Por favor, no regreses de la Luna, Dean Bakopoulos

Las primeras novelas de un autor suelen abrevar en su historia personal. Aquí, la memoria es la madre de la imaginación. Muchos nunca logran despegarse demasiado de sus vivencias, de modo que su obra puede leerse, al final, como una autobiografía novelada, corregida, falseada, en la que late un deseo y un intento de cumplir ese deseo: decir la verdad a través de la mentira, pues una verdad íntima puede carecer de sentido si es contada con pretensiones fidedignas, si no se la convierte en literatura (que es lo mismo que decir que las vidas no “tienen” sentido, sino que son precisamente la búsqueda de un sentido).

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Bakopoulos

Algo de esto último hay en Por favor, no regreses de la Luna, de Dean Bakopoulos (Dearborn, Michigan, 1975), donde se cuenta la historia de Michael Smolij, hijo de una familia trabajadora de los suburbios de Detroit, en Maple Rock. Aquí hay poco glamour. Lo que sí hay es mucha clase media, hombres que volvieron de Vietnam, muchos inmigrantes o hijos de inmigrantes (griegos, polacos, ucranianos), que tratan de sacar a sus familias adelante. Entonces pasa algo que adquiere connotaciones de realismo mágico a fuerza de no ser explicado, o, en realidad, de ser explicado a través de la mirada mágica de los niños: como si fueran víctimas de una misteriosa epidemia, los hombres de Maple Rock comienzan a abandonar sus hogares. Al modo de “querida, voy a comprar cigarros” para no volver nunca (pero también a la inquietante manera del Wakefield de Nathaniel Hawthorne), los padres de familia abandonan sus casas, sus esposas, sus hijos, sus trabajos (de tenerlos todavía), y simplemente se marchan. Peligrosamente cerca de la alegoría sociológica, esta es la pauta que atraviesa toda la novela, protagonizada por hijos abandonados que intentan convertirse en hombres en un mundo que no les muestra modelos a seguir. Pero bien, la parte del realismo mágico está dada porque en las prosaicas vidas de estos jóvenes, la desaparición de sus padres mantiene un halo de fantasía: contra toda explicación racional, en el fondo de sus corazones, veinte años después siguen creyendo que sus padres están en la Luna.

El padre de Peter Stolowitz era el dueño de Sol’s Shoes en Six Mile Road. Un día dejó el negocio sin atender, la puerta abierta de par en par y apuntalada con una piedra. Tomó todo el dinero de la caja registradora y de la caja de seguridad y dejó una nota: “Voy a la Luna. Me llevé el dinero”.

Entre el resentimiento y la fragilidad, la vida de estos muchachos corre por una vía estrecha signada por una pregunta difícil de responder: ¿cómo ser diferentes de unos hombres a los que ni siquiera recuerdan? ¿Cómo evitar repetir una historia a la que parecen predestinados?

El trasfondo político de la historia va de la esperanza y posterior decepción que significó Clinton, a la llegada al poder del unánimemente detestado George W. (tan unánimemente que es difícil explicar cómo fue que ganó, ¡dos veces!), y pasa por la caída de las torres, la paranoia antiterrorista y el alistamiento repentino de miles de jóvenes deseosos de “hacer algo por el país”. El de Bakopoulos es un discurso demócrata bien conocido para un lector de estas latitudes que haya estado expuesto a algún documental de Michael Moore. De todos modos, esta realidad subyacente no convierte la novela en un alegato político partidario, y se la muestra con la intención de establecer un paralelismo más delicado entre el momento de Estados Unidos como país (y, quizá, como cultura) y la vida de Michael Smolij y sus amigos, su accidentado ingreso en la adultez. Como toda novela de iniciación, esta está llena de ritos de paso, y como en todo rito de paso, la inocencia tiene que morir para que la experiencia, y, con suerte, la sabiduría, vengan a ocupar su lugar. ¿Podría resumirse todo esto en la simple frase: “crecer duele”? Probablemente.

La novela se vuelve un poco tonta cuando el humor que la mayor parte del tiempo es irónico o melancólico cae en la tentación de acercarse más al registro de una serie televisiva o cuando las situaciones “románticas” adquieren ese tinte digno de una comedia juvenil de sábado a la tarde. No hay por qué pretender que la literatura haga como si el cine o la televisión no existieran, eso está claro, pero la literatura que me resulta más interesante, elige con cuidado el origen de sus influencias audiovisuales. ¿Pueden elegirse las influencias? Vaya asunto.

…empezaron a creer que no teníamos remedio. Y si ustedes hubieran estado con nosotros, quizá hubieran dicho lo mismo. Quizá también hubieran dicho que éramos jóvenes perdidos, sin propósitos, coraje u objetivos. Pero, por Dios, nuestras esperanzas eran elevadas. Nuestras fantasías, magníficas y conmovedoras; y apuesto a que si ustedes hubieran podido meterse en nuestras cabezas por un minuto, para ver los futuros imposibles que imaginábamos, entonces, se les hubiera roto el corazón. Hubieran llorado.

Bonus (1): el título de la novela proviene de un tema de Charles Mingus que pueden escuchar haciendo click aquí. Y a modo de bonus (2), sólo porque viene al caso, la gran Nina Simone cantando “Everyone’s goes to the Moon”.

Calificación: buena.
Título original: Please don’t come back from the Moon (2005)
Traductora: María Martoccia.
Emecé (colección Lingua Franca), Buenos Aires, 2008.
ISBN: 978-950-04-3068-5

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2 comentarios en “Por favor, no regreses de la Luna, Dean Bakopoulos

  1. Estimado, estimable Leo: Aprecio enormemente sus críticas literarias, que sigo en esta página. Recuerdo que con ocasión de “El museo de la inocencia”, usted dió una respuesta muy acertada a la cuestión sobre la causa del suicidio de la protagonista. Hay un suicidio literario que siempre me ha intrigado; se trata de la trilogía de Falulkner -“el villorrio, el pueblo la ciudad” y no recuerdo exactamente en cuál de las 3 novelas ocurría; en todo caso, era la mistriosa amante de uno de los protagonistas, a la que Faulkner definía como “una mujer que provocaba entre cualquier varón entre 4 y 80 años la reacción de verla despojada de sus ropas”, o algo así (perdone la imprecisión!). ¿Sabe de qué episodio le hablo? Y si es así, ¿sería tan amable de darme su opinión? Es que llevo unos 30 años más o menos con esa intriga….Muchas gracias por su atención

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