Es más de lo que puedo decir de cierta gente, Lorrie Moore

Moore
**

Hay varios problemas en este libro y algunos son muy evidentes. Comencemos por ellos. ¿Es tan difícil cuidar el uso de las comillas, los paréntesis y los guiones de diálogo? Pues, a juzgar por la edición de Emecé, se trata de un asunto intrincado. Puedo olvidarme de las comillas y los paréntesis, pero no de los guiones. Estoy hablando de errores que provocan auténticas confusiones al lector. ¿Quién carajo está hablando?, eso es lo que uno se pregunta cada vez que tiene que detener la lectura y retroceder para encontrar el punto en que se produjo el lío. Y son demasiados líos. Puede llegar a ser desquiciante. No voy a dar ejemplos, tendrán que confiar en mí (pero créanme, no exagero). Otro asunto. ¿Por qué, si el libro original se titula Birds of America, a la edición argentina le pusieron este título? ¿Problemas contractuales? Es posible, porque la edición española sí se llama, simplemente, Pájaros de América. Esto podría ser un detalle menor, pero en realidad es el comienzo de una serie de problemas de la traducción. De hecho, mi ejemplar es de segunda mano y alguien (el desconocido anterior propietario) anotó con lápiz en la página 229 (mayúsculas entre paréntesis rectos) una especie de advertencia para los incautos: “A partir de aquí parece haber errores de traducción”, algo así como “Atención: media calzada”. Pues bien, así avanza uno por estos doce cuentos, vigilando el asfalto lleno de accidentes e imperfecciones de las que no se puede responsabilizar a Lorrie Moore, ciertamente.

El resto de los problemas que presenta Es más de lo que puedo decir de cierta gente, muchas veces tiene que ver con el uso desmedido o desafortunado del humor, la ironía y el sarcasmo. Luego de leer Hospital de ranas y Como la vida misma, me quedé con la sensación de que Moore había encontrado “la zona”. En muchos deportes se habla de “la zona” como de ese espacio, físico y mental, que le permite a un deportista potenciar al máximo sus fortalezas a la vez que logra disimular sus debilidades hasta volverlas casi invisibles. En este libro, Moore está fuera de esa zona. Si antes el humor había sido su aliado para avanzar en los múltiples niveles de la narración, en este libro el humor se convierte en un obstáculo, un elemento que produce un distanciamiento entre el lector y la historia. ¿Por qué? Porque por momentos el humor es forzado a ubicarse en un sitio y en una posición que no le resulta natural. ¿Para qué? Para encontrar un camino que no haya sido recorrido antes, para escapar de la corrección política, para mostrar una mirada ingeniosa, fresca, nueva. En el cuento más aclamado del volumen, titulado “Esta gente es la única clase de gente que hay aquí: balbuceo canónico”, este problema queda de manifiesto en más de una ocasión. Ejemplo. Madre y Padre están en la sala de Oncología Pedriátrica porque su Bebé tiene un tumor en un riñón. Habla el Oncólogo.

-Es un tumor rápido pero débil –explica-. Típicamente hace una metástasis de pulmón.
Habla velozmente de cifras, tiempos, estadísticas de riesgo. Rápido pero débil: la madre trata de imaginar esta combinación de atributos, trata de pensar y pensar, y sólo le viene a la mente Claudia Osk, de cuarto grado, que se ponía colorada y casi lloraba cuando la llamaban en clase, pero en el gimnasio les ganaba a todos en las carreras desde la salida de emergencia hasta el cerco. Ahora la madre piensa que ese tumor es Claudia Osk. Ya la agarrarán a Claudia Osk, ya le darán una paliza. ¡Bien! Claudia Osk debe morir. Aunque nunca se ha mencionado antes, ahora está claro que Claudia Osk debería haber muerto mucho tiempo antes. Al fin y al cabo, ¿quién era Claudia Osk? Tan presumida: nadie podía ganarle en una carrera. Bueno, bueno, bueno. ¡No mires ahora, Claudia!
El marido le da un codazo:
-¿Estás escuchando?

Es opinable, pero… ¿qué es todo eso de Claudia Osk? ¿En verdad una persona –por muy imaginativa y creativa que sea- puede hacer una asociación de ideas así mientras le dan el diagnóstico de su hijo pequeño? Es llevar la verosimilitud a cierto límite, y llevarla allí con fines no del todo claros. Parece una prueba. “Puedo hablar de cáncer infantil y hacerlo divertido”. Esa parece la apuesta. Claro que el dolor o el miedo no sólo están hechos de dolor y de miedo. Claro que se cuentan chistes en los hospitales y en las funerarias. Y sin embargo, lo que pasa aquí, en el cuento, es otra cosa, es que la continua intervención del ingenio ácido impide o dificulta la empatía, el acceso al corazón del asunto. Sí, la madre está desesperada y reacciona como puede, echa mano a lo que tiene más cerca, y lo que tiene más cerca resulta ser justamente esto que la convierte –a los ojos del lector- en un ser más preocupado por delinearse a sí mismo que por ninguna otra cosa. Con evidentes visos autobiográficos, uno podría comprender los recaudos de Moore para tratar el asunto, y esta distancia impuesta hacia su historia. El propio relato presenta esos recaudos de forma explícita, cuando el Padre le dice a la Madre que tome notas y luego escriba algo, porque van a necesitar el dinero. “Eres increíble”, responde ella, negándose, “Esto es la vida. No es esa clase de cosas”. Pero finalmente, la vida se convierte en esa clase de cosas, porque eso es lo que hacen los escritores, después de todo. Y cuando el cuento termina, lo hace con uno de los peores finales de cuentos que he leído en los últimos tiempos. “Están las notas. ¿Y dónde está el dinero?”. Frase que me hizo recordar el mantra que el personaje de Cuba Gooding Jr gritaba al teléfono en una escena de la película Jerry Maguire. “Show me the money”, gritaba, “show me the money”, como un poseso. Todavía me parece increíble que relacionen este cuento con “Parece una tontería” de Raymond Carver. Es como si toda la complejidad de las relaciones que pudieran establecerse fuesen de índole temática. Niño + hospital + padres afligidos. Listo, estamos hablando de lo mismo. Y la verdad es que no (y esto ya no tiene nada que ver con Moore), la verdad es que bastante dañino que el marketing editorial influya de modo tan simplista en la mirada de críticos y reseñistas, que a fuerza de repetir y repetir, acaban dando por sentados juicios que están lejos de tener sustento y que sólo entorpecen la lectura.

En el resto de los cuentos hay de todo. Desde una pareja dispareja de maduros hombres gay que hacen un viaje en coche por el mid-west (“Como tú quieras”), hasta una familia reunida en la cena navideña que se pone a jugar al dígalo con mímica (“Charadas”). Muy probablemente el mejor de todos los cuentos sea “La danza en Norteamérica”, donde el humor de Moore está más aplacado y sobrio, permitiendo así que la historia de la bailarina retirada que viaja por las escuelas dando charlas sobre danza y llega a casa de unos amigos que tienen un hijo enfermo (a los niños no les va nada bien en este libro), logre implicar al lector emocionalmente. Pero en “Negocio inmobiliario”, por ejemplo, es uno de esos momentos en los que el lector puede verse tentado a abandonar el libro. Más de dos carillas de “ja, ja, ja”, íntegras. Es así: “Al final le dio un ataque de risa”, y siguen risas. Dos carillas. Simplemente insoportable. Y luego de la risa viene la historia de la mujer cancerosa con una esperanza de vida corta que decide perdonar a su marido por sus múltiples infidelidades y emprende la tarea de hacer habitable una casa tomada por mapaches, murciélagos y ardillas.

Este es un libro muy norteamericano, lo es desde su título y desde sus intenciones. Pájaros de América. Ornitología. Observar, fotografiar, catalogar. Dar cuenta de la existencia, el aspecto y las costumbres de las especies. Dejar sentado que a fines de los ’90 los norteamericanos observados por Lorrie Moore estaban hartos. Hartos de sí mismos, de su país, de los jirones del American Dream, de la mediocridad, de ser tan distintos de sus padres y de no comprender a sus hijos. Habían comprendido cosas que preferirían no haber sabido nunca y ahora estaban desencantados. Ese era su estado habitual, el desencanto, un estado que la prosa de Moore no parece interesada en trascender y al que le alcanza con registrar. “Así éramos”, parece decir, “No hay mucho más que hacer con eso”.

El demonio saltaba sobre un barril, Bill cruzaba un sendero. El demonio lo seguía. Ah, qué terror mientras Bill llegaba al porche de su casa, pasaba por la puerta de un golpe, se apretaba contra la puerta sin llave y entraba en el corredor oscuro, cerraba la puerta de un golpe, se apretaba contra la puerta cerrada, se dejaba caer en el felpudo, protegido por fin, en medio de un montón de botas y zapatos para la nieve pero todavía jadeando, feliz de haberse salvado por tan poco… Qué maravilla que esto sucediera en un mundo que para él, con hábil indiferencia, había perdido ya todo su encanto.

(de “Una buena nota”).

Calificación: regular.
Título original: Birds of America (1998).
Traducción: Alicia Steimberg.
Emecé Editores S.A., Buenos Aires, 1999.
ISBN: 950-04-2003-1

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Un comentario en “Es más de lo que puedo decir de cierta gente, Lorrie Moore

  1. Tratando de conseguir el libro por las tantas referencias a esta “obra maestra” del cuento “Esta gente es la única clase de gente que hay aqui….”. Lo estoy leyendo de un PDF en inglés y es la misma cosa, concuerdo 100%. Es un dialogo interno muy dificil de seguir por que no se sabe quien habla y el desorden no lo hace parecer mas culto, sino mas confuso. Muy estadounidense como vos decis. No me parece que refleje lo que personas normales estarian pensando en estas situaciones.

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