Un cuento con un pozo y otros escritos, Mario Arregui

Arregui

Dentro de la cuentística nacional, Arregui ocupa un lugar importante- al menos dentro de la visión académica- pero no es lectura común o habitual por regla general. Este volumen, coordinado por Oscar Brando y que compone el ejemplar número 182 de la Colección de Clásicos Uruguayos (una imprescindible edición de la Biblioteca Artigas, lamentablemente no sencilla de conseguir) pretende enmendar eso. Brando propone una selección amplia, que no completa, una mirada general y puntillosa de todos los aspectos que la pluma de Arregui tocara en vida. Así, el volumen se parte en 5 divisiones, comprendiendo sus cuentos “más sólidos”, sus “otros cuentos”, sus “ensayos”, sus “cuentos interiores” y sus “relatos autobiográficos”, como especifica el propio Brando en el criterio de la edición. Este criterio, el elegido por Brando, tiene- a mi humilde entender- sus aciertos y desaciertos.

*****

Entre los primeros, está el de lograr dar una idea general de la obra de Arregui. Efectivamente, y es de agradecer la atenta mirada de Brando a este respecto, una vez terminado el volumen uno se queda con la impresión de que está ante una de los narradores nacionales de más importancia. El Arregui cuentista es brillante, el Arregui reflexivo es atendible, el Arregui cronista es interesante, etc., y estas reflexiones son sólo posibles gracias al criterio que asume Brando en la selección. No sólo eso, los primeros 10 cuentos incluidos en el volumen (a saber: “Un cuento con un pozo”, “Un cuento con insectos”, “Los contrabandistas”- el mejor, según Brando y coincido calurosamente-, “Noche de San Juan”- el único que sentí algo flojo y en el prólogo Brando le marca cierta bisoñez por ser escrito en época temprana de Arregui-, “Diego Alonso”- otro brillante-, “Los ladrones”, “Tres Hombres”, “La escoba de la bruja”, “Las Cuevas de Nápoles” y “Los ojos de la higuera”) son increíbles, sencillamente increíbles. Una montaña rusa de emociones, donde es imposible de prever los giros de los argumentos de Arregui, que desde su estilo llano y directo, logra sorprender siempre. Cuentos que dejan al lector masticando, procesando lentamente lo que acaba de leer.

El reloj avanzaba sobre el tiempo; su tic-tac encarnizado aniquilaba los segundos, demolía y consumía los minutos; era la pequeña máquina un pequeño, insaciable monstruo comiendo el tiempo, tragándolo haciéndolo pasar por dentro de él, lo mismo que esas lombrices que avanzan devorando su camino en la tierra. Alonso miraba el suelo, las alpargatas blancas, la colilla humeante que había dejado caer el hombre de negro; veía moverse y trabajar al peluquero; sentía en las sienes y en las muñecas la pulsación de su sangre. La navaja no producía ruido alguno al segar la barba- sin duda flaca y escasa- del enfermizo forastero.

(Del cuento “Diego Alonso”)

Ahora bien, cuando pasamos a la tercera parte del volumen, donde entra en juego el Arregui que reflexiona sobre literatura- la propia y la ajena- encontramos en el autor a un lector atento y a un hombre reflexivo e inteligente. ¿Pero el nivel del volumen se sostiene? Yo creo que no. El criterio de Brando fue evidentemente abarcativo, pero yo quedé esperando más de esa excelente prosa de Arregui y el Arregui de esta parte no está interesado en eso (con la posible excepción de “Un cuento de fogón”), sino que por el contrario, está más interesado en analizar el concepto de literatura rural o criollista (de la que continuamente pretende desmarcarse) o rendir homenaje y tributo a aquellos narradores que conoció en su vida y que le enseñaron a él mismo ser un narrador. Esta parte del libro no decae en nivel, que no se me malinterprete, pero si se resiente en ritmo de lectura. Ahora bien, este fue el criterio de Brando y es respetable. Imagino que debe ser harto difícil pararse ante una obra de la magnitud de Arregui y elegir qué poner y qué no en una selección. De todos modos y supongo se debe a qué es difícil para cualquier escritor hablar en primera persona de su literatura y de la de otros, el Arregui llano y directo de sus narraciones aquí en ocasiones desaparece y aparece un Arregui algo egocéntrico, que abunda en citas y referencias, bastante dispuesto a llevar agua para su molino o al menos, a alejarla del molino ajeno (más si el molino pertenece a Morosoli, por decir uno). Esto confirma una verdad de Perogrullo: es siempre mejor conocer la obra, que el autor. Sin embargo, y es de rigor reconocerle a la antología, esta sección abunda en reflexiones sesudas y ricas, que aportan muchísimo sobre el autor y su obra:

Para calificar a un cuento como criollista no alcanza con que él tenga como personajes hombres del campo y como background una zona rural o una estancia. Falta, en primera instancia, algo que es básico: una voluntad de criolledad y su cosmovisión, donde lo criollo sea un héroe positivo, digamos, o un cardinal valor de sostén. Nada parecido anda por mi literatura, creo. Además… Pero no es fácil decir lo que quiero y será mejor copiar frases que (Carlos) Maggi escribió para la solapa de La escoba de la bruja. Claro está que hay que hacer descuentos: Maggi es un amigo y, notoriamente, un tipo muy propenso a dejarse resbalar por los declives del amiguismo bondadista. Dice así: “En Mario Arregui los elementos típicos del campo se dan para encarnar y hacer verdad un acaecer humano que sería igualmente significativo y valioso si los hechos sucedieran en otro lugar, con gente que vistiera de otro modo y actuara según otros usos y costumbres. No es el folklore lo que importa en Mario; los seres de su literatura- así sean campesinos, gauchos o metagauchos- son criaturas cuya peripecia se sigue en cada cuento para mirar un cierto garabato o estremecimiento que está detrás de lo sucedido y que el autor, con su arte, hace llegar como experiencia viva.

Las dos partes finales del libro (el Arregui “interior” y el Arregui “autobiográfico”) cierran el libro con altura, pero con poco peso. Algo puede tener que ver que se incluya en la selección apenas dos relatos/cuentos en cada una. Igual, “Abejas” es una hermosa despedida de la vida y de la literatura a cargo de Arregui, que emociona y es de agradecer su inclusión:

Arrojo a las llamas el cigarrillo y escucho- ¿qué?-. Pienso que debería oír un zumbido de gran colmena. Bebo otro vaso de vino. Casi oigo a mis muertos, como si ellos hubieran aumentado, en mi honor, sus decibeles. Echo una nueva astilla al fuego y enciendo (con la mala conciencia del caso) un nuevo cigarrillo. Fumo con la misma lentitud, y lo mucho de muerto que hay en un hombre de mi edad agradece fraternalmente la cortesía de las abejas.

Nota aparte le corresponde al exhaustivo prólogo que Brando le dedica a la obra. Es merecedor de una reseña por sí mismo, ya que evidentemente pocos autores pueden jactarse de mayor estudio de la obra de Arregui como quien aquí se encarga de la selección de textos. Sus palabras son siempre reveladoras y aportan, no cabe duda, pero en ocasiones- al menos yo y dicho esto con el mayor de los respetos- se siente que se va un poco por las ramas y abunda demasiado en referencias externas al texto que aquí se presenta (de Roland Barthes, de Albert Camus, incluso Brando se cita un par de veces a sí mismo y referencia otros ensayos propios sobre la obra de Arregui) amén de sistemáticamente despanzurrar por completo el contenido de los cuentos- los que devela en su totalidad: vueltas de tuercas dramáticas incluidas- tanto algunos de los que constan en este volumen como algunos que no. “Aspiro a que estos breves comentarios resulten de ayuda para desplegar estrategias que estos cuentos explotan con máxima intensidad y que no están ausentes en los otros relatos de la selección” escribe Brando en un momento de su prólogo. Es una gran verdad que el prólogo de Brando abunda en herramientas más que útiles para reflexionar sobre la obra de Arregui. Cabe preguntarse si la obra de Arregui, accesible, de prosa llana, directa, necesita de ellas para alcanzar la “máxima intensidad” a la que se refiere Brando. Por lo pronto, dada las características del prólogo, califica directamente para aquellos textos (como suele ocurrir con la mayoría de los prólogos, por otra parte) que conviene fervorosamente leer luego de terminado el libro en sí.

Calificación: Excelente.
Editorial: Biblioteca Artigas, Colección de Clásicos Uruguayos. Volumen 182, Montevideo, 2009.
ISBN: 978-9974-36-154-6

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9 comentarios en “Un cuento con un pozo y otros escritos, Mario Arregui

  1. No leí esta colección de cuentos de Arregui, pero seguramente estén reunidos allí buena parte de los que he leído. Así que no me parece aventurado compartir esas ***** o por lo menos decir que no baja de las ****. Un narrador imprescindible e injustamente olvidado, Mario Arregui.
    Abrazo y gracias por traerlo a Club de Catadores.

  2. Interesante reseña.

    me gustaría conseguir el libro, acabo de leer mi ejemplar de “La sed y el agua” edición de 1964.
    Me encantan sus cuentos y me diste ganas de seguir leyéndolo.

    Vamo arriba!
    Un abrazo

    Camilo Baráibar

  3. Camilo, si no me equivoco, este ejemplar está a la venta en la Biblioteca Nacional a la irrisoría suma de 200 pesos.

    Abrazo grande!

  4. Totalmente de acuerdo, Fito, con llo planteado en la reseña y con el comentario de DGB. Arregui la rompía. En el 2009 realicé un proyecto de investigación con un grupo del liceo de Cortinas, a 20 km de la casa de Arregui en Flores, y colaboró hasta el viejo Maggi con unas anécdotas notables del tipo. Porque además de gran escritor era un gran tipo!!!

  5. Mario Arregui… cómo puede ser uno de los olvidados de la literatura nacional? Un crack de cracks, en mi humilde opinión de lector amateur. Lo leí cuando tenía 15 o 16 años. Imborrable la marca de su prosa. Saludos!

  6. Arregui uno de mis cuentistas favoritos es un genio aparte como hace caver cada palabra en su lugar para luego formar parte de una oración y que queda con buena calidad de esos cuentistas ya no quedan muchos
    PD:Arregui gracias por todo

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