrema con que el jefe de la Gestapo podía conseguir lo que quisiera. De hecho, por citar algo concluyente, fue Heydrich (conocido como “la bestia rubia” o “el carnicero de Praga) quien ideó lo que los nazis llamaron la “Solución Final”, ante la cuestión judía, que no fue otra cosa que la implementación de los campos de concentración y las distintas formas en que se produjo el exterminio. Hasta la fecha señalada del año 1942, la carrera de Heydrich había sido meteórica, y estaba por verse aún qué destino le iba a ser deparado junto al Führer (o después de él). Pero dos paracaidistas, uno checo y otro eslovaco, reclutados y enviados por la resistencia checa en Londres, tuercen ese destino. Se trata de Jan Kubis y de Jozef Gabcik, a quienes se les uniría en el tramo final de la operación Josef Valcik. Como se sabe, a pesar de los imprevistos, los soldados logran su cometido, aunque el costo sobrepasó el de sus propias vidas, ya que una de las represalias nazis fue la aniquilación del poblado de Lidice. Por ahí podría resumirse lo principal de los acontecimientos…
¿Pero qué hace Laurent Binet (París, 1972) con ese fragmento de la Historia? Es decir, ¿cómo hizo de esa historia un relato que le llevó a ganar el premio Goncourt de primera novela en 2009? He aquí lo interesante. Binet trabaja al borde del género y la novela transita por un camino riesgoso de tan andado, el de mostrar conjuntamente a la materia narrada el procedimiento de escritura de la narración y los avatares en los que se ve envuelto su autor. Pero es lo más honesto que puede hacer el escritor en esto caso, y no escatima ejemplos que lo demuestran a lo largo de las páginas.”HHhH” es un libro que pone en tensión el acto de escribir sobre la Historia, muy particularmente la de la Segunda Guerra Mundial y el horror nazi. Hay pasajes en los que parecería (parecería) que la novela se va a inmolar en su propio procedimiento. Binet detalla cómo se interesó por los detalles de la Operación Antropoide, más el tiempo que vivió en la República Checa, más un par de amores en el medio, más situaciones cotidianas varias como lecturas, conversaciones, películas halladas de noche en el cable, etc. Pero escapa de lo banal y bien lejos. Incluso en esos instantes en que el lector puede vacilar en su (llamémosle así) “pico de atención”, (y esta novela, ya que estamos, llega a niveles bastante altos),  “HHhH” es uno de esos ejemplos de obras que están marcando todo el tiempo la potencia o la trascendencia de la idea que se agazapa detrás del resultado. Binet desdeña las formas tradicionales de la narración novelesca, con giros comparativos, metafóricos, eufemísticos o lo que fuere. El autor sabe que no es por ese atajo literario por donde puede acceder al corazón del mundo que se propone recrear. Por desgracia para él, no le queda otra opción que recurrir a los procedimientos literarios, sean los que sean (como en la  estupenda recreación de los segundos que lleva el atentado en sí). Por suerte para él, se encuentra con la literatura, es decir: el paso que da es decididamente una proposición literaria en el sentido de que no refrenda ningún anquilosamiento. Por eso mismo, Binet coteja su interés por la Operación Antropoide con otras novelas que han tratado el mismo hecho, o con obras que de todos modos se hunden en la problemática nazi, caso de “Las benévolas” (ganadora del Goncourt, también), de Jonathan Littell, con la que se siente enfrentado en la forma y que le lleva a manifestar: “Pero verosímil no es lo mismo que probado. Menuda tontería, ¿verdad? Las personas a quienes les cuento estas cosas me toman por un maniático. No ven cuál es el problema” ¿A qué le teme Binet? A hacer de su representación de Operación Antropoide un spaghetti western, como insinúa en un pasaje; o sea, no caer en lo que le pudo generar críticas a Quentin Tarantino con “Bastardos sin gloria”, donde acomodó a la cuestión nazi cierta lógica del spaghetti western, que puede consistir en una trama con personajes bien diferenciados aunque con una moralidad que a veces causa perplejidad y regocijo en el espectador. Un regocijo que, si seguimos el juego, bien puede transformarse en una dimensión del entretenimiento. El planteo, del que se hace carne “HHhH”, es si cabe quizás para estos temas un proceso tal de estetización. Binet nos hace entender que no es posible. Todo floreo de la prosa y del habla del escritor es una desviación innecesaria y hasta onanista. El escritor no tiene aquí lugar en ese sentido. Puede recordarse para el caso el extendido aserto de Adorno (“No hay relato después de Auschwitz”), pero también cabe traer a la discusión los pensamientos de  W.G. Sebald, quien en “Sobre la historia natural de la destrucción” afirmó: “(…) la fabricación de efectos estéticos o seudoestéticos con las ruinas de un mundo aniquilado es un proceso en el que la literatura pierde su justificación”. Por lo que tanto le da a Binet componer el capítulo 147 (en el que Kubis y Gabcik saltan del avión y emprenden su misión) únicamente con las siguientes tres palabras: “Bueno, finalmente saltaron.”

A veces he tenido que hacer trampas y renegar de lo que creo, porque mis creencias literarias no tienen ninguna importancia con respecto a lo que se representa ahora. Lo que se va a representar en unos minutos. Aquí. Ahora. En esa curva de Praga de la calle Holesovice, allí donde más tarde, mucho más tarde, se construirá una especie de vía de circunvalación porque las formas de una ciudad cambian más rápido, ay, que la memoria de los hombres.
Pero apenas si tiene importancia. Un Mercedes negro va a toda velocidad por la carretera como una serpiente, eso es en adelante lo único que cuenta. Nunca me he sentido tan próximo a mi historia.
Praga.
Siento el metal que roza contra el cuero. Y esa ansiedad que crece en los tres hombres, y esa calma que demuestran. No es la varonil seguridad de los que saben que van a morir, porque aunque se han preparado para ello, nunca han descartado la posibilidad de escapar con vida, lo que, en mi opinión, hace aún más insoportable la tensión psicológica. No sé qué increíble resistencia nerviosa han necesitado para dominarse. Repaso rápidamente las ocasiones en que he tenido que dar prueba de sangre fría en mi vida. ¡Qué escarnio! Una tras otra, cada vez era a cual más ridícula: una pierna rota, una noche detenido en un calabozo o un rechazo amoroso, prácticamente eso es todo lo que me he arriesgado en mi pobre existencia. ¿Cómo podría dar más que una ínfima idea de lo que vivieron esos tres hombres?

Calificación: Muy bueno.
Título original:HHhH (2009).
Traducción: Adolfo García Ortega.
Editorial: Seix Barral, Montevideo, 2011.
ISBN: 978-84-322-0932-1

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4 comentarios en “HHhH, Laurent Binet

  1. Con respecto a cómo una historia así puede ganar el Goncourt, yo no descartaría como elemento de juicio adicional el enorme sentimiento de culpa que Francia tiene por lo que fue y supuso el régimen de Vichy. Buena reseña, da ganas de leerlo.

  2. ¡Ah! Sin dudas de acuerdo. A eso hay que sumarle que hubiera ganado algún tiempo atrás “Las benévolas” y, en el plano social, muchas otras determinaciones o disposiciones que revelan ese complejo de culpa. Gracias por leerla. Saludos.

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